sergio de otto

Ética, futuro y urgencia

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Ética, futuro y urgencia

“La Fundación Renovables, que ahora inicia su andadura, pretende ser un interlocutor con vocación de diálogo en el debate energético, tan necesario hoy, y un vehículo que traslade a la sociedad española esa nueva visión de la energía que, en el fondo, está más ligada a la ética que a la economía, al futuro que al presente, a la urgencia que a la complacencia”. Ética, futuro y urgencia, con estos tres conceptos, mi eterno y admirado vecino en estas páginas, Javier García Breva, condensaba perfectamente las características esenciales de la iniciativa que entonces, hace ahora justo diez años, poníamos en marcha un pequeño y heterogéneo grupo de personas vinculadas al ámbito de la energía. Sí, éramos una docena de profesionales con orígenes y ocupaciones muy diversas, pero con un denominador común: creíamos en la necesidad de acelerar el cambio de modelo energético y de impulsar la transición energética, proceso que, al menos, ya está en la agenda política y social.

Ética, futuro y urgencia se contraponían a tres características de una visión de la energía exclusivamente economicista, cortoplacista (el máximo horizonte era la legislatura) y complaciente. Hemos aportado en estos diez años un amplio argumentario, una sólida doctrina (en la mejor acepción de esta palabra), análisis y propuestas que partían, no de la necesidad de defender ningún interés concreto, sino de una concepción ética de la energía como bien de utilidad pública y no como negocio de unos pocos, declaración que tantas veces hemos puesto por delante en nuestros documentos. Podremos habernos equivocado, pero nunca hemos actuado motivados por otro interés que no sea el que consideramos es el del conjunto de la sociedad. Esto, sin duda, es lo que ha facilitado el consenso con el que hemos podido sacar adelante nuestro trabajo.

También hemos cumplido con la idea de mirar más al futuro que al presente, sin ignorar la realidad que vivimos, pero dejando claro que el objetivo es la sostenibilidad de la forma en la que usamos la energía: medioambiental y socialmente. Si nos olvidamos de la meta, si no pensamos en ella, nos podemos equivocar de camino.

No se trata de arreglar, modificar o corregir lo que tenemos, no es cuestión de poner parches aquí y allí como se ha venido haciendo en las últimas décadas. No, se trata de construir algo nuevo, disruptivo, porque no podemos ser, en absoluto, complacientes con un modelo energético que, entre otras consecuencias negativas, propicia graves desigualdades sociales según el grado de acceso al mismo y que es el principal causante de la mayor amenaza que tiene el conjunto de la humanidad: el cambio climático. Sí, la primera, incluso por encima de la pandemia que actualmente padecemos, y en cuyo origen parte de la comunidad científica señala como responsable a aquella.

La urgencia con la que actuemos es la clave y no nos cansaremos de reclamarla. Hemos pedido que se diera marcha atrás cuando se iba en dirección contraria y ahora que vamos en la dirección correcta reclamamos más ambición, más velocidad porque si no, llegaremos tarde. No siempre se entienden nuestros pronunciamientos como un empujón en esa buena dirección, como un acicate para seguir adelante, pero lo que nunca vamos a hacer, porque lo exige nuestra razón de ser, es caer en la complacencia.

Cabe destacar que en estos diez años hemos tenido la suerte de contar, al frente de la Fundación, con tres personalidades del sector muy relevantes. En una primera etapa con la visión global y apasionada de Javier García Breva, posteriormente con el activismo ilusionante y contagioso de Domingo Jiménez Beltrán y hoy con el conocimiento enciclopédico de la energía de Fernando Ferrando.  

Diez años después, tanto los que hemos pasado por el Patronato, como esos cientos de socios protectores que respaldan nuestra acción, podemos estar orgullosos de haber compartido, con total libertad e independencia, nuestros conocimientos y nuestro tiempo (además de un pequeño esfuerzo económico) para empujar esa transición energética que solo será un éxito si se hace desde planteamientos éticos, mirando al futuro y con la máxima urgencia.

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