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Este es el manifiesto de la red Gas NO es Solución

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La red Gas NO es Solución se ha presentado esta mañana en sociedad. La red esta impulsada por una amplia coalición de colectivos y organizaciones de todo el estado español que han unido sus fuerzas para (1) recordar que el gas natural es un combustible fósil, un combustible que, como el petróleo o el carbón, produce gases de efecto invernadero, y (2) denunciar "la fuerte campaña de promoción del gas que en los últimos tiempos se observa desde distintas instancias económicas y políticas", una amplia campaña en la que, entre otros agentes del sector, están participando compañías como Naturgy (antes Gas Natural Fenosa), Enagás, Repsol o Seat.
Este es el manifiesto de la red Gas NO es Solución

Firman el manifiesto de la red Gas NO es Solución los siguientes colectivos: 350 Bcn, Aliança contra la Pobreza Energètica, Amigos de la Tierra, Asamblea Ciudadana contra el Gas en Gran Canaria, Asociación de Cultura Popular Alborada (Gallur), Berriztu!, Comité Cidadán de Emerxencia da Ría de Ferrol, Ecologistas en Acción, Equo Huelva, Ferrol-Cape, Fracking Ez, Fundación Renovables, Fundación Ecología y Desarrollo, Greenpeace España, Instituto Internacional de Derecho y Medio Ambiente, No Més Gas, Observatorio Crítico de la Energía, Observatori del Deute en la Globalització, Plataforma Ciudadana Zaragoza sin Fractura, Plataforma por un Nuevo Modelo Energético, Plataforma Resposta al Midcat, Plataforma Salvemos Doñana, Podemos, SEO/BirdLife, Transport & Environment, WWF España y Xarxa per la Sobirania Energètica.

Energías Renovables reproduce, íntegramente, a continuación, el manifiesto que ha publicado hoy la recién constituida red Gas NO es Solución.

La ciudadanía ante el creciente papel del gas en el modelo energético en el Estado español y en la Unión Europea

«El gas natural está cobrando un papel cada vez más relevante en el panorama energético tanto español como europeo. Los colectivos abajo firmantes observamos con preocupación el impulso político que está recibiendo este combustible fósil sin evaluaciones objetivas e independientes sobre sus riesgos y sin que haya habido un debate público suficiente. Este apoyo institucional se traduce en la promoción de nuevas grandes infraestructuras gasistas tanto en el Estado español como en toda la Unión Europea. Los proyectos incluyen grandes gasoductos, terminales de Gas Natural Licuado (GNL), almacenes de gas, redes de distribución… Muchas de estas infraestructuras se benefician de trámites abreviados de aprobación y de financiación pública europea, o sus costes se transfieren a las facturas del gas.

La promoción institucional del gas se realiza bajo la premisa de que se trata de una fuente energética que contribuirá a la descarbonización de la economía, al interés común y a la seguridad energética. Sin embargo, a pesar de que la narrativa oficial pretende presentarlo como un combustible limpio, el gas natural es un combustible fósil. La huella climática del gas es muy importante, especialmente si se consideran las fugas de metano que se producen a lo largo de toda la cadena de suministro. Las infraestructuras que se proyectan tienen una vida media de varias décadas, lo que convierte la apuesta por este combustible en algo incompatible con los objetivos climáticos europeos, que exigen unos tiempos de reacción mucho más inmediatos.

Cuestionamos también la idea de que estos desarrollos gasistas estén al servicio del bien común. Son a menudo los grandes fondos de inversión y las empresas del oligopolio gasista las que están interesadas en el desarrollo de estas infraestructuras. Estas empresas son juez y parte en la planificación gasista y en la estimación de la demanda, que se realiza habitualmente por encima de las necesidades reales.

El Estado español juega un importante papel geopolítico en la apuesta europea por el gas, al tener la mayor capacidad de regasificación de toda Europa y por la cercanía geográfica con el norte de África. El muy bajo uso de la capacidad de estas infraestructuras está provocando la justificación de nuevos gasoductos para dar salida a todo el gas que el país potencialmente puede importar, e igualmente está incentivando la búsqueda de nuevos usos para el gas (como el transporte), al tiempo que ha generado un déficit creciente de tarifa, que ha sido asumido por los consumidores finales, lo que está contribuyendo a la pobreza energética. Perpetuar la dependencia del suministro de gas tiene unas consideraciones éticas que no se deben soslayar si tenemos en cuenta la violación de los derechos humanos en algunos de los países exportadores de ese gas.

El gas debe jugar un papel secundario y decreciente en la transición energética hacia un 100 % renovable; no puede convertirse en el pilar central de la misma. Una apuesta decidida por el gas como la que observamos sólo puede desviar el foco, los esfuerzos políticos y los recursos de un claro compromiso por las energías renovables sin ambages.

