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Comunidades energéticas: nada más, nada menos

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La Unión Europea aprobó en los años 2018 y 2019 dos directivas que contienen dos definiciones: la de comunidad de energías renovables y la de comunidad ciudadana de energía. España aún no ha traspuesto ninguna de esas dos directivas, y en el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico están trabajando con la denominación “comunidades energéticas locales”. En tanto llega la trasposición y se aclaran las formas y figuras jurídicas a las que habrán de acogerse, las comunidades energéticas ya están viendo la luz aquí. Por todas partes. Buscando horizontes, definición, forma. Estos son algunos ejemplos.
Comunidades energéticas: nada más, nada menos

Comunidad de energías renovables. Comunidad ciudadana de energía. Comunidad energética local. La nomenclatura está afinándose. Aún. Porque al andar se hace camino. Lo común (1), la energía (2) y las ganas de decidir (3) están en todo caso siempre. Las ganas de decidir, por ejemplo, qué tipo de energía quiero usar en casa, o a quién quiero comprársela. Decidir, por ejemplo, cómo quiero producir y autoconsumir (y/o compartir) con otros iguales mi propia electricidad. Decidir si quiero producirla en el tejado de mi casa o en el del colegio de enfrente o en una huerta solar. Decidir si quiero hacerme socio de una cooperativa, o adherirme a una asociación, o unirme a un colectivo para no solo auto-atender mi demanda eléctrica sino también con la idea de disfrutar de otros servicios energéticos (punto de recarga para vehículo eléctrico, energías renovables térmicas). En fin: lo común, la energía y... las ganas de decidir. Decidir en primera persona, del plural, en tiempo presente.

En España hay ahora mismo una treintena, aproximadamente, de proyectos de comunidad energética. No les vamos a poner de momento apellido alguno. Ni renovable, ni local, ni ciudadana. Lo dejaremos en comunidad energética. Algunas aún están apenas sobre el papel, apenas dando sus primeros pasos. Otras ya los han dado. Pero si hay algo que tienen todas en común es que están pendientes, todas, de la trasposición de ciertas directivas. Conocen el espíritu de las leyes europeas, pero quieren también tener muy clara la letra pequeña, porque saben que las trasposiciones las carga a veces el diablo.

Unión Renovables agrupa a una veintena de cooperativas de ámbito municipal y/o regional que se dedican a vender electricidad de origen renovable a sus más de 85.000 personas socias, a las que forman e informan sobre el consumo responsable, los ajustes que conviene hacerle a tu factura para ahorrar y/o el sector eléctrico en general. Unión Renovables empezó a trabajar en el desarrollo del concepto de comunidad energética a principios del año 2017, cuando en Bruselas se comenzaba a negociar el texto de las dos directivas.

“Seguimos trabajando en ello”, apunta Alfonso García, el presidente de la Unión. García hace una lectura muy positiva de los dos textos europeos: “las directivas describen las características que deben reunir las comunidades energéticas, y éstas coinciden con el modelo cooperativo y de economía social y solidaria que defendemos. Las definiciones contenidas en las directivas –continúa García– avanzan en el empoderamiento de la ciudadanía en materia de energía, que es algo que todas las cooperativas de Unión Renovables reivindicamos desde nuestro nacimiento, y algunas de nuestras cooperativas tienen cerca de 100 años de antigüedad...”.

Las definiciones son estas
Directiva 2018/2001. Comunidad de energías renovables. Entidad jurídica: a) que, con arreglo al Derecho nacional aplicable, se base en la participación abierta y voluntaria, sea autónoma y esté efectivamente controlada por socios o miembros que están situados en las proximidades de los proyectos de energías renovables que sean propiedad de dicha entidad jurídica y que esta haya desarrollado; b) cuyos socios o miembros sean personas físicas, pymes o autoridades locales, incluidos los municipios; c) cuya finalidad primordial sea proporcionar beneficios medioambientales, económicos o sociales a sus socios o miembros o a las zonas locales donde opera, en lugar de ganancias financieras.

