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Repromesas electorales

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La célebre frase de Abraham Lincoln  “puedes engañar a todo el mundo algún tiempo; puedes engañar a algunos todo el tiempo; pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo” deberíamos tenerla todos muy en cuenta, con motivo de las elecciones generales del próximo domingo, ahora que tenemos aún frescas las promesas hechas por todos los políticos que en ellas participan. Es un artículo de Alberto Cuartas, miembro de la Junta Directiva de Anpier, que se ha publicado hoy en El Diario Montañés.
Repromesas electorales
Alberto Cuartas

Quizás, quien mejor definió el comportamiento de los políticos ante unas elecciones, con el cinismo y elegancia que le caracterizaba, fue aquel sempiterno “viejo profesor”, que fuera primer alcalde del Madrid democrático, Enrique Tierno Galván, en los gloriosos años de nuestra transición política, quien dijo aquello de “las promesas electorales están para no cumplirse”.
      
A los efectos anteriores las energías renovables son un ejemplo perfecto para analizar lo prometido y realizado en esta materia, según estuviesen en el gobierno o en la oposición, por los dos principales partidos que durante estos años se han alternado en la gobernación de España.
      
La introducción y desarrollo de las energías renovables fue planteada inicialmente por el Gobierno del Partido Popular de José María Aznar, si bien no encontró adecuado eco entre los ciudadanos y empresas españolas, quizás porque aún no estábamos suficientemente mentalizados de la importancia de tales energías.

Posteriormente el Gobierno Socialista, dirigido por José Luis Rodríguez Zapatero, dio un paso importante para la consecución de los objetivos planteados por la Unión Europea para el año 2020 –en el que el 20% de la energía generada debe ser de origen renovable– para lo que aprobó un paquete de medidas para animar a realizar las importantes inversiones que tal objetivo exigía. A tal fin se dirigió a las pymes y ciudadanos de a pie –dada la indiferencia mostrada por las grandes empresas del sector– animándoles a invertir en la naciente energía fotovoltaica con campañas en las que les decía “el sol es suyo” y “sus inversiones ayudarán a mejorar el medio ambiente de nuestro país”. Sin embargo, en el año 2010, una vez realizadas las inversiones, el mismo Gobierno Socialista –jaleado por las mismas empresas que antes no habían querido participar y que injustamente echaban la culpa de la subida de la luz a las energías renovables– decidió la reducción, en los siguientes tres años, del número de horas con derecho a las retribuciones prometidas, rompiendo así la legítima confianza depositada por los inversores.

El Partido Popular, entonces en la oposición, dirigido por Mariano Rajoy, puso el grito en el cielo y acusó al Gobierno Socialista de haber engañado a los españoles y exigió mantener las retribuciones ofrecidas a los productores de energía fotovoltaica cuando aquellos hicieron sus inversiones. Como no consiguieron tan loable objetivo, en la tramitación de la Ley, lograron que se elevara en cinco años la vida primada de las instalaciones fotovoltaicas, en vez de los tres que proponía el Gobierno, prometiendo a los afectados que cuando gobernaran repondrían totalmente las condiciones con las que habían realizado sus inversiones.

Sin embargo, cuando el Partido Popular llega al poder no solo no cumple sus promesas sino que en el 2013, bajo el impulso de los hermanos Nadal, puso patas arriba todo el sistema y redujo los ingresos a los productores fotovoltaicos desde cero, a unos pocos, hasta casi el 50%, a otros muchos. Criterio, el que les dio la gana, pues nada negociaron con los afectados.

Naturalmente, el PSOE, entonces en la oposición, se opuso con firmeza a tal arbitrariedad –haciendo confesión del error cometido en el 2010– prometiendo, por boca del actual presidente del Gobierno, que tan pronto llegasen nuevamente a la gobernación del país repondrían las condiciones iniciales de los productores de energía fotovoltaica.

Nuevamente el PSOE en el Gobierno, después de la moción de censura contra Mariano Rajoy, anunció la supresión del impuesto al sol y el del 7% a la generación eléctrica. Sin embargo la realidad es que el primero, siendo importante para el desarrollo de la energía fotovoltaica, en nada afectaba a los productores perjudicados por las medidas anteriores, y que el segundo tan solo tenía una vigencia de seis meses, habiendo sido nuevamente activado el pasado 1 de este mismo mes.

El Gobierno también prometió anclar la rentabilidad de las plantas fotovoltaicas anteriores al Real Decreto Ley 9/2013 en el 7,39% –rentabilidad que la mayoría de dichos productores no han visto nunca ni de lejos, diga lo que diga el Tribunal Supremo, quien se niega, algún día igual explican por qué, a comprobar el interés real obtenido por cada afectado, mucho más después de las sucesivas sentencias de los tribunales internacionales de arbitraje en favor de los inversores extranjeros– medida que dijeron apoyar también todos los Grupos Parlamentarios del Congreso de los Diputados, incluido el Mixto. La convocatoria de elecciones, explicó la ministra del ramo, les obligó a aplazar tales promesas. ¿Las recuperarán, unos y otros, una vez formado el nuevo Gobierno o las echarán al cajón de las promesas incumplidas? Y la plena restitución de las condiciones iniciales, ¿las harán efectivas, por fin, los partidos que tal cosa afirmaron cuando estaban en la oposición o considerarán ya tales promesas amortizadas?

Una vez más, durante la campaña electoral que ahora termina, los distintos partidos y candidatos han hecho nuevas promesas sobre todo lo divino y humano. Lógico es, a la vista de los ejemplos anteriores, que muchos piensen que, como decía el “viejo profesor”, las mismas estén destinadas a su incumplimiento. Sin embargo, yo quisiera creer que esta vez no será así. Espero que el tiempo no me quite la razón.

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