Las grandes empresas y lobbies que promocionan el modelo gasístico son contrarias a una transición energética democrática y participada activamente por la ciudadanía. Las propuestas de la transición deben dar respuesta a las necesidades de las poblaciones locales y al mismo tiempo preservar el patrimonio y los recursos naturales, eliminando los impactos negativos que padecen los territorios de extracción, transporte y consumo de gas. Ejemplos como el almacén Castor o Doñana, el gasoducto MidCat, las centrales de ciclo combinado, las plantas de regasificación del Musel (Gijón) y Mugardos (Ría de Ferrol) o las proyectadas como la de Granadilla (Tenerife), y la gran proliferación de permisos de investigación de shale gas o gas de lutita, obtenido mediante la técnica de la fractura hidráulica fracking, constituyen una fuente de conflictos ambientales y sociales que perjudican a las economías locales. Además, la ejecución de infraestructuras gasísticas reproduce y profundiza un modelo de empleo de baja calidad que ya existe en otros sectores, y vincula a las comarcas, en especial a las zonas rurales, a un modelo caduco de empleabilidad basado en la especulación y en la temporalidad. Al mismo tiempo, hipoteca los suelos por muchos años y en no pocas ocasiones pone en riesgo sectores como la agricultura o la ganadería, entre otros.

Ante esta situación, las organizaciones que suscribimos este manifiesto, exigimos:

  • Que se lleve a cabo un análisis riguroso del papel temporal/residual del gas en la transición energética evaluando su contribución real al Cambio Climático en toda la cadena de suministro, y que dicho análisis contenga un calendario concreto para su abandono, sin perjuicio del abandono urgente del carbón y de la energía nuclear.
  • Que no se destinen más recursos públicos a la promoción del modelo gasista y que se evalúe la necesidad presente y futura de nuevas infraestructuras de gas, que acaban por sobredimensionar el sector energético, generan endeudamiento público, encarecen las facturas y acentúan la pobreza energética.
  • Que se tome en especial consideración la opinión de la población directamente afectada por las infraestructuras gasísticas, por los riesgos que estas implican y porque ponen a las poblaciones al servicio de las economías de escala que poco o nada tienen que ver con las realidades locales.
  • Que se ponga freno al impulso del gas en el sector del transporte. La búsqueda de soluciones a la contaminación atmosférica no puede justificar la sustitución de un combustible fósil por otro. Las medidas deben ir encaminadas a modos de transporte sostenibles, que fomenten los desplazamientos activos, el uso de la bicicleta, el vehículo colectivo y eléctrico, el ferrocarril y su electrificación, reduciendo progresivamente el uso del vehículo privado.
  • Que la imprescindible transición energética se lleve a cabo de forma transparente y democrática. Se deben suprimir las barreras y penalizaciones actuales a las energías limpias, priorizando la reducción del consumo energético y promoviendo una cultura energética que permita a la ciudadanía empoderarse y contribuir a la construcción de un nuevo modelo energético limpio, abriendo un debate público donde la ciudadanía debe jugar un papel preferente.
  • Que se faciliten canales de financiación pública que apoyen la generación eléctrica distribuida y que incentiven la producción energética local, basada en fuentes renovables, en el sector doméstico e industrial. Al mismo tiempo, desde el sector público debe promoverse la desinversión fósil, retirando todos los activos económicos de proyectos de combustibles fósiles, incluyendo el gas.
  • Que se informe a los propietarios de activos sobre los riesgos económicos y de reputación que implica para sus carteras de inversión el seguir financiando proyectos que no se alinean realmente con el Acuerdo de París y sobre los beneficios que conlleva la reasignación de capital hacia el sector de las energías limpias, considerando los escenarios y tendencias tecnológicas.
  • Que el sector energético asuma el ecofeminismo como elemento esencial del nuevo modelo energético y la transición energética se lleve a cabo teniendo en cuenta la participación activa y el protagonismo de las mujeres».

 Fin del manifiesto

Red Gas NO es Solución,  junio 2018: 350Bcn, Aliança contra la pobresa energètica, Amigos de la Tierra, Asociación de Cultura Popular Alborada (Gallur), Berriztu!, Comité Cidadán de Emerxencia da Ría de Ferrol, Ecologistas en Acción, Equo Huelva, Ferrol-Cape, Fracking Ez, Fundación Renovables, Fundación Ecología y Desarrollo, Greenpeace España, IIDMA, No Més Gas, Observatorio Crítico de la Energía, Observatori del Deute en la Globalització, Plataforma Ciudadana Zaragoza sin Fractura, Plataforma por un Nuevo Modelo Energético, Plataforma Resposta al Midcat, Plataforma Salvemos Doñana, Podemos, Sí se puede, Seo/BirdLife, Transport and Environment, WWF España, Xarxa per la Sobirania Energètica.

