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¿Es posible una transición energética con poco peso para la biomasa?

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A tenor de los informes elaborados por la Fundación Renovables y el Comité de Expertos de Transición Energética, la respuesta a la pregunta del titular es sí. Estas posturas han soliviantado a todo el sector bioenergético, que considera que la biomasa sólida, el biogás y los biocarburantes son esenciales para cumplir con esa transición y alcanzar una economía baja en carbono. El debate aparece en un momento crucial para la bioenergía, con el Parlamento, la Comisión y el Consejo europeos a punto de despejar o enturbiar más su futuro con la nueva directiva de renovables, y en él se centra este reportaje de nuestro último número de la revista.

¿Es posible una transición energética con poco peso para la biomasa?

Nada de biocarburantes de aceites importados, nada de biomasa térmica para calefacción en las ciudades, nada de más kilovatios de biomasa eléctrica y ni una palabra sobre el futuro del biogás. Así se podrían resumir, y así lo hemos ido contando en el portal de Energías Renovables , las conclusiones en materia de bioenergía que se extraen de dos informes: Hacia una transición energética sostenible. Propuestas para afrontar los retos globales , de la Fundación Renovables; y Análisis y propuestas para la descarbonización , del Comité de Expertos de Transición Energética.

“A la biomasa en España se le están poniendo peros y trabas de forma preventiva y sospechosa, y no se quieren dar cuenta de que es un recurso que es necesario para que pueda resurgir nuestro olvidado entorno rural”. Luis Saúl Esteban, investigador de la Unidad de Biomasa del Centro de Desarrollo de Energías Renovables (Ceder/Ciemat), reaccionaba así a una de las noticias que reflejaban las propuestas de ambos informes.

Ha sido una de las muchas reacciones y comentarios que han suscitado los artículos publicados por nuestro portal. Pero, para no trabarnos, vamos por partes, analizando qué proponen la Fundación Renovables y el Comité de Expertos de Transición Energética para cada tecnología (dejamos para el siguiente número al biogás) y por qué se ha enfadado tanto el sector de la bioenergía en pleno.  

La biomasa eléctrica “no aumenta su contribución”
Empezamos por la biomasa eléctrica, anclada desde 2014 en 1.018 megavatios, según los últimos informes sobre potencia instalada de la Agencia Internacional de las Energías Renovables (Irena, en sus siglas en inglés). Como mucho, está previsto que se añadan 200 megavatios procedentes de la subasta de 2016 de renovables y algunos megavatios más testimoniales de biogás tras la de 2017. Y nada más, según el escenario base sobre transición energética que plantea el comité de expertos que elaboró el documento encargado por el Gobierno.

“Se asume que la biomasa no aumenta su contribución sobre la situación en 2015. Este es un supuesto relevante, pero que por otra parte refleja que la biomasa cuenta con numerosos problemas: emisiones de CO2 no nulas si se tiene en cuenta el ciclo de vida, dificultades logísticas y de aprovisionamiento, emisiones de partículas, etcétera”. Así adelanta dicho comité su conclusión: ni un kilovatio eléctrico más.

La Asociación de Empresas de Energías Renovables (APPA), que hizo un balance general tirando a positivo del informe, no dudó en criticar este apartado: “llama la atención que no haya sido tenida apenas en cuenta cuando el propio informe habla de su capacidad de respaldo y considera ‘importante’ plantear subastas específicas por tecnologías, reconociendo las distintas características de las asociadas a las renovables. Esta tecnología, que tiene un potencial de 8.000 megavatios adicionales, aportaría al mix nacional gestionabilidad, firmeza y ayudaría a garantizar la seguridad de suministro”.

El "patito feo" de las renovables
Javier Díaz, presidente de la Asociación Española de Valorización Energética de Biomasa (Avebiom), afirma que “es increíble que los ‘expertos’ que han preparado el informe para el ministro Nadal hayan pasado en su redacción de la biomasa eléctrica como parte importante para completar un sector energético diversificado y renovable para nuestro país”.

Díaz recuerda que “la generación de electricidad con biomasa ha sido tradicionalmente el ‘patito feo’ de las renovables, y el varapalo que dio el Gobierno a estas con el Real Decreto 1/2012, y en particular a la biomasa, sitúa a nuestro sector en una posición muy delicada”.

 Pasamos ahora al informe de la Fundación Renovables, donde, de entrada, reconoce que “la biomasa tiene una importancia vital en el desarrollo de un modelo energético 100% renovable tanto por su aporte térmico, como porque debe ser el pilar de recuperación de zonas deterioradas laboral y medioambientalmente por las explotaciones mineras”.

