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Israel: 10 historias de agua y energía

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El último de nuestros cinco días por Israel cayó un chaparrón. No fue gran cosa pero aquí cuatro gotas de agua son siempre bien recibidas. “Llueve, Oshik, buenas noticias”. Y Oshik sonríe: “Desde luego que sí”. Nos acaba de contar cómo surgió la idea de su empresa, HomeBiogas, dedicada a la fabricación de un sencillo biodigestor que está transformando la vida de quienes menos tienen. Entre ellos, familias de palestinos nómadas. Oshik Efrati es judío. Y sus palabras y su mirada invitan a pensar que es de esas personas capaces de ponerse en la piel del otro. Gente imprescindible en esta tierra que necesita hablar y mirar.
Israel: 10 historias de agua y energía
Al fondo puede verse la torre de la termosolar de Ashalim

Esta es una historia llena de pequeñas historias. En una tierra que ha marcado el devenir de la civilización occidental desde hace 2.000 años. Lo sigue haciendo. Porque este hervidero de culturas es un polvorín en riesgo permanente, una región que no necesita grandes excusas para entrar en combustión. Invitados por la Federación de Comunidades Judías de España, varios periodistas hemos podido recorrer Israel de norte a sur –es un país pequeño, poco más de 22.000 kilómetros cuadrados, como la Comunidad Valenciana– para descubrir cómo está afrontando los retos ambientales.

• HomeBiogas, energía renovable para cocinar
Oshik Efrati es CEO y fundador de HomeBiogas. Es de un pueblo muy cercano a Beit Yanai, donde se encuentra la empresa, en la costa, al norte de Tel Aviv. Han desarrollado un biodigestor muy simple que permite producir biogás para cocinar, a partir de la fermentación de la basura orgánica. No consume nada de electricidad, es un proceso natural que logran las bacterias anaeróbicas. Pesa 22 kilos. Y puedes instalarlo tú solo, porque trabaja a muy poca presión, lo que evita cualquier riesgo. De hecho, para crear presión y que el biogás salga del digestor simplemente ponen encima bolsas de arena. Además de biogás producen un valioso fertilizante orgánico. “Para que funcione de forma constante basta con añadir basura cada día”, explica Oshik, que recuerda que “en el mundo hay 3.000 millones de personas que cocinan con leña, y eso es una muerte silenciosa por el humo que respiran día a día”.

El biodigestor está fabricado para durar unos 15 años. Su precio es de 650 dólares y en 2018 han vendido 4.000 biodigestores, sobre todo en países en desarrollo y con climas cálidos, porque en climas fríos las bacterias no viven bien. Además, donde hay uno de estos digestores el entorno está limpio porque la gente recoge toda la basura orgánica posible para alimentar el sistema. HomeBiogas nació en 2012. Entonces eran tres personas, tres viejos amigos. Ahora tiene 25 empleados y en 2018 han multiplicado su facturación por cinco. “Cada día nos llegan fotos y vídeos de todo el mundo con nuevas instalaciones del biodigestor. Es una satisfacción enorme”. Algunas de esas fotos son de familias de palestinos nómadas en las que los niños sufren de asma por cocinar con leña. Y que ahora cuentan con un  HomeBiogas gracias a la colaboración de la empresa de Oshik con la Fundación Simon Peres.

HomeBiogasLos tres fundadores de HomeBiogás. En el centro, Oshik Efrati


• Proyecto ecológico de la Knesset, el Parlamento israelí
El próximo 9 de abril los israelíes están llamados a las urnas para configurar un nuevo Parlamento. Pero más allá de quién ocupe sus 120 escaños, la Knesset se ha propuesto convertirse en un parlamento ambientalmente sostenible, que sirva de modelo para el país. Y para ello quiere transformar la visión y el comportamiento de los propios parlamentarios y los empleados de la sede de la soberanía popular con un proyecto denominado ‘Green Knesset’. Recoge medidas relacionadas con eficiencia energética, renovables, agua, reciclado y cultura de la sostenibilidad. Entre 2014 y 2016, en la primera fase del proyecto, se invirtieron 7 millones de shekels (1,6 millones de euros aproximadamente), una inversión que está a punto de ser amortizada. Entre otras cosas porque la Knesset ha reducido en este tiempo su consumo de energía más de un 30%. Y a pesar de que los controles de seguridad para acceder al complejo exigen una cierta paciencia, el Parlamento ha decidido organizar tours de visitantes para que todo el país pueda conocer lo que hacen sus políticos para ahorrar recursos y generar la menor huella ambiental posible.

