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Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2023: retos energéticos que faltan por concretar

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A mediados de este año, en respuesta al cambio climático, el Gobierno español presentó a consulta pública una versión revisada y mucho más ambiciosa del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) para el horizonte 2030. El propósito de este plan es dar visibilidad a la estrategia coordinada de país y establecer el marco que permita planificar acciones concretas para acelerar la transición hacia un futuro más sostenible.
 Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2023: retos energéticos que faltan por concretar

En definitiva, el PNIEC debe marcar las bases de actuación y el camino más eficiente para conseguir los objetivos tangibles de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, de adopción de energías renovables, de eficiencia energética y de sostenibilidad de nuestro modelo energético a medio y largo plazo.

Nuevos objetivos y nuevas fechas
El plan se ha sometido a audiencia e información pública para atender alegaciones hasta el pasado 4 de septiembre. Finalizada la redacción del documento definitivo, con los cambios que sean aplicables, será remitido a Bruselas en junio de 2024.

Cuando la Comisión Europea evaluó el Plan en 2021 consideró que era una "sólida base" para la recuperación económica tras el impacto de la Covid-19. Sin embargo, nuestra evolución energética en los últimos años y la actualización del marco normativo europeo en materia de energía y clima, junto con nuevos factores geoestratégicos a tener muy en cuenta, como la guerra en Ucrania, han llevado a actualizar la primera versión PNIEC, elaborado en 2020. Con este nuevo escenario, el PNIEC incrementa sus ambiciones.

Antes de entrar en los retos pendientes, repasemos primero cuáles son algunos de los cambios y objetivos más importantes que incluye esta revisión del Plan:

Eficiencia energética: optimización y uso responsable
La eficiencia siempre es lo primero. El nuevo plan también subraya la necesidad de aumentar la eficiencia energética, que debe mejorar del 41,7% al 44% en comparación con el escenario de referencia de 2007. Este enfoque en la eficiencia es crucial para optimizar el uso de la energía y reducir su desperdicio, contribuyendo así a un sistema más sostenible y resiliente. La reciente implantación operativa en España de los Certificados de Ahorro Energéticos (CAE), para medir y monetizar el ahorro de energía de las empresas, debe ayudar a cumplir estos compromisos de eficiencia energética (globales y de las empresas). Al mismo tiempo los CAE se espera que dinamicen las inversiones en eficiencia energética y su rentabilidad, gracias al mecanismo de contraprestación económica que llevan asociados, convirtiendo el ahorro en un “activo” que puede comprarse y venderse.

Reducción de emisiones: compromiso aumentado al 32%
Uno de los cambios más significativos en el PNIEC 2023 es el aumento en la ambición para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en comparación con los niveles de 1990. El nuevo compromiso del 32%, en contraste con el anterior 23%, refleja una respuesta más contundente a las metas europeas para 2030 y al Acuerdo de París. Este cambio también es una clara señal del compromiso de España hacia una transición verde y sostenible.

Energías Renovables: hacia un mix energético más sostenible
El PNIEC 2023 marca como objetivo para el 2030, un aumento sustancial en la proporción de energías renovables en el consumo final de energía pasando del 42% al 48%, y elevando el objetivo de participación de las energías renovables en la generación eléctrica, del 74% al 81%. Esta transición hacia un mix energético más sostenible, es esencial para reducir la dependencia de los combustibles fósiles y promover una generación de energía más limpia y sostenible.

Se espera que la energía eólica represente en 2030 hasta 62 GW de potencia instalada, incluyendo 3 GW de eólica offshore, mientras que la energía solar fotovoltaica alcance los 76 GW, incluyendo 19 GW de autoconsumo; esto es un 25% del total de capacidad de generación solar. Los 76 GW totales de solar fotovoltaica, representan la mayor variación de todo el plan en su conjunto: un +95% respecto a la versión de 2021, donde solo representaban 39,2GW.

Como referencia de un año excepcional, España fue en 2022 el primer mercado de Europa con 8,6 GWp instalados de fotovoltaica, de los cuales 5.6 GWp (4.7 GW) son de plantas de generación “en suelo” y 3 GWp (2.5 GW) de autoconsumo.

Reducción de la dependencia energética exterior
El PNIEC 2023-2030 también se propone reducir la dependencia energética exterior del 73% en 2019 al 51% en 2030, lo que implica un aumento de la ambición de 10 puntos respecto al plan vigente.

Apuesta imprescindible por el autoconsumo y el almacenamiento energético
El plan prevé que el autoconsumo alcance los 19 GW en 2030, brindando a industrias, empresas y hogares un mayor control sobre su consumo energético, aportando sostenibilidad, competitividad e independencia.