Directiva 2019/944. Comunidad ciudadana de energía. Entidad jurídica que: a) se basa en la participación voluntaria y abierta, y cuyo control efectivo lo ejercen socios o miembros que sean personas físicas, autoridades locales, incluidos los municipios, o pequeñas empresas, b) cuyo objetivo principal consiste en ofrecer beneficios medioambientales, económicos o sociales a sus miembros o socios o a la localidad en la que desarrolla su actividad, más que generar una rentabilidad financiera, y c) participa en la generación, incluida la procedente de fuentes renovables, la distribución, el suministro, el consumo, la agregación, el almacenamiento de energía, la prestación de servicios de eficiencia energética o, la prestación de servicios de recarga para vehículos eléctricos o de otros servicios energéticos a sus miembros o socios.

Ahora lo que hace falta pues –apunta el presidente de Unión Renovables– es que el Gobierno de España trasponga las directivas como es debido. En teoría esa trasposición debe tener lugar a lo largo de este año, aunque no sería la primera vez que un Gobierno español se retrasa en esos menesteres y produce una incertidumbre que no hace más que ralentizarlo todo.

García alerta: “la figura jurídica de las comunidades energéticas, o a través de la cual se van a desarrollar, no existe como tal aún, pues no se ha traspuesto la Directiva. Y, aunque nosotros vemos un encaje total con la figura cooperativa, nadie sabe exactamente la decisión que va a tomar el Gobierno en esta materia. El espíritu de las directivas en cuanto al empoderamiento ciudadano –sostiene Alfonso– es claro, y en otros países se han posicionado en este sentido, pero las definiciones y las interpretaciones que hemos escuchado en los últimos tiempos nos ponen en estado de alerta”.

¿Y cuál sería la definición de comunidad energética de Unión Renovables?
“Conjunto de personas –contesta Alfonso de carrerilla–, tanto físicas como jurídicas (tanto privadas como públicas) que se unen alrededor de un proyecto común, que establecen sus necesidades, sus parámetros de autosuficiencia en materia de energía, que miran hacia su entorno, y se organizan para satisfacer esas necesidades de forma independiente y en condiciones de equidad interna. Las comunidades energéticas renovables permiten autoabastecer no solo el suministro, sino cualquier tipo de necesidad energética, cualquier tipo de servicio, entiendo que también térmico”.

“Lo importante –insiste aquí Alfonso– es la organización social que se genera en torno a la energía; lo importante es que el colectivo decida sobre la energía, y para ello es necesario crear el marco, con las condiciones adecuadas, en cada sitio. Y para ello hay que formar a las personas, informarlas, organizarlas en un modelo que les permita participar de forma activa, que puedan realizar los aprendizajes necesarios y tomar sus decisiones en clave de sostenibilidad (por este orden) medioambiental, social y económica. Todo ello, en el marco del cambio en el que nos encontramos, de transición hacia un modelo renovable y más local”.

Hasta ahí, la teoría. Y, a partir de aquí, la práctica. Las prácticas. Impulsadas desde varias de las cooperativas que forman parte de Unión Renovables. Ejemplos diversos, que van haciendo camino.

La vía soriana
Uno de ellos lo firma la cooperativa Megara Energía, que junto a Red Eléctrica de España (REE), la Caja Rural de Soria y un minúsculo ayuntamiento de esa provincia (37 habitantes) han puesto en marcha un proyecto piloto basado “en el autoconsumo colectivo de electricidad de origen solar y en la participación ciudadana”. El proyecto se ha ido gestando durante los últimos meses y ha comenzado ya a cristalizar. El ayuntamiento se hizo socio de la cooperativa Megara, que es una comercializadora de electricidad solo renovable; Megara hizo una serie de estudios (sobre autoconsumo) en Castilfrío de la Sierra (que es el municipio en cuestión); y Red Eléctrica de España y la Caja Rural de Soria se sumaron a la iniciativa, que ya se está materializando.