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Pablo
El gas fosil no es la solucion. Claro que no! Pero existe el gas renovable! España ya tiene bastante instalaciones de infrastructuras gasistas para transportar este gas. Es gas renovable reparte los beneficios localmente, reduce los residuos de la agricultura y produce fertilizantes. Es un complemento imprescindible al desarollo de las energias renovables electricas.
Miguel
Estimado Alfredo, soy el primero en estar en contra del uso masivo de gas para generar electricidad. Sólo tiraría de él para realizar ajustes de oferta y demanda, especialmente diario, y tirando de las centrales ya instaladas, sin tener que instalar ninguna otra central en España. No así Greenpeace, con quien he sido crítico muchas veces y que en su modelo de transición energética, usa el gas como mayor componente de respaldo, y planea instalar más centrales de gas. Parece, además, que el modelo que se está siguiendo tanto en España como en Europa va por ese camino. Respecto a la termoeléctrica con depósito de sales, para usarlo únicamente de respaldo diario, aún le queda reducir costes para ser competitivo sin subsidios. ¿De qué precio kWh estamos hablando actualmente para uso solo como almacenamiento en España?. Tal vez con el tirón que den los chinos se pueda llegar a ver. Aún así su rendimiento difiere mucho de verano a invierno. Por otra parte, hay días del año que no hace ni gota de sol. En verano seguro que técnicamente podría hacer un complemento perfecto, pero en otoño/invierno/primavera necesita también que se la respalde. Por tanto, el uso de termoeléctrica con almacenamiento, no eliminaría las centrales de gas o carbón. Y este discurso de las termoeléctricas sirve para España y algunos países del sur de Europa, para el resto de países europeos, ni se lo plantean.
Alfredo

El gas no es la solución. Quemar gas natural para generar electricidad no es la solución. Es el problema. Porque oscurece el cielo, encarece la factura y enferma a las personas (los problemas respiratorios, por ejemplo, son cada día más frecuentes entre ancianos y niños). Sí, el gas es el problema: un problema ambiental, un problema de salud pública y un problema económico, sobre todo para los vendedores de gas, que cometieron hace quince años el error estratégico de creer que el gas era la energía limpia y barata que nos iba a permitir seguir prosperando y creciendo sine die. Sí, hace 15 años, los más torpes de la clase -los borjamaris- se pusieron a instalar megas de gas como locos y no supieron ver que la eólica y la fotovoltaica estaban a punto de caramelo. 15 años después, la eólica y la fotovoltaica no tienen rival (instalar un mega de viento o de FV es infinitamente más barato que instalar uno de gas, carbón o nuclear). Ahora, los borjamaris se encuentran con un montón de megas de gas y no pueden vender electricidad porque la eólica y la FV generan mucho más de lo que nunca imaginaron (claro, eran los más torpes de la clase, cómo lo iban a imaginar). Y ahora, los borjamaris, con todo ese parque de generación sin salida se han tenido que inventar otro discurso. Porque, ahora, casi todo el mundo sabe ya que el gas no es la energía limpia-limpísima que nos han estado vendiendo durante 15 años, la energía del Gas Natural y sus mariposas (supongo que sabes, Miguel, que la semana pasada Gas Natural se cambió de nombre -eliminó la palabra gas- y ahora se llama Naturgy, porque el gas ya no suena tanto a limpio como antaño). Sí, ahora ya casi todo el mundo sabe que el gas es tan fósil como el carbón, y que su combustión produce gases de efecto invernadero, desencadenantes de cambio climático. Así que ahora los borjamaris han tenido que cambiar el discurso. ¿Y cuál es el discurso ahora? Pues que "el gas, aunque no sea todo lo limpio que nos gustaría, es la energía necesaria de respaldo para hacer la transición energética". Otro error (ojalá que la ciudadanía no tarde otros 15 años en verlo, porque ese es el objetivo: los señores del gas saben que han perdido la batalla pero quieren aprovechar hasta el último suspiro para vender todo lo que puedan vender). No, el gas no es el respaldo necesario del sistema, ni la energía de transición. El respaldo (y la transición) están en el sol, se llama tecnología termosolar, y el problema, amigo Miguel (problema para los borjamaris y sus gases), es que con la termosolar ha pasado y está pasando como con la eólica y la FV: ya es competitiva. Aunque los más torpes de la clase no se hayan dado cuenta aún, o no quieran darse cuenta porque aún tienen que amortizar sus ruinosas inversiones. Sí, la termosolar ya está lista para prestarle ese servicio (de respaldo) al sistema, a la par que abarata el precio de la electricidad. Y sin primas, sin subvenciones (véase bit.ly/2tVncoS). Como dice esta gente de la red contra el gas, está arreciando (y va a seguir haciéndolo) la campaña a favor de esta "solución" sucia. Potente campaña a favor del gas en forma de contratos publicitarios multimillonarios que irán a parar a los medios de comunicación amigos, campaña a favor del gas en forma de intoxicación informativa. Ojalá que redes como esta sean capaces de articular un discurso claro (y bien argumentado) de rechazo a lo que no es... sino un problema. No. El gas no es la solución. Ahora mismo -cuando ya todo el mundo por fin ha abjurado del carbón y la nuclear-... ahora mismo... el gas... es... EL problema.

