“Acabo de releer mi último libro, Electricity vs Fire: the fight for our future (Electricidad versus Fuego: la lucha por nuestro futuro) –explica Patterson–. Es la primera vez que lo hago desde que lo escribí y me complace descubrir que en realidad es bastante bueno. Hace tiempo que me he dado cuenta de que acaba demasiado pronto, antes de llegar a la conclusión que debería haber incluido. El punto clave es que la electricidad libre de fuego se produce mediante tecnología física, infraestructura, y también son infraestructura los servicios que deseamos de la electricidad como el confort, los alimentos cocinados, la iluminación, la fuerza motriz y la gestión de la información.
En la Electricidad de Infraestructura no se consumiría nada. En lo que hemos venido llamando Sociedad de Consumo, sólo se consumirían alimentos y bebidas. Las actividades humanas implicadas serían fabricar y mantener la infraestructura, extrayendo y procesando los materiales usados. Entonces, la Sociedad de Consumo se convertiría en una Sociedad Fabricante, haciendo cosas que querremos que duren. ¿Cómo decidiríamos, gestionaríamos y financiaríamos estas actividades? No habría mercado de productos básicos en unidades de electricidad, no sería necesario.
Imagínese un sistema eléctrico local bastante pequeño, quizás una universidad, un aeropuerto, un hospital, un centro comercial, una urbanización o un barrio residencial. Toda la superficie disponible estaría cubierta de fotovoltaica. Cada casa tendría un coche eléctrico, equipado con un software que permitiría que su batería formara parte del sistema eléctrico siempre que estuviera conectada, cargándose y descargándose según lo requiera el resto del sistema, controlado por el software del sistema. Si estas baterías no fueran suficientes para hacer funcionar todas las cargas del sistema, el sistema tendría otras baterías separadas, quizás en las casas, para compensar el déficit. Posiblemente, también aerogeneradores para contribuir, alimentando el sistema quizás a través de líneas de alta tensión en corriente continua.
Todos los edificios del sistema serían térmicamente pasivos, manteniendo a sus habitantes protegidos y cómodos como infraestructura, sin calefacción ni refrigeración adicionales. Toda la iluminación sería LED, que se encendería o apagaría mediante sensores según corresponda. Todas las demás cargas del sistema serían motores eléctricos de óptima eficiencia en aparatos con controladores de software. Los componentes electrónicos que requirieran corriente continua serían accionados por un cableado de corriente continua separada, alimentada por generación en corriente continua. Ninguna incluiría las habituales fuentes de alimentación ineficientes de corriente alterna a corriente continua.
La generación total del sistema sería suficiente para hacer funcionar todas las cargas siempre que fuesen necesarias. Toda la infraestructura funcionaría con Electricidad de Infraestructura que operaría constantemente. Todo, simplemente, funcionaría. Nada de la electricidad que fluye por el sistema se contaría ni se mediría. No haría falta. Quienes viven y utilizan el sistema pagarían un precio fijo mensual o de otro modo, un precio, como un impuesto local por los servicios para amortizar el coste de inversión de la configuración del sistema. Además de un pequeño cargo adicional por pagar a los que mantendrían todo el sistema en funcionamiento.
Si esta imagen parece atractiva, ¿es plausible? Podría ser un modelo para lo que necesitamos, eliminando el fuego de la sociedad humana. ¿Cómo debemos hacerlo? La Electricidad de Infraestructura nos ofrece una gran variedad de posibilidades con las que trabajar. Si este modelo es una pista, debemos averiguar cómo llegar desde aquí. Donde estamos ahora está muy lejos del modelo de Electricidad de Infraestructura, desde un punto de vista institucional, técnico y financiero. Sobre todo, debemos cambiar la mentalidad, cómo pensamos sobre la electricidad en la sociedad.
En la década de 1880, Thomas Edison cobraba a sus nuevos clientes una tarifa fija según el número de lámparas que querían utilizar. Vendía iluminación, lo que querían sus clientes, no electricidad. Y él proporcionaba todo el sistema, toda la infraestructura de iluminación, incluidas las lámparas, por lo que debía hacer que todo el sistema fuera lo más eficiente posible, para mantener el coste para los clientes en un nivel tolerable.
La electricidad no era entonces una mercancía separada sino que formaba parte del sistema que proporcionaba iluminación, el servicio que la gente deseaba y pagaba. No el extraño acuerdo que tenemos ahora, porque la ineficiencia es lo que los vendedores de electricidad desean, que es vender más electricidad.
La forma en que pensamos ahora sobre la electricidad no aborda la necesidad de eliminar el fuego. Esta nueva forma sí lo hace. Por tanto, deberíamos averiguar cómo hacer que suceda”.
Hasta aquí, el inspirador mensaje de Navidad y de año nuevo de Walt Patterson. Quien tenga interés en leer la rupturista obra Electricity vs Fire –donde apenas aparece escrita la palabra “energía”, pese a que la obra habla solo de energía– está disponible la versión en catalán (Electricitat vs foc: la lluita pel nostre futur), que fue posible gracias a la asociación Eurosolar Catalunya. No está traducida al castellano.
Walt Patterson estuvo en Barcelona para participar en la XXV CCFSNiES (abril 2011), que se celebró bajo el título Mudant l’energia: Què s’ha fet malament i què s’hauria de fer? Su aportación fue Changing the way the world Works (Cambiando la forma en que funciona el mundo).