Pero enseguida comienzan las limitaciones: “hay que tener en cuenta siempre que es una fuente de energía local y que los efectos positivos en su crecimiento como captura de carbono no se pongan en entredicho por su utilización distribuida en entornos urbanos sujetos a procesos de alta contaminación”.

Consumo de biomasa próximo a su generación
Por todo lo anterior, proponen que “debe ser potenciada sobre todo para su utilización como fuente de generación de energía eléctrica en entornos próximos a su producción”. Además, advierten que se “debe tener siempre presente la jerarquía y el menor grado de prelación entre la energía y la cobertura de las necesidades alimentarias y de recuperación de la capa orgánica de los suelos, así como la no utilización de tecnologías que transgredan la base natural biológica”.

Justo el establecimiento de una jerarquía en el uso de residuos que ponga a la cola el aprovechamiento energético es uno de los motivos de fricción de cara a la aprobación de la nueva directiva de energías renovables.

“Expulsar” la biomasa térmica de las ciudades
Entramos de lleno ya en la biomasa térmica, donde la Fundación Renovables la rechaza en las ciudades: “dado que la mayoría de los edificios están en un entorno urbano, hacemos especial hincapié en que el uso directo de biomasa para calefacción debe ser evitado por ser un recurso renovable escaso que debe reservarse para aquellas aplicaciones que no tengan fácil alternativa, y que no es el caso de la calefacción”.

Todo nace de una idea que cruza el informe: “la biomasa es una fuente de energía local”, algo que lleva a considerar que su consumo también debe ser local para reducir su impacto ambiental. Luis Saúl Esteban, en contestación a estos cuestionamientos y limitaciones, asegura que “las calderas de condensación y de gasificación flexibles y de ultra bajas emisiones son una realidad, y las redes de calor también. La biomasa puede además transportarse a distancias importantes cumpliendo los requisitos de sostenibilidad en términos de ahorro de gases de efecto invernadero superiores al 90% respecto a sus rivales fósiles”.

Esteban concluye que “lo más peregrino que he leído es que haya que consumir los productos agrícolas o forestales, aunque no sean lechugas, en el entorno cercano, sin aducir valores cuantitativos o razones que lo aconsejen”.

Sobre la escasez del recurso, Jorge Herrero, director de Proyectos de la Asociación Española de Valorización Energética de la Biomasa (Avebiom), matiza que “el aprovechamiento agroforestal de recursos va en aumento sin ningún tipo de escasez como menciona el informe, esto sólo ocurre con los combustibles fósiles. La superficie forestal crece y el uso energético de biomasa evita el abandono de los bosques que muchas veces acaban siendo pasto de incendios forestales”.

El comité de expertos admite más a la biomasa térmica
El informe del comité de expertos es algo más permeable a la penetración de la biomasa térmica. Aseguran que, con la mirada puesta en 2050, “las renovables no eléctricas que se indican es fundamentalmente biomasa, que hay que recordar que se utiliza en esta simulación exclusivamente como fuente representativa de una energía térmica descarbonizada”.

Pero esta apuesta queda en entredicho cuando se repasa la cuota de penetración de distintas tecnologías para la provisión de calor residencial y de servicios. Aquí se concreta que habrá una “cuota máxima del 20% en biomasa residencial”, pero también una mínima del 10% y máxima del 30% para el gas natural en el mismo uso residencial; una máxima del 50% para la misma fuente fósil para agua caliente sanitaria; una máxima del 20% a la demanda de gas para cocinar en residencial; y, sin especificar, una “cuota de gas natural para uso en cocinas asociada al uso de gas natural para calefacción”.

Más importancia al gas natural que a la biomasa
Es decir, el gas mantiene un mayor peso específico que la biomasa en el sector residencial, quizá motivado por uno de los pronósticos que se hacen en el informe tras repasar las emisiones de dióxido de carbono (CO2), dióxido de azufre (SO2), óxidos de nitrógeno (NOx) y partículas correspondientes al sector energético: “se puede ver cómo a 2030 se reducen significativamente todas las emisiones de contaminantes, a excepción de las de partículas (asociadas al uso de biomasa y al petróleo)”.

Sin embargo, debido al papel que puede jugar la biomasa en los entornos más rurales y naturales, consideran necesario “articular un plan nacional de aprovechamiento de la biomasa residual, dadas las necesidades de limpieza de bosques, para evitar plagas e incendios”.

Ven claro el fomento de todas las renovables térmicas en calefacción y producción de agua caliente sanitaria en los edificios, pero con “un mayor control de las instalaciones existentes”. “En este sentido –exponen–, la promoción de sistemas centralizados de redes de calor de alto rendimiento facilitaría la creación de unos mercados más estables y organizados de gestión de dichos recursos”.

