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Una “fábrica de luz” enchufada al agua y al sol

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Han pasado casi 20 años y un día te llama un amigo y te dice: “en 1997 me hicisteis una instalación eólico–fotovoltaica en una vivienda aislada que sigue funcionando; y me gustaría saber si los cambios en la normativa sobre autoconsumo me afectan”.  Son los temores lógicos que despierta el impuesto fantasma. Esta es la historia de un molino con historia, que ha producido harina, abatanado lana y fabricado luz. Con agua, sol y viento.
Una “fábrica de luz” enchufada al agua y al sol

Hace unos meses, Alberto Medrano, director de Albasolar –empresa dedicada desde 1993 a la distribución de material fotovoltaico– me escribe para darme dos noticias, una buena y otra mala. La buena es que se ha puesto en contacto con él un cliente al que le hicieron una instalación mixta eólico–fotovoltaica en 1997. “Sigue funcionando perfectamente y estoy encantado”, decía. “Pero he sabido que ha habido cambios en la normativa de autoconsumo y me gustaría saber si me afecta”. Y esta es la noticia mala: el miedo que está sembrando el impuesto al sol. A pesar de ser un impuesto fantasma que nadie paga porque no se está aplicando, los que pretenden embarcarse en el autoconsumo se tientan la cartera, temerosos de lo peor.

Y hasta los que disfrutan de una instalación aislada desde hace dos décadas se preguntan si van a ir ahora contra ellos. De nada sirve que las declaraciones de la inmensa mayoría de los políticos, todos menos los del PP, auguren una corta vida al dichoso impuesto. La jugada para paralizar un sector que beneficia a miles de usuarios y de empresas instaladoras pero perjudica los intereses de las poderosas eléctricas les está saliendo redonda. Y el entorno de las renovables no debería olvidarlo.

Camino Soria
Pero volvamos al molino. Está situado al sur de la provincia de Soria, cerca de Berlanga de Duero. En las estribaciones de la Sierra de Pela, a 1.100 metros de altitud. Y quien nos cuenta su historia es Antonio, su actual propietario.

Es un antiguo molino harinero. Y antes que eso fue batán de mazas, cuando la lana era moneda de cambio. El vellón de lana obtenido del esquileo de la oveja era depositado en tinas con agua caliente y una cierta cantidad de arcilla con propiedades especiales: ‘tierra de batán’. Así se le limpiaba, desengrasaba y daba consistencia tras ser baqueteado por las mazas del batán. De este modo, la lana quedaba lista para la fabricación manual del hilo, ya apto para ser tejido en el telar.

Para uno y otro producto, la harina y la lana, se empleaba el agua como fuerza motriz. Agua que movía una rueda horizontal, también llamada rodezno. El molino tiene, además, un ‘vaso’ o ‘cubo’ de siete metros de altura (foto 1), uno de los mayores de España en su género. Un elemento constructivo singular que sirve para dar mayor velocidad al chorro de agua que incide sobre el rodezno, lo que permite lograr la misma potencia empleando menores caudales de agua, recurso habitualmente escaso en esta área geográfica. El ‘caz’ del molino (foto 2) se abastece de agua del río cercano a través de un canal de unos 670 metros de longitud, que en buena parte de su trayecto está labrado en el lecho rocoso sobre el que asienta.

“Se dispone de fuentes fidedignas que mencionan la existencia de este ingenio hidráulico ya en el siglo XVI –explica Antonio–, si bien en aquel momento adopta la función de batán. Posteriormente, en el Catastro de Ensenada se menciona que dicho batán ‘pertenece a Manuel, Joseph y Antonio de Rello vecinos deste Lugar que… puede baler en renta… año por tener cuatro mazos treinta fanegas de trigo y cevada por mitad’.