Se está materializando sobre el papel y sobre el tejado. Sobre el papel, como “asociación de adhesión libre y gratuita”, que esa ha sido la figura jurídica elegida para dar carta de naturaleza a la comunidad energética. Y sobre los tejados, en forma de dos cubiertas fotovoltaicas, de 7,36 y 5,5 kilovatios pico. La inversión ha sido de algo menos de 30.000 euros (Caja Rural ha contribuido en el desarrollo y los costes de ingeniería) y las instalaciones son propiedad del Ayuntamiento. Los autoconsumos se encuentran (uno) sobre el lavadero y (el otro) sobre un edificio que acoge el consultorio médico (en la primera planta), el ayuntamiento (en la segunda) y una vivienda de alquiler (en la tercera) que el consistorio alquila como manera de fijar población en el territorio (ahora mismo la tiene alquilada). Las cubiertas fotovoltaicas suministran electricidad a las dependencias municipales, el centro social, el consultorio médico, la vivienda en cuestión y el lavadero, desde donde se bombea agua hacia un depósito para su posterior distribución por el municipio. Red Eléctrica prevé un ahorro en gasto corriente para las arcas municipales de en torno al 60% de la factura eléctrica.

Hacendera Solar
La comunidad se ha autobautizado como Hacendera Solar y quiere ser semilla primera de otras muchas. Así, Megara Energía está colaborando ya en la réplica del proyecto en los 16 municipios de la soriana Mancomunidad de Tierras Altas (de la que forma parte Castilfrío). De todos modos, la Hacendera sigue en construcción, según cuenta Raquel Árias, técnica de Megara: “la idea es que se vayan sumando al proyecto los vecinos, pongan sus cubiertas a disposición de la asociación y vayamos poniendo en marcha más y más instalaciones para autoconsumo. Cubiertas fotovoltaicas para autoconsumir y, en el futuro, para compartir los excedentes entre los vecinos”. De lo que se trataría –coinciden en REE– es de “diseñar un modelo de gestión energético que cubra la demanda eléctrica de manera dinámica y ajustada a las necesidades de este tipo de poblaciones”.

“Megara trabajaría como comercializadora al uso y gestionaría todo esto”, señala Raquel. Las dos instalaciones funcionan desde mediados de noviembre (es decir, que vieron la luz precisamente en los meses de menor radiación solar), y, sin embargo –añaden desde REE–, han logrado un 100% de autoconsumo en la elevadora de aguas y un 84% de aprovechamiento en el centro social. Los excedentes vertidos a red se han acogido a la modalidad de compensación simplificada, reduciendo aún más el coste de la factura eléctrica –recalca el operador– y también se ha instalado en el centro social un punto de recarga lenta de para vehículos eléctricos.

Muy avanzada también es la experiencia de Sapiens Energía, otra de las cooperativas de la Unión Renovables. Sapiens opera en la Comunidad Valenciana, una comunidad que ya el año pasado destinó fondos a subvencionar la puesta en marcha de hasta siete comunidades energéticas (ayudas generosas, de hasta el 65% del coste de los proyectos, a fondo perdido). Pues bien, cinco de esos siete proyectos (a los que están asociados unas 800 familias) los impulsa Sapiens Energía, la pequeña cooperativa de Canet D’En Berenguer, que ya llevaba un tiempo trabajando en clave de comunidad energética y que se ha convertido en la auténtica animadora del escenario valenciano.

“No esta siendo fácil –reconoce sin embargo Juan Sacri, fundador y presidente de Sapiens–, porque no solo son modelos en los que son varios y muy distintos los actores que participan, sino también porque al final estamos constantemente innovando... Innovando junto a la administración”. La primera comunidad energética que ha impulsado Sapiens, la que más avanzada está, es la de Albalat del Sorells, un pequeño municipio valenciano (menos de 4.000 habitantes) donde Sacri ha encontrado varios cómplices necesarios: un ayuntamiento receptivo (bipartito Compromís–PSOE) y otra cooperativa, Alterna Coop, que (1) se hizo socia de Sapiens, (2) cedió las cubiertas de su sede social y (3) acoge ahora los casi 70 kilovatios de potencia solar fotovoltaica de esta primera comunidad, y un sistema de almacenamiento en una batería compartida de 25 kWh.