Sumando los ya citados 3 GWp (2.5 GW) de autoconsumo instalados durante 2022 en España, la potencia total instalada de autoconsumo fotovoltaico hasta finales de 2022 ascendía ya hasta los 5.249 MW, con el siguiente desglose: 47% instalada en el sector industrial, 32% en el sector residencial, 20% en el sector comercial y 1% potencia instalada para autoconsumo aislado.

Como referencia, esta meta que marca el borrador del nuevo PNIEC de 19 GW de autoconsumo supone instalar de forma lineal 1,72 GW al año durante los próximos 8 años, y supone crecer desde una potencia instalada (hoy) del 4% aproximadamente sobre el total del parque instalado de generación, hasta un 9% en 2030. El debate sobre la mesa es, por qué no primamos aún más el autoconsumo sobre otras plantas renovables de generación distribuida sabiendo que la energía más barata es la que “no se transporta”, ni se inyecta a red, y por lo tanto no crea congestiones.

Por su parte, el almacenamiento energético también jugará un papel crucial, elevándose de 20 GW a 22 GW en el horizonte 2030. Una capacidad de almacenamiento cuya principal misión será facilitar la integración de fuentes renovables intermitentes y contribuir a la estabilidad del suministro eléctrico.

Los últimos informes de consultoras especializadas hablan de reducciones en los precios de las baterías de ion de litio de hasta un 40% en los dos próximos años, por lo que las oportunidades que se abren en el campo del almacenamiento pueden ser inmensas. Esta tendencia ya se plasma en números: España incrementó en 2022 el almacenamiento “detrás del contador” en instalaciones de autoconsumo en 1.382 MWh, de los cuales, 690 MWh son de autoconsumo aislado y 692 MWh corresponden a instalaciones conectadas a la red.

Retos y oportunidades: qué es lo que realmente necesitamos
Podríamos resumirlo brevemente en “poner al consumidor en el centro de la transición energética”. Esta frase, demasiadas veces repetida sin repercusión aún real, debe traducirse urgentemente en hechos y nueva regulación:

• Poner al consumidor en el centro supone fomentar de verdad su independencia energética cuando sea viable y técnicamente posible. Aunque el autoconsumo crece como objetivo numérico en este plan, se sigue manteniendo como algo muy residual en el diseño global sistema versus a las grandes centrales de generación renovables: Mientras que el autoconsumo pasa del 4% al 9% de mix en 2030, las centrales solares fotovoltaicas crecen del 17% al 35,6% del mix. ¿No podrían ganar más relevancia los autoconsumos hibridados con almacenamiento, y aportar así aún mucha más flexibilidad del lado de la demanda al sistema?

Poner al consumidor en el centro del sistema es también diseñar una política de incentivos públicos que invite a los consumidores a invertir con perspectivas más sostenibles y de largo plazo.

El diseño de políticas públicas actual invita a los consumidores a invertir en dispositivos pasivos o no-interoperables con otros dispositivos, que a priori pueden resultar más baratos, pero que limitan los beneficios a largo plazo y que, además, aunque pueden ahorrar, no optimizan. Y que además no ayudan a aportar flexibilidad a la red eléctrica.

Optimizar un edificio energéticamente (convertirlo en un edificio flexible) se consigue integrando por ejemplo dentro de cada edificio una instalación solar fotovoltaica en sus cubiertas; pero “integrada” junto con el vehículo eléctrico, las baterías y el HVAC.

Es decir, no basta con instalar un autoconsumo, necesitamos actuar de forma “integrada”, esto es con conectividad inter-operable entre sus dispositivos (PV, EV, Batería, HVAC). Invertir "paso a paso", como sucede ahora, quizás no debería estar subvencionado al mismo nivel que hacerlo de forma integrada, porque no flexibiliza, y necesitamos esa flexibilidad.

Necesitamos acelerar la electrificación y en general aumentar la demanda eléctrica agregada del país. Si no hacemos crecer la demanda, este plan a 2030 no tendrá sentido, porque no habrá capacidad para consumir toda la energía renovable que está previsto conectar en los próximos años, lo que hará que las nuevas instalaciones vayan a estar sin producir demasiado tiempo. Esto es algo primero, económicamente inasumible para los generadores y; segundo, un derroche como país si no aprovechamos la competitividad que eso ofrece para reindustrializar el país.

Lo más relevante es que los periodos de precio cero que estamos viendo de forma recurrente en el último año no son ya algo coyuntural, sino que van camino de ser algo estructural si no hacemos cambios, tanto por la caída de la demanda como, sobre todo, por el aumento de la generación fotovoltaica y eólica.

