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Santiago Ochoa de Eribe, director de la cooperativa GoiEner

“Hacer solo un autoconsumo colectivo no es necesariamente una comunidad energética”

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Santiago Ochoa de Eribe es director de la cooperativa GoiEner, un proyecto que nació en el año 2012 y que ha ido creciendo hasta convertirse en todo un referente de nuevo modelo. De respuesta a las necesidades energéticas de la ciudadanía. De participación y toma de decisiones. Goiener es cooperativa, comercializadora, productora de energías renovables (tiene instalaciones solares fotovoltaicas, pequeñas centrales minihidráulicas), prestadora de servicios. Es Goiener.
“Hacer solo un autoconsumo colectivo no es necesariamente una comunidad energética”

GoiEner es una cooperativa que vende electricidad de origen renovable. O... ¿qué es GoiEner?
GoiEner es un proyecto ciudadano, cooperativo, energético, que nació en el año 2012 y que emprendió su andadura, con la comercialización de electricidad de origen renovable, en octubre de 2013, de manera cooperativizada. A día de hoy la cooperativa emplea a casi medio centenar de personas, cuenta con más de 13.000 socias, y gestiona más de 17.000 puntos de suministro; el año pasado gestionamos unos ochenta gigavatios hora de electricidad. Por el camino hemos ido constituyendo otras sociedades para la promoción de proyectos de generación de energía renovable. Porque inicialmente solo comercializábamos, pero, en 2018, ya adquirimos una pequeña central hidroeléctrica de cien kilovatios (100 kW), y ahora participamos además en otra, de titularidad municipal, de cinco megavatios (tenemos un 10% del accionariado). Este último año, 2020, hemos puesto en marcha cinco instalaciones para autoconsumo, de las que somos nosotros los promotores, en cinco ikastolas [centros de enseñanza]. Son unas instalaciones un poco peculiares, porque no han sido dimensionadas en función de las necesidades de las escuelas, sino que han sido voluntariamente sobredimensionadas, con el fin de aprovechar al máximo el recurso, o sea, la cubierta de estos edificios. La inversión ha salido de fondos propios, aportaciones voluntarias (400.000 euros) de las personas socias de la cooperativa Nafarkoop, que pertenece al Grupo Goiener. Nosotros somos el promotor: firmamos un contrato de cesión de cubierta para que nos dejaran hacer la instalación y la pusimos en marcha. Así, las ikastolas, desde el primer día, reducen considerablemente la factura que pagan a GoiEner; y nosotros, para amortizar esa inversión, les cobramos una cuota. Te lo explico con un ejemplo: si antes le pagaban a GoiEner cien por la electricidad que GoiEner les suministraba (digo cien por decir una cantidad), pues ahora le pagan a GoiEner 50 y una cuota de 40. Así amortizamos nosotros la instalación, ellos no tienen que invertir ni un céntimo y ahorran desde el día uno.

Bien, vamos al meollo, ¿cómo define GoiEner una comunidad energética?
Para nosotros, una comunidad de energía es una entidad jurídica (esto es muy importante, su condición de entidad jurídica)... una entidad jurídica que debe tener como fines principales el beneficio económico, social y ambiental de las personas que forman parte de dicha comunidad y el entorno en el que se encuentran. Estos beneficios los van a conseguir a través de la promoción, desarrollo, propiedad y, en algunos casos, cercanía a proyectos y servicios que desarrollen las personas que conforman esa comunidad energética. Y, todo ello, en un marco de participación abierta, voluntaria, no discriminatoria... conceptos todos, como el control efectivo o la autonomía de estas entidades, que subrayan aspectos que para nosotros son muy importantes.

¿En qué iniciativas comunitarias está trabajando GoiEner?
Habíamos empezado a trabajar en dos iniciativas el año pasado. Llevábamos dos años analizando todo este movimiento y habíamos empezado a contarlo en algunos foros. Entonces, se puso en contacto con nosotros el Ayuntamiento de Hernani, porque les interesaba el concepto y la idea. Y, en julio del año pasado, hicimos una serie de presentaciones explicando todos estos conceptos, posibilidades... incertidumbres... porque todavía no se han traspuesto las directivas al estado español.

El caso es que nos dijeron “nosotros queremos montar una comunidad energética, y necesitamos que alguien nos ayude”. Y ahí estamos: nuestra labor, ahora, consiste en aportar toda nuestra experiencia, de conformación de cooperativas, experiencia en el ámbito jurídico-administrativo, en el ámbito técnico... para identificar proyectos, recursos; para ver a qué se puede dedicar una comunidad energética según dónde se encuentre, etcétera, etc. Aportamos todo eso y elaboramos procesos de participación para la constitución de estas comunidades.

Eso lo hemos empezado en Hernani. Y en esa línea, pero en una escala más macro, estamos trabajando también en la comarca del Alto Deba, o Debagoiena, donde se encuentra la sede del Grupo Mondragón. Allí han comenzado una especie de proceso de reflexión global que nació con la crisis de Fagor, y están repensando toda la comarca desde los valores del cooperativismo, en una especie de proceso de actualización, y han creado toda una plataforma que está trabajando temas como la inclusión social, lo lingüístico, el futuro del trabajo... Pues bien, en ese marco han creado una mesa de la energía en la que estamos trabajando en la idea de impulsar una o varias comunidades energéticas que desplieguen proyectos y presten servicios relacionados con las energías renovables en el ámbito comarcal.

¿Qué opinión tiene GoiEner de Ekiola, la sociedad que ha creado el Gobierno vasco para impulsar la formación de cooperativas ciudadanas de generación renovable?
Por lo que hemos visto, es un modelo que lo que está promoviendo es la instalación en suelo de plantas de un mínimo de un megavatio fotovoltaico, y buscando la adhesión de municipios para que puedan hacer una labor de avalistas con respecto a estas instalaciones. Se trata de un modelo en el que los ciudadanos tendrían un papel, a nuestro juicio, un poco pasivo. Porque básicamente es adherirte a un producto. La sensación es que parece más un proyecto financiero, vinculado a un PPA [contrato bilateral de compraventa de energía], y que se apoya en la estructura cooperativa. Y quizá pensando un poco en que puedan luego desplegarse las líneas de los fondos europeos. A nuestro pensar, adolece un poco de perspectiva participativa. De todos modos, quizá aún no tenemos toda la información. Lo que sí que estamos viendo es que ahora se le llama comunidad energética a casi todo. Y nosotros creemos que hacer solo un autoconsumo colectivo no es necesariamente una comunidad energética. La verdad es que todo esto se ha puesto un poco de moda. Quizá también porque se está viendo, sobre todo las grandes corporaciones están viéndolo, que esto puede ser un foco de destino de los fondos de recuperación.

• Esta entrevista ha sido incluida en el reportaje Comunidades energéticas: nada más, nada menos, que publicamos en el número de marzo de Energías Renovables en papel. Aquí puedes descargar la revista en PDF.

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