La Knesset cuenta con una instalación fotovoltaica de 450 kWp. Para ahorrar energía se ha instalado un software que apaga todos los equipos informáticos al acabar la jornada laboral. Todas la estancias cuentan con detectores de presencia para activar o desactivar la iluminación, todas las lámparas son led. El cambio de sistemas de climatización por otros más eficientes ha reducido el consumo eléctrico y de gas hasta en un 40%. El nuevo sistema de riego de los jardines ha conseguido ahorrar 12.000 m3 de agua al año, lo que supone un 60% menos. Las botellas han dejado paso a las jarras de agua del grifo en las comisiones parlamentarias. Todos los materiales usados dentro del edificio se separan y reciclan. Y los cargadores para vehículos eléctricos han dejado de ser una anécdota. Todo el dinero ahorrado por el proyecto se reinvertirá en nuevas iniciativas ambientales. Y hay una pantalla dentro del edificio donde se puede ver en tiempo real la energía y el dinero ahorrados con el proyecto, y las emisiones de CO2 evitadas.

Knesset. Cubierta fotovoltaica

Cubierta fotovoltaica de la Knesset


• Jardines comunitarios y gacelas en el centro de Jerusalén
Imagina un espacio, mitad jardín, mitad huerto, un remanso verde en medio de Jerusalén, un punto de encuentro. Con esta idea nacieron los jardines comunitarios en la década de los 60 del siglo pasado. Y con ese propósito se mantienen hoy, de forma casi milagrosa, en medio de la presión urbanística e inmobiliaria que persigue cada palmo de terreno. Son los propios ciudadanos de cada zona –nosotros visitamos el que se encuentra en la llamada Colonia Alemana– los que han decidido conservarlos y darles un rol activo que trata de implicar a la gente en la promoción de actividades ecológicas, planificación urbana y educación ambiental. Y para su mantenimiento cuentan con el trabajo de voluntarios y con campañas periódicas de crowdfunding.

Sí que es municipal, en cambio, otro lugar digno de verse en el corazón de Jerusalén. Es el llamado Valle de las Gacelas, donde 30 gacelas salvajes (los machos llegan a pesar 25 kg) circulan libremente por un área que cuenta con cinco estanques, dos arroyos y múltiples observatorios de aves donde se pueden ver, por ejemplo, distintas especies de martín pescador.

• Solaris Synergy, fotovoltaica flotante
Nos recibe Yossi Fisher, coCEO y fundador de Solaris Synergy, una empresa con sede en Jerusalén que ha desarrollado un innovador sistema de paneles fotovoltaicos flotantes. Solaris nació en 2008 y desde entonces no ha hecho más que crecer. “Es un mercado que comenzó a despuntar en 2013, pero crecerá muy rápido”, apunta Fisher. La compañía ya factura 1,2 millones de dólares y ha desarrollado tres plantas, dos en Israel y una en Singapur. La primera de Israel se puso en marcha en 2014, con un proyecto de 50 kWp en un embalse del centro Eshkol. En octubre de 2018 se concluyó la instalación del kibutz Hasolelim, de 690 kWp. La planta de Singapur se construyó en 2016 y tiene una potencia de 100 kW. Este año 2019 tienen previsto iniciar otra instalación en Corea del Sur de 720 kWp. Y la suma de proyectos en desarrollo llega a los 5 MW en todo el mundo.

Fisher desgrana algunas ventajas de los módulos fotovoltaicos flotantes: no necesitan ocupar suelo y se pueden instalar en embalses o balsas de regadío, donde además de disminuir la evaporación del agua puede mejorar su calidad, al reducir la generación de algas y la salinidad. Pero Fisher destaca, sobre todo, las características que “dan ventaja al sistema de Solaris”, diseñado con el mismo concepto de las raquetas de tenis. Los paneles se apoyan sobre cuatro flotadores y están anclados a una rejilla de cables transversales que se sujetan con un anillo exterior, lo que permite mantenerlos siempre en tensión. El diseño los hace inmunes a cualquier racha de viento, uno de los principales problemas para este tipo de instalaciones. Además, los paneles flotantes se benefician del aire que circula entre el agua y el propio panel, lo que asegura siempre una buena refrigeración. Hasta el punto de que, explica Fisher, “se puede lograr un aumento de entre un 10% y un 20% de producción comparado con una instalación similar sobre tejados o suelos”.