Alterna se dedica a la movilidad eléctrica compartida y tiene en su presidente, Vicent García –cuenta Sacri– un convencido del autoconsumo y las comunidades energéticas. La comunidad energética de Albalat, de la que ya forma parte el ayuntamiento, quiere abastecer inicialmente a unas 60 familias y a media docena de pymes (a estas horas ya se han adherido a la comunidad 30 familias, más una óptica, una panadería, un taller de coches y un supermercado del barrio, cada uno de los cuales ha hecho una aportación determinada; una familia puede amortizar su inversión en seis años y medio, dice Sacri).

La instalación solar fotovoltaica (y el sistema de almacenamiento), que ya están montados, se han financiado con el 65% de la ayuda de la Generalitat y un crédito que ya ha sido cubierto con fondos de los socios. Ahora, están esperando a que la distribuidora –Iberdrola– dé luz verde a Sapiens y pueda comenzar a producir (al cierre de esta edición llevaban dos meses y medio esperando).

Facilitadores, consumidores, inversores
Sapiens es un poco el alma de todo: la que impulsa la creación de la comunidad, la que hace los estudios técnicos, la que ata los cabos... Sapiens vende electricidad a sus clientes y vende electricidad a sus socios cooperativistas. A estos últimos (la condición de socio se adquiere con una aportación de cien euros) les aplica además ciertos descuentos en el precio de las tarifas. Y los socios por supuesto tienen además la posibilidad de participar en alguna de las comunidades energéticas. Pueden hacerlo como facilitadores (ceden por ejemplo el tejado de su casa a cambio de un dinero, como Alterna), pueden hacerlo como inversores y pueden hacerlo como consumidores (y pueden asumir los tres roles a la vez). Sapiens hace el estudio, ejecuta la instalación, la monitoriza y, como dice Sacri, gestiona todos los flujos de energía.

En Albalat, que es un poco el epicentro valenciano de la revolución de las comunidades energéticas locales, en los próximos meses, a esta primera instalación (la de Alterna) se le añadirá una segunda infraestructura de generación, con 53,46 kilovatios pico, que será ubicada sobre las cubiertas de una cooperativa agrícola del pueblo. El proyecto de Albalat sigue en fase de construcción. Sapiens, que se define como una cooperativa sin ánimo de lucro especializada en la creación y gestión de comunidades energéticas, será la persona jurídica titular de la instalación.

Pero Sapiens está metida en otra media docena de pequeñas comunidades energéticas locales que están construyéndose, definiéndose, detallándose en tiempo presente (como la de Albalat). En total, más de trescientos kilovatios en potencia repartidos por Alzira, Llíria, Canet D’En Berenguer, Castellar–l’Oliveral y Fontanars dels Alforins.

La cooperativa sigue además tejiendo redes, sensibilizando, impartiendo talleres, explicando qué es una comunidad energética y qué posibilidades brinda a las familias, a las pymes, a las pequeñas industrias, a los agricultores. A ellos, precisamente, va dirigida la más reciente iniciativa de esta joven cooperativa valenciana, una iniciativa que acaba de anunciar y que está llamada a disparar todos los números hasta aquí recogidos.

Agro-fotovoltaica en comunidad
Porque Sapiens acaba de sellar una alianza con la empresa Transición Energética Solar (Tranesol) “para promover los primeros proyectos agro-fotovoltaicos de España, que se gestionarán bajo la fórmula de comunidad energética”. Otro modelo innovador –explican desde la cooperativa–, entre otras cosas, y además, porque los paneles solares serán instalados en altura, sobre las plantaciones, que son aptas –nos cuentan– para su cultivo bajo sombra.

En una primera fase, Sapiens Energía y Tranesol van a construir dos proyectos en la Comunitat Valenciana, en las localidades de Picassent (1,5 megavatios, MW) y Montserrat (1 MW). La cooperativa estima que permitirán abastecer las necesidades energéticas de unos 500 usuarios por proyecto, tanto particulares, como empresas o dependencias de titularidad pública: “en ambos casos, la potencia podría ampliarse en una segunda fase”.

Los proyectos agro-fotovoltaicos de Picassent y Montserrat –cuenta Sacri– han solicitado ayudas al Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía, adscrito al Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. El resto de la inversión –explica– se cubrirá con las aportaciones de los usuarios que se unan al proyecto como socios de la comunidad energética (a través de la cooperativa Sapiens Energía) y, así mismo, de inversores, particulares e instituciones interesadas.

