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ONG y empresas químicas y de biotecnología se unen en la petición de objetivos para los biocarburantes avanzados

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La demanda a la Comisión Europea para que establezca objetivos claros y definidos a partir de 2020 para los biocarburantes de segunda generación ha unido a la industria del sector, los ecologistas y empresas químicas y biotecnológicas de desarrollo de estos combustibles. Dupont, Novozymes, UPM y Transport & Environment, entre otros, se dan la mano a través de Biofrontiers en este cometido. Mientras, los agricultores europeos, a través de Copa-Cogeca, claman contra las intenciones de la CE de eliminar progresivamente los biocarburantes convencionales, porque afectaría a sus ingresos adicionales y sería otro duro golpe para ellos y la economía en general.
ONG y empresas químicas y de biotecnología se unen en la petición de objetivos para los biocarburantes avanzados

La publicación en julio de la estrategia europea para una movilidad baja en carbono por parte de la Comisión Europea (CE), en la que, entre otras cuestiones, se plantea la eliminación progresiva de los biocarburantes convencionales en los objetivos de energías renovables en el transporte, sigue trayendo cola. En la misma estrategia no acaba de plantearse un objetivo definido para los biocarburantes avanzados, o de segunda y tercera generación, de ahí la reacción, pidiendo ese objetivo, de una plataforma recién creada: Biofrontiers.  

Biofrontiers, que recoge unas demandas similares a las que viene haciendo Leaders of Sustainable Biofuels (LSB) desde hace más de tres años, plataforma que comparte con aquella varios socios (Clariant, Biochentex y UPM), une a productores de biocarburantes, empresas químicas y biotecnológicas que los desarrollan y ONG. Entre estas últimas está T&E, abiertamente crítica a los biocarburantes convencionales. Dupont, Novozymes, el Instituto para la Política Ambiental Europea y la European Climate Foundatio son otros de los socios de Biofrontiers.   

Cuentan con los aceites de cocina usados
“Estamos seguros de que, incluso con una reducción de la dependencia global del petróleo, una fracción significativa del transporte europeo se basará en combustibles líquidos sostenibles”, se sostiene en el documento de presentación de Biofrontiers. Prosiguen que “el desarrollo de una industria sostenible de combustibles bajos en carbono es la única manera de lograr una mayor descarbonización de la demanda futura”.

Aunque desde LSB se llegó a cuestionar que los biocarburantes a partir de aceites usados contabilizaran entre los avanzados, ahora Biofrontiers sostiene que el mantenimiento de su producción requiere un apoyo continuo. En paralelo demandan políticas de apoyo a la inversión y comercialización de nuevas tecnologías innovadoras de combustible bajos en carbono.

Asegurada la sostenibilidad y baja aportación en carbono, esta nueva plataforma demanda de la CE un objetivo “vinculante realista y responsable” que ofrezca garantías de solidez a los productores hasta 2025, para incrementarlo de cara a 2030. Asumen que se deben garantizar “profundas disminuciones de emisiones en el ciclo de vida y salvaguardar los alimentos, el suelo, el agua y la biodiversidad”. Y recalcan: “muchos biocarburantes a partir de desechos y residuos tienen muy bajas emisiones de carbono en comparación con los combustibles fósiles; por el contrario, otros biocarburantes ofrecen poco o ningún beneficio, sobre todo cuando se asocia a la deforestación”.

“Vitales para reducir el déficit de proteínas para el ganado europeo”
Desde Copa-Cogeca (confederación europea de organizaciones profesionales y cooperativas agrarias) piensan todo lo contrario sobre esos últimos biocarburantes a los que se refieren en Biofrontiers. En una nota de prensa lanzan una advertencia en contra de los planes de la CE de reducir progresivamente la incorporación de biodiésel y bioetanol actuales después de 2020, al considerarlos “vitales para reducir el déficit de proteínas de la UE en la alimentación del ganado, descarbonizar el sector del transporte y ayudar a los países a alcanzar los objetivos climáticos.

Esta postura la dieron a conocer durante una cena-debate organizada por la Alianza Europea para las Oleaginosas en el Parlamento Europeo esta semana, aunque esta última organización mostró su rechazo a la propuesta de la CE nada más conocerla. El presidente del grupo de trabajo Oleaginosas del Copa-Cogeca, Arnaud Rousseau, declaró estar muy preocupado porque “los agricultores están afrontando ya retos excepcionales y retirarles los ingresos adicionales que les reporta la producción de biodiésel sería otro duro golpe para ellos y para la economía en general”.

“Los agricultores europeos no tienen por qué cargar con el efecto indirecto en otras tierras”
En Copa-Cogeca defienden que “el biodiésel contribuye igualmente a reducir la volatilidad del precio de las oleaginosas, a la vez que se protege la biodiversidad". Su secretario general, Pekka Pesonen, añade que estos biocarburantes “equilibran el mercado de las materias primas y aseguran un buen suministro de piensos, ya que sólo una fracción de la colza o del trigo se usa para producir biodiésel o bioetanol, el resto es un subproducto rico en proteínas que se usa para pienso”.

Recuerdan que por cada litro de bioetanol que se produce, salen entre uno y 1,2 kilos de materia proteaginosa, y que el 60% de las semillas de colza se transforman en harina. Por último, apostillan que los agricultores europeos no tienen por qué cargar con el principal problema que se asocia a los biocarburantes de primera generación: “los supuestos efectos indirectos de las emisiones de dióxido de carbono causados por la deforestación y la conversión de las turberas de los países no miembros de la UE”.

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