Los paneles flotantes son bien conocidos en España, donde ya hay varias instalaciones como la de Lorca (Murcia), con 392 kW instalados en una balsa de riego. Sólo en Andalucía se contabilizan unas 10.000 balsas que podrían ser susceptibles de albergar estos paneles flotantes.

Solaris. Paneles flotantes
Paneles flotantes de Solaris en el kibutz Hasolelim


• El kibutz Sde Boker y la Universidad Ben Gurion
Ubicado en el desierto del Negev, al sur de Israel, el kibutz Sde Boker es conocido por haber sido el hogar de David Ben Gurion, uno de los fundadores del Estado de Israel, y su primer Primer Ministro, entre 1948-54. Su casa hoy funciona como museo. Los kibutz son comunas agrícolas, de ideología socialista, que siguen atrayendo a judíos de todo el mundo.

Muy cerca de allí está el Albert Katz International School for Desert Studies, de la Universidad Ben Gurion, donde trabaja la arquitecta Nora Hubermann. Su especialidad es el diseño de edificios pasivos, sostenibles, con la máxima eficiencia energética, de consumo casi nulo. El 60% de Israel es desierto. El Negev ocupa una superficie de unos 13.000 km2 donde se alcanzan temperaturas cercanas a los 50ºC en verano. “Y a pesar de todo, en el Albert Katz no hay aire acondicionado en casi ninguna estancia. En cualquier caso, la mayor dificultad para mantener una temperatura confortable en el interior de los edificios sin consumir energía se da en las noches de invierno, que son muy frías”, explica Hubermann. Allí se experimenta con materiales como piedra, barro (adobe), y diferentes tipos de aislantes, naturales y sintéticos. “Nosotros siempre decimos que en un edificio pasivo, el que vive dentro tiene que ser activo”.

• Ashalim, la torre termosolar más alta del mundo
En los primeros meses de 2019 se concluirá el complejo solar de Ashalim, un proyecto que combina termosolar (una central de torre y otra cilindro parabólica) y fotovoltaica, y para el que se han asociado BrightSource Energy, General Electric y NOY Infrastructure & Energy Investment Fund. En su construcción participan también empresas españolas como la ingeniería TSK. La instalación es visible desde muchos puntos del Negev porque, con 250 metros de altura, la de Ashalim es la torre termosolar más alta del mundo. La central, de 121 MW, cuenta con 55.000 helióstatos que siguen constantemente al sol. Cuando entre en funcionamiento ayudará a Israel a lograr su objetivo de alcanzar el 10% de electricidad con renovables para 2020. La energía del proyecto se venderá a la empresa pública Israel Electric Corporation (IEC), la principal eléctrica del país, bajo un acuerdo de compra de energía a largo plazo. La electricidad generada en Ashalim será suficiente para suministrar energía limpia a 120.000 hogares y evitar la emisión de 110.000 toneladas de CO2 cada año a lo largo de su vida útil.

termosolar Ashalim
Al fondo, termosolar de Ashalim, en el desierto del Negev

• Mekorot: aquí no se desperdicia ni una gota de agua
Nelly Icekson-Tal es hoy subdirectora de Mekorot, la compañía nacional de agua de Israel –Mekorot significa fuentes–. Y antes fue directora de la planta depuradora de aguas residuales de Shafdan, cercana a Tel Aviv, donde se tratan y reciclan las aguas de 2,5 millones de habitantes (350.000 metros cúbicos al día), con una calidad tan alta que el agua resultante es casi potable, aunque se utiliza solo para el riego. Los lodos de la depuradora van luego a unos digestores anaeróbicos donde se genera biogás (100.000 m3 al día). “Las industrias –explica Icekson-Tal– tienen que cumplir con unos estándares de calidad antes de verter sus aguas residuales al sistema, para no dañar las bacterias. Y los cumplen. En 20 años sólo hemos tenido que parar la planta dos veces”. Con el biogás se produce el 50% de la electricidad que consume la planta. Y los lodos se utilizan luego para producir abono.

Hasta aquí es más o menos un proceso convencional en este tipo de instalaciones. Lo que es único en esta planta es el tratamiento adicional del agua. Porque infiltran el efluente en el campo, en Rishon Letzion, sobre la arena hasta que el agua llega al acuífero, donde permanece entre tres meses y un año. A 90 metros de profundidad el acuífero tiene una capa de impermeabilización que evita que ese agua se pierda. “Después de ese tiempo recuperamos de nuevo el agua del acuífero a través de 150 pozos. Ese agua, filtrada por la arena y sometida a un intercambio iónico y un tratamiento biológico, es bombeada luego hacia el desierto del Negev, a unos 90 km al sur, donde se utiliza para usos agrícolas. Empezamos con este tratamiento en 1978. Y solo en algunas plantas de California, Sudáfrica y Holanda hacen algo parecido a lo que hacemos aquí”, apunta Nelly Icekson-Tal.