Planes nacionales
En APPA están más contentos con este apartado del comité de expertos, al considerar que “habla de la necesidad de utilizar las renovables térmicas (como la biomasa, el biogás o la geotermia), tanto a nivel de hogares individuales como en sistemas centralizados de redes de calor, y el necesario estudio del uso de renovables térmicas en la industria”.

La Fundación Renovables también propone la elaboración de varios planes entre las actuaciones legislativas a desarrollar. El principal es uno nacional para el desarrollo de la biomasa bajo criterios que “garanticen la sostenibilidad del ciclo integral de producción y transformación, siendo compatible con las actividades agrícolas y silvícolas y, sobre todo, respetando la jerarquía de uso para destino alimenticio”.

También se propone un plan nacional de silvicultura, “bajo el doble prisma de recuperación económica y de espacios y para ordenamiento y control de especies y usos de la masa forestal”, y otro de aprovechamiento de residuos agrícolas, forestales e industriales con fines energéticos. Además, piden “una regulación para la creación de mercados de biomasa con criterios de cercanía y un análisis de viabilidad, en función de las condiciones climáticas locales, de la climatización de distrito basada en biomasa, incluyendo, en su caso, la hibridación con otras tecnologías renovables”.

Biocarburantes sin aceites importados
El cielo se vuelve a oscurecer casi completamente para el sector cuando le llega el turno a los biocarburantes. La Fundación Renovables también aquí propone como medida “un plan nacional de biocombustibles, sometido a estrictos criterios de sostenibilidad, dando prioridad a la producción nacional y eliminando la posibilidad de importar aceites para producción de combustibles de primera generación”.

De llevarse a cabo, el plan acabaría con la industria española del biodiésel, principal biocarburantes producido y consumido, según está planteada actualmente. La mayor parte de la producción (70%) se realiza con aceites importados, especialmente el muy cuestionado aceite de palma, para el que el Parlamento Europeo ha pedido que desaparezca como renovable en el transporte en 2021.

Pero hay más: el 62% del biodiésel y el 99,7% del hidrobiodiésel que se consume en nuestro país se fabrica con aceite de palma. Por último, el 17% del biodiésel consumido se produce con aceite de soja y otro 17% con el de colza.

Prevalece la electricidad en el transporte, pero no en el aéreo
Como la Fundación Renovables, el Comité de Expertos de Transición Energética piensa mucho más en electricidad cuando se exponen medidas y conclusiones sobre movilidad, en especial en carretera: “será la electrificación masiva del parque de vehículos la que permitirá abatir las emisiones de gases de efecto invernadero, sobre todo cuando se analizan horizontes temporales superiores a 2030”.

Y piensan en los biocarburantes dentro de “un proceso de transición hacia la electrificación total del parque de vehículos con fuentes renovables, (…) limitando el papel de los basados en cultivos alimenticios”. Por otro lado, reconocen que “hay modalidades de transporte (por ejemplo, el aéreo) para las que no se vislumbra una solución de descarbonización a medio plazo, y en las que los biocombustibles pueden por tanto jugar un papel relevante”.

El informe del comité de expertos propone crear un “fondo de energías renovables”, que además de nutrirse con un recargo sobre todas las energías consumidas para financiar los sobrecostes de las renovables, “permita a los actuales sujetos obligados a mezclar biocombustibles elegir entre hacer aportaciones anuales al fondo por la cuantía del recargo; y presentar los correspondientes certificados de mezclas por una cantidad equivalente”.

Ignorancia y falta de consideración sobre los biocarburantes
Para APPA, “el documento ignora el importante papel que deben jugar tanto los biocarburantes convencionales como los avanzados para la consecución de los objetivos de descarbonización y energías renovables previstos para 2030 en la Unión Europea, tal como recoge un reciente informe de Irena, especialmente en subsectores de difícil electrificación, como la aviación y el transporte de mercancías por carretera”.

También se sorprende por la “falta de consideración mostrada sobre el grave impacto que podrían tener sus propuestas en la supervivencia de la industria española de biocarburantes y sobre la importancia de disponer de un mix diversificado de fuentes renovables en el transporte”.

Durante la última reunión plenaria de la Plataforma Europea de Tecnología e Innovación en Bioenergía (ETIP Bioenergy), celebrada el 11 y 12 de abril en Bruselas (Bélgica), Adam Brown, de la Agencia Internacional de la Energía, sostuvo que “los biocarburantes avanzados son la única solución sostenible a largo plazo y disponible para la descarbonización de sectores del transporte como los de larga distancia y la aviación”.

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