Miguel
Las prisas por cerrar las centrales de carbón y nucleares en Europa van a llevar a un aumento significativo del consumo de gas en Europa, especialmente durante los próximos 15 años. Hay que tener en cuenta que, una infraestructura eléctrica altamente renovable, tarda muchos años en llevarse a cabo, y las centrales de carbón y nucleares se quieren cerrar ya!. Así que se va a haber un fuerte aumento del consumo de gas los próximos años. El gas se va a convertir en el principal respaldo del sistema eléctrico, las reservas estratégicas se van a ver deterioradas. Después de lo que le pasó a Alemania con Ucrania, ningún país quiere quedarse sin gas en situaciones adversas, y menos en invierno, así que como consecuencia va a haber fuertes inversiones en gas. Decir que un sistema eléctrico, altamente renovable, el sistema de respaldo no entraría en funcionamiento, no es realista. Ni siquiera se consigue teniéndolo sobredimensionado, con los sobrecostes que conlleva, porque se perderían excedentes de energía en los momentos favorables. Habrá muchos días en otoño-invierno-primavera que se necesitará tirar a tope de centrales de respaldo. Los sistemas de almacenamiento como centrales de bombeo o baterías son muy caros y necesitan de fuertes inversiones, así que de momento en Europa se han ralentizado e irá lenta su implantación porque aumentaría mucho los costes de la electricidad, algo que no gusta a los ciudadanos ni empresas. Para poner colofón a este asunto: Greenpeace, como muchos de los grupos que hay en este manifiesto, no quiere centrales de carbón ni nucleares, en su lugar quiere energías renovables y en el caso concreto de Greenpeace, centrales de gas para sustituir las centrales de carbón y nuclear y después, como centrales de respaldo durante la época transitoria hasta un hipotético sistema 100% renovable. Del resto de grupos, no sabemos que quieren. Después se oponen al uso del gas, pero, lo más curioso es que después suelen ser estos mismos grupos también los que se oponen a la instalación de energías renovables, oponiéndose a la implantación de parques eólicos, plantas fotovoltaicas y centrales de biomasa. Son ellos mismos los que acaban luchando a favor y en contra, y cada día más ciudadanos se van dando cuenta de este detalle, al menos los que conocen el mundillo de la energía.
Raquel Montón
Explicando lal participación del gas, en el Estudio realizado por el IIT para Greenpeace, sobre la viabilidad técnica del sistema eléctrico sin carbón ni nuclear, en los cálculos, y sin perdida de generalidad, se incluyen las centrales de gas, independientemente de que este gas sea de origen fósil o de origen renovable. En segundo lugar el estudio se hace partiendo el actual y real sistema elećtrico de España, que incluye en la actualidad ciclos combinados y ciclos abiertos de gas, por lo tanto estaría fuera de la realidad pensar en que no vaya a haber unos años de transición No es una apuesta por el gas, es una priorización de cierre del carbón y la nuclear. Y en el peor de los casos, y suponiendo que no se utilizara gas de origen renovable, sino fósil, el aumento de las emisiones del sistema no supera el 10% del compromiso de emisiones de España para 2030. Este aumento sería fácilmente corregido por los ahorros derivados en el conjunto del sistema energético, utilizando precisamente la electricidad como vector energético. En el caso más realista de funcionamiento (año hidráulico y eólico medio) con baja demanda y alta renovable, la generación de respaldo no llegaría a usarse, por lo que sus emisiones añadidas serían 0.
Miguel
Me hace gracia que Greenpeace España esté en este manifiesto en contra del gas, cuando Greenpeace ha diseñado, para el sistema eléctrico de España, un modelo cuyo sistema de respaldo está altamente basado en el gas, con dependencias de hasta un 75-80%,del susodicho gas, en días desfavorables. Es más, en su modelo de sistema eléctrico, planean construir nuevas centrales de gas. ¿A qué juegan con este doble juego?. P.D. El modelo del sistema eléctrico que quiere implantar la nueva ministra de Energía, Teresa Ribera, sigue el modelo de Greenpeace, así que el consumo de gas en España aumentará. Les tiene que sonar de algo cuando esta persona firmó la declaración de impacto ambiental positiva para el proyecto Castor.