• Valle Beit Netofa
En 1945 vivían en Israel menos de un millón de personas. Hoy son 9 millones. Y necesitan agua. El centro Eshkol, en el Valle Beit Netofa, junto al Mar de Galilea, está al norte de Israel. Desde aquí el agua del río Jordán es bombeada a través de un sistema de cañerías que recorre el país. Además, es tratada para mejorar su calidad en la planta central de filtración, también ubicada aquí. Nos guía Arnon Eshel, director de comunicación de Mekorot. “Israel existe porque ha sido capaz de solucionar problemas como el del agua con tecnología”, dice mientras recuerda que una de las máximas de los primeros líderes del país fue la de “hacer florecer el desierto”. El 80% del agua potable –200 litros por persona y día– procede de la desalinización, para lo que cuentan con cinco plantas desaladoras. Un 5% tiene su origen en el Mar de Galilea (así se le llama al lago Tiberíades, donde Jesús de Nazaret caminó sobre las aguas). Y el 15% restante procede de aguas subterráneas.

Probablemente en dos años aumente el porcentaje de desalinización porque Israel y Jordania van a construir una nueva desaladora en Áqaba, en la frontera, junto al Mar Rojo. Mekorot tiene que inyectar constantemente agua dulce en los acuíferos para que no se salinicen. Y también en el propio río Jordán, porque la que llega desde el Mar de Galilea no es suficiente para mantener el nivel del Mar Muerto.

• Lago Hula, un paraíso para las grullas
Al norte del país, muy cerca de la frontera con Líbano y Siria, está el Lago Hula. A finales de noviembre había aquí más de 50.000 grullas. No en vano estamos en uno de los espacios de observación de aves más importantes del mundo. Una reserva ecológica de zonas húmedas internacionalmente reconocida, que se encuentra en una de las principales áreas de paso de las rutas migratorias de las aves. Lo mismo que sucede con el Estrecho de Gibraltar a este otro lado del Mar Mediterráneo. Dos veces al año, en las épocas de paso, en torno al Lago Hula buscan refugio y comida más de 500 millones de aves de 390 especies diferentes.

Grullas en el Lago Hula
Grullas levantando el vuelo en el Lago Hula


• Herzliya, adiós a los plásticos
Herzliya es un municipio de unos 100.000 habitantes, situado al norte de Tel Aviv, en la costa. Una ciudad moderna enclavada en lo que se conoce como el Silicon Valley de Israel por la concentración de empresas tecnológicas. Aquí está, por ejemplo, la sede central del fabricante de inversores fotovoltaicos SolarEdge. Herzliya quiere convertirse en un ejemplo de smart city. De ahí su implicación en el proyecto MatchUp, donde también participan Valencia, Dresde (Alemania) o Antalya (Turquía). Entre sus objetivos: mejorar la calidad de vida de las ciudades y apostar fuerte por la movilidad sostenible, la eficiencia energética y el uso de renovables.

Pero en Herzliya dan especial importancia a la batalla que han emprendido contra los plásticos, sobre todo el plástico de un solo uso. Hay un dato que resulta relevante, y que explica Maya Jacobs, directora de la organización ambientalista Zalul, que trabaja en esta campaña con las autoridades municipales. “Israel, que tiene una población de 9 millones de habitantes, consume tanto plástico como un país de 80 millones. Somos el segundo país del mundo, tras Estados Unidos, en consumir plásticos de un solo uso”. Por eso, una de las principales acciones desde que comenzó la campaña en julio de 2017 es la educación ambiental que ayude a los israelíes a concienciarse del problema. “Además de los ciudadanos, las empresas y el comercio están reaccionando muy bien a las propuestas para reducir el uso del plástico”.

• Amos Oz, y la capacidad de imaginar al prójimo
Una última historia de Israel, que no tiene que ver con el agua y la energía. Pero sí con la gente imprescindible de la que hablábamos al principio, gente capaz de hablar y mirar. El 28 de diciembre murió el escritor israelí Amos Oz, fundador del movimiento ‘Paz Ahora’. Cuando en 2007 recogió el premio Príncipe de Asturias dijo esto: “Creo que la capacidad de imaginar al prójimo es un modo de inmunizarse contra el fanatismo”.

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