El termómetro del futuro continúa prácticamente inmóvil. Según Climate Action Tracker (CAT), la proyección de calentamiento basada en los compromisos entregados por los gobiernos para 2030 y 2035 se mantiene en 2,6 grados, exactamente igual que el año pasado. La lectura es clara: las nuevas Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC) no han acercado al mundo al límite de 1,5 grados -en el mejor de los escenarios- establecido en París.
La falta de ambición pesa. De los 40 gobiernos analizados por el CAT, casi ninguno ha revisado al alza sus metas para 2030, consideradas fundamentales para estabilizar la temperatura global. Las metas a 2035 tampoco incorporan planes de acción capaces de modificar la trayectoria general del calentamiento, que ya va rumbo a un aumento de 3 grados respecto a los niveles preindustriales, es decir, la temperatura media del planeta antes de que la humanidad empezara a quemar carbón en cantidades importantes en la segunda mitad del siglo XIX.
Desde Climate Action Tracker señalan que el ligero descenso de 0,1 grados en la proyección asociada a las políticas actuales —también situada en 2,6 grados— no responde a transformaciones reales, sino a un ajuste metodológico que amplía la representación de las trayectorias de emisiones de China hasta finales de siglo. En paralelo, el escenario de "promesas y objetivos", que incluye metas de neutralidad climática, ha empeorado levemente, de 2,1 grados a 2,2 grados.
Ausencias que devalúan las cumbres del clima
Además, la retirada de Estados Unidos del Acuerdo de París y su ausencia total en la COP30 -sumada a la no asistencia de los presidentes chino e indio, Xi Jinping y Narendra Modi- eclipsa las señales de progreso del resto de países, invalida sus compromisos previos, y convierte este tipo de cumbres climáticas en poco más que un concierto de teloneros, a la espera de que los cabezas de cartel de la contaminación global salten al escenario.
Mientras tanto, la brecha entre los objetivos climáticos y la senda compatible con 1,5 grados continúa ensanchándose. El CAT estima que crecerá en dos gigatoneladas de CO2 equivalente (GtCO2e) entre 2030 y 2035, hasta alcanzar las 31. Y aunque el escenario más optimista del organismo se mantiene en 1,9 grados, sigue siendo insuficiente para cumplir el espíritu del Acuerdo, que cada vez se parece más al sueño de una noche de verano.
Las emisiones mundiales no han cedido desde 2020; en algunos casos incluso han aumentado, impulsadas por la expansión de nuevas infraestructuras fósiles. Para Ana Missirliu, del NewClimate Institute, el retraso erosiona la confianza internacional y deja a la comunidad global avanzando hacia la COP30 con compromisos incompletos. Bill Hare, director de Climate Analytics, advierte que sin recortes rápidos y profundos —más del 50% para 2030— el mundo se encamina a un rebasamiento peligroso del umbral térmico.
La esperanza renovable
Aun así, los expertos reconocen el impacto del marco de París. Niklas Höhne, del NewClimate Institute, recuerda que en 2015 las políticas vigentes proyectaban un calentamiento de 3,6 grados para 2100. Una década después, esa cifra se ha reducido un grado. Pero insiste en que los gobiernos deben acelerar: la expansión de energías renovables permite recortes más veloces de lo previsto, siempre que exista voluntad de fortalecer los compromisos y garantizar transparencia.
El aviso vuelve a sonar con fuerza: la ventana de oportunidad para evitar un calentamiento irreversible está entreabierta. Cada nueva inversión en combustibles fósiles compromete vidas y territorios frente a fenómenos extremos cada vez más frecuentes. Y es que "la atmósfera no negocia", recuerda el informe; el tiempo para actuar se evapora al calor del cambio climático causado por la humanidad mientras el planeta espera decisiones que aún no llegan.
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