javier garcía breva

La autosuficiencia energética y el sueño de Europa

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“Esta crisis energética es un duro recordatorio de la insostenibilidad del actual sistema energético, dominado por los combustibles fósiles. Tenemos la oportunidad de que sea un punto de inflexión histórico hacia un sistema energético más limpio, más asequible y más seguro”. Así ha definido en un reciente artículo el director ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía, Fatih Birol, la crisis que ha provocado el alto precio del gas por la invasión rusa de Ucrania, como una crisis del modelo energético.
La autosuficiencia energética y el sueño de Europa
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En febrero, Fatih Birol identificó la alternativa que Europa debía aplicar ante el corte de suministro del gas ruso este invierno: más eficiencia energética mediante la rehabilitación de edificios para sustituir la demanda de gas por renovables, dado que el 50% del consumo de energía en Europa se concentra en la calefacción. El problema no es Rusia ni Argelia sino la dependencia europea del gas importado de terceros países, que alimenta la especulación incontrolada en los mercados energéticos y el expansionismo de autócratas como Putin.

El gas no puede ser la solución a los problemas que ha creado
No se está haciendo una lectura correcta de lo que está ocurriendo por la inmediatez de la elevada inflación y la crisis de suministro. Hoy se habla de gas más que de renovables, más de nuevas infraestructuras gasistas que del cambio climático y más de ahorro de energía que de eficiencia energética para no cambiar el modelo energético.

El esfuerzo más importante debería dirigirse a eliminar la dependencia del gas y no a garantizar el suministro, aumentando esa dependencia con otros suministradores e inversiones en nuevas infraestructuras gasistas. De lo contrario, la especulación seguirá elevando los beneficios de las energéticas y los costes de la energía para los consumidores a través de unas reglas de mercado basadas en los precios del gas y de los halcones alemanes del Banco Central Europeo que aceleran la recesión con la subida de tipos de interés.

Los mismos que se benefician de la espiral desorbitada de los precios son los que proponen parar la transición energética con nuevas infraestructuras gasistas, fracking y más nucleares, sin análisis de demanda ni de viabilidad económica, engañando a todos al ocultar que lo pagarán los consumidores en los peajes. Lo más grave es que son los mismos que antes frenaron el desarrollo de las renovables, la generación distribuida y la gestión de la demanda, que ahora serían el fundamento de la autosuficiencia energética de Europa.

El error del gas es el de Europa y España
En 2012 España sufrió el “déficit estructural del sistema gasista” por la infrautilización y sobrecapacidad de sus instalaciones, se paralizaron las inversiones y los consumidores siguen pagando los déficits del sistema en los peajes. Aun así, en 2015 se impulsó el proyecto de convertir a España en distribuidor del gas argelino a Europa para rentabilizar tanta infraestructura ociosa. Ahora, con el gas convertido en arma de guerra, se propone volver a las andadas, sin análisis de viabilidad, pensando en los dividendos que obtendrá el sector gasista a sabiendas de que, si los costes superan los ingresos, el déficit lo pagarán los consumidores.

Úrsula von der Leyen y Kadri Simson, presidenta y comisaria de Energía de la Comisión Europea, iniciaron su mandato calificando al gas como energía de la transición energética y después la etiquetaron, junto con la nuclear, como energías limpias cuando ya se habían convertido en fuentes de alto riesgo. Los mercados mayoristas siguen funcionando para un modelo centralizado que permite a los socios del “pool” especular sin límite con la referencia de los precios del gas. La Comisión aún no ha propuesto como obligatorias las medidas de eficiencia energética de las directivas europeas, como el autoconsumo, las comunidades energéticas, el almacenamiento, la agregación, la movilidad eléctrica o los edificios cero emisiones para eliminar la dependencia del gas ruso y argelino, unidos por los acuerdos entre Sonatrach y Gazprom.

En la pasada década, el eje franco-alemán impuso el “austericidio” a los países del sur rompiendo el sueño europeo de la cohesión social. Hoy, la dependencia del gas, las reglas de formación de precios de la energía y la falta de una política energética común, principios defendidos siempre por Alemania y Francia, han acabado con el sueño de la autosuficiencia energética de Europa.

Las instituciones europeas carecen aún de alternativas serias, porque el ahorro de electricidad solo es una receta coyuntural, ante una crisis que se agrava por momentos y que convierte de facto a la Unión Europea en financiadora de Putin y a España en el mayor importador de gas ruso, con una planificación energética plagada de gas hasta 2030 y 2050.