Es, sin duda, un salto cualitativo. Otro. Pues la historia continúa. Porque el Instituto Valenciano de Competitividad Empresarial, dependiente de la Conselleria de Economía, ya ha anunciado que este año (2021) elevará el importe de la línea de subvenciones a fondo perdido para el desarrollo de instalaciones fotovoltaicas de comunidades energéticas locales desde los 368.000 euros de 2020... hasta los 2 millones de euros. Y las ayudas vuelven a cubrir hasta un 65% de la inversión total.

También en la Comunitat Valenciana está desarrollándose (y también va un paso por delante) el proyecto Comptem: Comunidad para la Transición Energética Municipal. Comenzó a impulsarlo, en 2019, una cooperativa que tiene casi 100 años de historia, la Cooperativa Eléctrica de Crevillent, empresa matriz del Grupo Enercoop, en colaboración con el Ayuntamiento crevillentino y con el apoyo de la Generalitat Valenciana y el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE). El proyecto tiene como objetivo afrontar el reto de la transición energética desde el ámbito municipal y convertir al municipio de Crevillent (Alicante) en una comunidad energética de referencia a escala estatal y europea.

Comptem se apoya en tres pilares fundamentales: desarrollo de un modelo de producción de energía bajo la modalidad de autoconsumo colectivo celular “As A Service”, hibridado con sistemas de almacenamiento de capacidad media, una herramienta digital de divulgación y culturalización energética destinada a la ciudadanía (basada en una aplicación para dispositivos móviles) y, por último, un sistema público de información energética mediante paneles digitales ubicados en espacios exteriores estratégicos del municipio.

Primera célula piloto
Actualmente se ha finalizado la implantación de la primera célula piloto de autoconsumo colectivo a partir de energía solar fotovoltaica (en la pedanía crevillentina de El Realengo). “Esta primera actuación –explican desde Enercoop– ha permitido dar forma al modelo desde el punto de vista tecnológico, económico, administrativo, jurídico y social para posteriormente ir extrapolándolo de forma progresiva al resto de zonas de la población, como si de un panal de abejas se tratase, con nodos de generación cada 500 metros, de acuerdo con la normativa vigente”.

Este primer proyecto se ha desarrollado sobre una parcela de 2.500 metros cuadrados (concesión municipal) junto a un colegio público. Allí, ha sido instalada una cubierta de 600 metros cuadrados de módulos solares con capacidad para generar 180.000 kilovatios hora al año, con lo que se cubrirá el 50 por ciento de las necesidades de los vecinos de su área de influencia (65 viviendas de El Realengo y una población aproximada de 250 habitantes).

Enercoop estima que supondrá ahorros de entre el 15 y el 20% en el término de energía para esas 65 viviendas. Todos los consumidores se encuentran situados en un radio de 500 metros alrededor de la instalación de producción. Además, se está llevando a cabo una optimización de los flujos energéticos y económicos de la instalación mediante modelos avanzados de reparto de la energía entre los miembros de la comunidad de tal forma que se maximicen los ahorros.

Esta primera célula de autoconsumo colectivo tiene una potencia de 120 kWp y cuenta con una capacidad de almacenamiento de 240 kWh mediante baterías electroquímicas de tecnología de ion litio. De forma complementaria, esta planta piloto quiere ser la puerta a profundizar en otros aspectos, como las microrredes inteligentes, la mejora de la calidad y continuidad del suministro eléctrico, las políticas de gestión, agregación y flexibilización de la demanda y las transacciones energéticas y económicas Peer-To-Peer, empleando tecnología Blockchain.

“La planta se encuentra interconectada con la red eléctrica (ongrid) pero está preparada incluso –apuntan desde Enercoop– para su funcionamiento off-grid [aislada de la red], garantizando la continuidad del suministro en caso de fallo en la red”. La actuación destaca “por su integración dentro del ecosistema urbano y social de la pedanía –explican desde la cooperativa–, ya que los propios vecinos han tenido la oportunidad de decidir, a través de un proceso de participación ciudadana abierto por el Ayuntamiento de Crevillent y Grupo Enercoop, aspectos relevantes de la solución arquitectónica y paisajística”.