Necesitamos crear tanto un mercado de regulación primaria/respuesta rápida ante variaciones de frecuencia, como acelerar la participación en los servicios de ajuste y restricciones técnicas de todos los consumidores, participando de forma individual o agregada, y de forma no discriminatoria. Necesitamos un mercado de flexibilidad que abra a todos los consumidores todos los mercados técnicamente posibles. Sin estos nuevos ingresos, a los prosumidores no les será atractivo invertir en despliegues de digitalización y flexibilidad que son imprescindibles para un diseño óptimo del nuevo sistema energético.

Necesitamos acelerar el desarrollo de la figura del agregador independiente que, aunque ya se introdujo en la regulación del sector a través del Real Decreto-ley 23/2020, de 23 de junio, a día de hoy sigue sin ser una figura operativa en el sistema porque la regulación necesaria para ello lleva años de retraso.

Necesitamos revisar las tarifas eléctricas y otras señales de precio a los consumidores finales para fomentar la mayor integración de renovables posible evitando al máximo los curtailments. Debemos conseguir que la demanda se ajuste a las horas de mayor producción renovable, dando las señales adecuadas de precio o revisando las tarifas eléctricas para que incentiven mucho mejor a los consumidores a desplazar su consumo desde las horas pico hacia esas horas centrales del día, y de esta forma poder suavizar la curva de pato.

Aunque este tipo de medidas lleva años siendo reclamada y debatida, y aunque parece fácilmente implementable, las tarifas dinámicas indexadas al mercado diario -que parecen las más adecuadas para fomentar estos comportamientos de consumo más responsables-, siguen sin ser muy populares en España. Las últimas encuestas oficiales publicadas indican que sólo un 9,5% de los hogares españoles tiene tarifa contratada con un precio distinto cada hora, y más del 24% ni siquiera conoce qué tipo de tarifa tiene. En definitiva las tarifas eléctricas "planas" desincentivan la inversión en automatización y no fomentan comportamientos de consumo inteligentes o más responsables, por lo que debemos invertir en pedagogía y nuevas tarifas para revertir esta situación.

Necesitamos incentivar inversiones en hibridaciones de autoconsumo “integradas”, con almacenamiento detrás del contador y/o gestión de cargas, es decir: microrredes digitalizadas. Por eso es necesario que los objetivos de almacenamiento citados en el plan se desglosen y se marquen objetivos de almacenamiento detrás del contador de forma específica. Los 22GW que cita hoy el Plan mezclan el almacenamiento tanto diario, como semanal, como estacional, así como el almacenamiento a gran escala y el de detrás del contador, y mezcla además todas las tecnologías (bombeos hidráulicos, asociado a termosolar, baterías, etc.). Cada uno tiene ventajas y maduración tecnológica diferente, y siendo todos necesarios, necesitarán políticas e incentivos públicos diferenciados, ya sea por escala, maduración de la tecnología, facilidad de implementación o financiación, etc.

En general necesitamos garantizar la capacidad de respaldo y desplegar el almacenamiento necesario para no poner en riesgo la seguridad de suministro.

Necesitamos invertir en redes más inteligentes, modernizar las existentes y mejorar la eficiencia operativa de toda la red digitalizándola. Digitalizar es la clave, porque optimiza el dimensionamiento de la red, minimizando las inversiones necesarias. Además el reto no es solo solventar el problema de balance, la red tiene que afrontar también la congestión.

Necesitamos poner en primer plano las interconexiones con otros países. Es de vital importancia priorizar las infraestructuras necesarias para aumentar nuestras conexiones eléctricas transfronterizas con Francia y otros países dentro de nuestra agenda política internacional y en Bruselas. Con las que tenemos hoy no podremos aprovechar nuestra ventaja competitiva gracias a las renovables. Los 8 GW que cita el plan parecen aún un sueño demasiado lejano respecto a lo disponible hoy: 2,8GW, y lejísimos del 10% de objetivo de interconexión eléctrica que exige la Unión Europea.

Y necesitamos garantizar, por último, y no menos importante, la sostenibilidad económica y financiera de todo el sistema eléctrico en su conjunto. Todos los actores del sistema eléctrico, todas las inversiones y actuaciones mencionadas son necesarias, pero hay que garantizar que el sistema en su conjunto es viable a largo plazo y esto no es una tarea sencilla.

La reducción de emisiones, el aumento en las energías renovables, la eficiencia y la seguridad energéticas son pilares fundamentales de este ambicioso plan que debe colocar a España en la vanguardia de una transición hacia un modelo energético más limpio y sostenible, resolviendo a la vez la garantía de suministro y socializando el acceso de forma justa y universal: el trilema energético. Incentivar la participación de la ciudadanía y de las empresas como prosumidores energéticos proactivos, así como la gestión flexible de la demanda se adivinan como componentes esenciales para lograr una integración exitosa de las energías renovables en el sistema, asegurando al mismo tiempo la estabilidad del suministro.

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Aislamart
artigo interessante
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