Mientras el Banco Central Europeo sube los tipos de interés en veinticuatro horas, la Comisión Europea ha tardado más de un año en recoger las peticiones de España para modificar un mercado energético que está roto y gravar los beneficios extraordinarios que las grandes energéticas están obteniendo con el gas. Cuando los veintisiete acuerden una alternativa la recesión habrá llegado y el sueño europeo se habrá quedado en eso.

Midcat es solo un proyecto del sector gasista
De la misma manera que los que defienden la energía nuclear nunca hablan de su coste, plazos, la seguridad nuclear o la gestión de los residuos, quienes defienden nuevos gasoductos con Francia o Italia nunca se refieren al coste, plazos, quién los pagará y menos si su viabilidad está garantizada por la demanda. Es propio del capitalismo concesional que los grandes proyectos los pague la sociedad en su conjunto a través de peajes o impuestos para garantizar los ingresos suficientes a inversores y explotadores de las instalaciones pagadas por todos, aunque sean deficitarias o no se utilicen.

Cuando la Comisión Europea sacó el gasoducto Midcat de la lista de Proyectos de Interés Común (PIC) lo hizo en base a informes que demostraban que la falta de demanda y mercado de gas lo convertían en un proyecto deficitario que acabarían pagando los consumidores. La CNMC apoyó este criterio e informó negativamente las nuevas regasificadoras en Canarias porque incrementarían el déficit estructural del sistema gasista. El Reglamento (UE) 2018/1999, sobre la gobernanza de la Unión de la Energía y la Acción por el Clima, estableció que las nuevas interconexiones solo se autorizarían si el análisis coste-beneficio previo demostraba que los ingresos superaban los costes.

La Comisión Europea exige garantizar la rentabilidad del gasoducto para proteger a los consumidores de un nuevo zarpazo del sector gasista que, como último argumento, lo presentan como la oportunidad para el hidrógeno renovable, una tecnología aún inmadura, cara e incompatible con los gasoductos actuales, que son el gran negocio del gas. Si no se garantiza su rentabilidad tampoco puede ser financiado por Bruselas; sería un precedente injustificable. Resulta dramático ver cómo el gas impacta en los consumidores con incrementos desorbitados en sus facturas y, a la vez, se defienden nuevas inversiones gasistas que aumentarán aún más esas facturas.

La Comisión Europea y el Banco Central Europeo yerran en 2022 como en 2008
La presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, anunció una “intervención de emergencia” para el Consejo Europeo de 9 de septiembre. Hace un año que España propuso la modificación del mercado eléctrico. El Consejo de marzo pidió a la Comisión un informe para el mes de mayo sobre la reforma del mercado eléctrico y aprobó la “excepción ibérica” para limitar el impacto del gas en los precios de la luz en España y Portugal, pero con una compensación al gas que se carga injustamente a los consumidores. Ahora ha pedido a la Comisión que, en una semana, presente medidas para reducir los beneficios extraordinarios de las renovables, nuclear, carbón y petroleras y busque fórmulas para reducir la demanda eléctrica. Pero el acuerdo principal es que “no hay nada decidido aún”.

La reforma del mercado eléctrico ha desaparecido de la agenda comunitaria. Sobre los precios del gas la división entre los gobiernos es tal que el año perdido por Von der Leyen se alargará hasta consensuar un acuerdo. Las medidas de ahorro de electricidad se dejarán a la decisión de cada gobierno y nada se ha acordado sobre activar los instrumentos de eficiencia energética de las directivas para reducir la dependencia del gas y descarbonizar la economía.

A la inacción de la Comisión Europea se ha unido la decisión del Banco Central Europeo, presidido por Christine Lagarde, de subir el 0,75% los tipos de interés para castigar más a los consumidores, repitiendo el error histórico de 2008 que condujo a la gran recesión. La transición energética de un modelo basado en la dependencia de los combustibles fósiles y el crecimiento del consumo a otro basado en la eficiencia y autosuficiencia energéticas deberá esperar otra década. La dependencia del gas en Europa sigue intacta, como la codicia de los que se benefician con la inflación. Solo las decisiones de los consumidores, cada vez más activos, harán avanzar la transición ecológica.

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Sol Mediterráneo
Buen y lúcido artículo, algo escorado. La gravedad de la situación actual, no nos debe ocultar el gran avance que se está produciendo en la transición a energías renovables en España. La energía fotovoltaica lleva añadiendo los tres últimos años más de 5.000 Gwh nuevos anuales, en los próximos años la generación será tan significativa que tendrán que parar los Ciclos Combinado en horas solares. Para garantizar este éxito hay que añadir 5.000 Mw de potencia anuales. El otro objetivo importante (que no se esta cumpliendo) es añadir 3.000 Mw de potencia eólica anuales, esta tecnología se complemente perfectamente con la fotovoltaica en verano (el valle de mediodía lo rellena la solar).
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