La parcela pública municipal sobre la que se ha desarrollado la iniciativa Comptem contará con zona verde, pistas deportivas y espacio para usos recreativos. La marquesina fotovoltaica cumple una doble función: por un lado, actúa como superficie receptora de la irradiación solar, albergando los 300 paneles fotovoltaicos (FV); y por otro –explican desde Enercoop–, ofrece a la ciudadanía una zona de sombra armonizada con el entorno.

Proyecto Merlon
Este piloto experimental, que combina la tecnología de autoconsumo colectivo con el almacenamiento energético a media escala, supone una inversión superior a los 400.000 euros de los que 300.000 euros han sido aportados por la Unión Europea a través del proyecto Merlon, enmarcado en el programa Horizonte 2020. En el proyecto europeo Merlon participan 13 socios de 6 países y hay dos proyectos piloto, el de Crevillent y otro más en Austria. En Crevillent, aparte de la impulsora, la cooperativa Enercoop y los facilitadores (el Ayuntamiento y la Unión Europea), han participado la empresa valenciana ETRA I+D y los tecnólogos ATOS y Cobra.

Además, la actuación en El Realengo también lleva asociada la puesta en servicio de una estación de recarga semi-rápida para dos plazas con capacidad de 22 kW cada una, lo que implica una potencia máxima de recarga simultánea de 44 kW, la cual ha sido apoyada por la Generalitat Valenciana, a través del Instituto Valenciano de Competitividad Empresarial (Ivace).

La sintonía de la cooperativa con el ayuntamiento ha sido clave. “La demostrada implicación y convencimiento por parte del Ayuntamiento de Crevillent –lo dice Guillermo Belso, presidente de Grupo Enercoop– es un excelente aval de éxito para este modelo. Desde Enercoop valoramos muy positivamente tanto su predisposición como su responsabilidad al ejercer como facilitador del proyecto. De esta forma, no solo damos un paso más en la andadura con la que una cooperativa tradicional afronta, a través de la innovación, su posicionamiento en el actual marco de transición energética, sino que también damos un gran salto cualitativo en nuestro objetivo de dotar a Crevillent de instalaciones fotovoltaicas de autoconsumo colectivo para lograr precios más competitivos de la energía”.

El proyecto es muy ambicioso. Según explican desde Enercoop, en el periodo 2021-2030 se pretende generalizar este modelo de autoconsumo colectivo celular a todo el municipio de Crevillent (30.000 habitantes), con el objetivo de alcanzar una potencia total en servicio de 5.000 kW, de los que aproximadamente 1.600 kW se desarrollarán sobre cubiertas de edificios o espacios municipales, situadas en el entorno urbano, y el resto en plantas solares de pequeño tamaño (1 a 5 MW) ubicadas en el entorno periurbano del propio municipio.

La Cooperativa Eléctrica San Francisco de Asís de Crevillent, empresa matriz de Grupo Enercoop, nació hace ya casi 100 años, en 1925. Hoy, produce (tiene parques solares fotovoltaicos y centrales minihidráulicas), distribuye (dispone de más de 400 kilómetros de líneas de media –115 kilómetros– y baja tensión, 293) y comercializa electricidad, además de conformar un grupo de compras cooperativo con otras compañías comercializadoras.

Megara-Castilfrío; Sapiens-Albalat; y Enercoop-Crevillent son, probablemente tres de las experiencias (muy distintas entre sí) que más avanzadas se encuentran a día de hoy en España. GoiEner (entrevistamos aquí a su director), La Corriente y Nosa Enerxia también están impulsando, en Euskadi, Madrid y Galicia, experiencias muy interesantes, que empiezan a perfilar, todas, un futuro en el que... frente a los barones del sistema y sus oscuras puertas giratorias, empieza a abrirse para lo común, o sea, para todos-todos los demás, una enorme ventana de luz y oportunidad.

• Este reportaje ha sido publicado en el número de marzo de Energías Renovables en papel. Aquí puedes descargar gratis la revista en PDF.

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