En época reciente, ya en su función moderna de molino harinero, aparece como propietario Luis del Olmo, alcalde de Almazán, que en los años 30 del siglo pasado lo adquirió y modernizó. “Aprovechando el mismo cauce de agua, de forma altruista y apoyado en la colaboración entusiasta de las gentes del lugar que en buena parte adoptó una forma popular de trabajo colectivo encaminada a la consecución de bienes comunales, –las hacenderas–,  el recordado Luis acometió  las obras hidráulicas y de edificación necesarias para poner en funcionamiento una ‘fábrica de la luz’, que se alimenta de agua mediante una prolongación del canal del molino, con un recorrido de más de 1.500 metros aguas arriba. De esta forma llevó por vez primera la energía eléctrica a seis pueblos cercanos, contribuyendo en buena medida al progreso de la comarca”.

Abandonado tras la guerra civil, en los años 70 pasó a manos de Martín López Barrena y ya en 1996 fue adquirido por Antonio con el propósito de “ayudar a preservar el patrimonio histórico y cultural que son propios de esta comarca, siempre con respeto al medio ambiente en un entorno de gran belleza y notable biodiversidad”, nos cuenta él mismo.

Rehabilitación artesanal
Antonio es un médico dedicado desde hace tiempo a la investigación. Diez minutos de charla con él son suficientes para conocer algunas de sus grandes pasiones: la historia, la naturaleza, Soria y los sorianos, “gente maravillosa, noble y acogedora, probablemente porque viven en una de las zonas más despobladas de Europa”. Durante años fue miembro de la Asociación para la Conservación y Estudio de los Molinos, vinculada a la Fundación Juanelo Turriano, humanista e ingeniero del siglo XVI al que muchos consideran el Leonardo da Vinci español. La asociación edita una revista, Molinum, que pretende mantener vivo el patrimonio histórico, la arquitectura industrial y, sobre todo, los ingenios hidráulicos. Así que no es de extrañar que Antonio hable del molino como si sintiera palpitar cada una de sus piedras.

Está fabricado en todo su perímetro por sillares de piedra de buena factura, con un grosor medio de los muros próximo al metro, el exterior del molino y su cimentación apenas precisaron reparaciones puntuales. “Sin embargo –recuerda– el interior se encontraba muy deteriorado (la puerta había sido forzada y el lugar era refugio o morada de las especies más variopintas…) por lo que, haciendo honor al espíritu ya mencionado, optamos por una rehabilitación casi artesanal con el objetivo de que pudiera ser utilizado como segunda vivienda pero, también, de que pudiera servir como un espacio encaminado a mantener viva la memoria de las actividades tradicionales basadas en el aprovechamiento de la energía hidráulica”.

Por ello se mantuvo en lo posible su estado original, conservando los cargaderos de madera y sus zapatas, así como las bases de piedra de los pies. También se conservaron, convenientemente reparados, los cercos originales de madera de las ventanas y puertas. Solo se cambiaron, sustituyéndolas siempre por alternativas similares al elemento correspondiente, aquellas estructuras que habían desaparecido o cuyo deterioro era tal que hacía inviable su restauración. Así, con bastante esfuerzo se logró eliminar los restos del revestimiento interior de los muros constituido por una capa encalada de barro y paja. “Y en el suelo de la planta baja, que se encontraba cubierto en toda su extensión por una gruesa capa de los más diversos materiales y residuos, hubo que realizar una excavación que en ocasiones precisó el empleo de técnicas propias de la arqueología”. Así se recuperó, además de diverso material y utensilios antiguos, gran parte de la maquinaria propia de la molienda y ciertos elementos complementarios (limpia, cernedor). “Todo ello con vistas a su eventual utilización, si no en su función tradicional de carácter industrial, si al menos con fines didácticos y recreativos”, reitera Antonio.  

Animados con este espíritu, en la planta baja, además de una cocina de aspecto tradicional, se logró conservar casi intacta la zona de molienda con las dos piedras –meta y volandera–, la tolva, y una ‘cabria’ (una máquina para levantar pesos) en perfecto estado de funcionamiento. En la planta intermedia, a la que se accede por una escalera de doble desembarco diseñada al efecto (la escalera antigua casi había desaparecido) y fabricada en madera de la zona, se encuentra un distribuidor, un baño y dos dormitorios.

En uno de ellos hay dos amplios huecos practicados en el espesor del muro del edificio, que en su día daban acceso al ‘cubo’ y que se han conservado debidamente reforzados ya que cuando el cubo se llena de agua la presión ejercida sobre estas estructuras podría vencer su resistencia provocando una inundación. Finalmente, en lo que era el ‘sobrao’, además de una zona de estar y otra de esparcimiento se ha instalado un chiscón donde se alojan algunos de los equipos que permiten hoy disponer en la casa de agua y energía. Se trata, por un lado, de un acumulador (o calderín) y un equipo filtro-desferrizador (foto 6) donde se depura el agua para el consumo doméstico que se obtiene a partir de un sondeo. Y por otro, de los dispositivos de almacenamiento y control del sistema eólico–solar (foto 5) que proporciona toda la energía necesaria para la vivienda.

Porque hasta aquí no llega la red eléctrica. Y desde el primer momento, Antonio puso la vista en las energías renovables, las mismas que han movido el corazón del molino durante siglos. En el recuadro adjunto se pueden ver los cálculos de consumo y la instalación que Albasolar ejecutó hace casi 20 años. “El aerogenerador dejó de funcionar hace tiempo pero es previsible que vuelva a pensar en la minieólica en un futuro próximo, porque espero pasar temporadas más grandes aquí”, apunta Antonio.

Probablemente orgulloso de haber contribuido a conservar ese patrimonio histórico del que habla. Y feliz, sin duda feliz, por las vivencias que le ha deparado el molino, que lleva en pie más de cuatro siglos, en medio de una naturaleza exuberante y rodeado de “gente maravillosa, noble y acogedora” que habita estas tierras de Soria.

Los números de la instalación
Alberto Medrano y el equipo de Albasolar concluyó la instalación en 1998, después de estimar el consumo para un promedio de un fin de semana cada 15 días a lo largo de todo el año, con un incremento en las vacaciones. Estos eran los cálculos:
– Consumo energético (periodo más favorable): 1.345 Wh/día
– Radiación diaria más desfavorable: inclinación 20° (noviembre): 6.76 Kj/m2  
– Potencia pico campo solar: 300 Wp
– Producción solar de energía (periodo más desfavorable): 413 Wh/día
– Producción eólica de energía (periodo más desfavorable): 236 Wh/día
– Capacidad de acumulación: 10.800 Wh
– Autonomía de la instalación: 4 días.

La instalación se componía de los siguientes elementos:   
– 4 paneles BP-275 de 75 Wp  fijados a la cubierta de teja mediante una estructura de aluminio. Se les dotó de una inclinación de 20° sobre la horizontal y una orientación de 180° con unas tolerancias de ± 5°, situándose de forma que no sean sombreadas en ningún momento del día.
– Un aerogenerador AIR-303 de 12V y 300W (actualmente no funciona) que se colocó adosado a la fachada.
– Un inversor modelo DR1512E de Trace Inverter (SW 2512) de 1.500 W.
– 6 baterías Fulmen S-900 de 900Ah.
– Un regulador de carga GRC 3000 de 30 A de capacidad de carga a 12 V. Isofotón

Además, en una caseta cercana, en el exterior de la vivienda, se instaló un grupo electrógeno Honda de gasolina que se conectó al inversor mediante un cableado subterráneo protegido de forma adecuada.  

En 2001, debido a un aumento en las necesidades de consumo previamente estimadas:
– Se  añadieron otros dos paneles BP-275 de 75 Wp.
– El inversor DR1512E de Trace se sustituyó por el Inverter SW 2512, también de Trace.
– El regulador de carga GRC 3000 se sustituyó por un regulador Isofotón.

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