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Biocarburantes: la investigación sigue con glicerina y desperdicios alimentarios

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No es la primera vez que se producen biocarburantes con glicerina, que a su vez es un subproducto derivado de la fabricación de biodiésel, ni con residuos de alimentos, pero las líneas de investigación siguen activas para mejorar la eficiencia y rendimiento de los procesos. Aún pendiente de aclarar la prioridad que se le dará en la UE a estos residuos para otros usos, como el compostaje u otras líneas de producción industrial, InKemia prueba de forma satisfactoria su biodiésel de glicerina en coches y aventura su utilización en flotas de vehículos e incluso su producción comercial.  

Biocarburantes: la investigación sigue con glicerina y desperdicios alimentarios
Prueba de circulación con biodiésel a partir de glicerina

Durante cuatro años, el proyecto Grail, acrónimo de Glycerol biorefinery approach for the production of high quality products of industrial value y encuadrado en el Septimo Programa Marco de la Comisión Europea, tuvo como objetivo investigar el desarrollo de procesos industriales óptimos y rentables dentro del concepto de birrefinería a partir de residuos como la glicerina.

Gracias a Grail, que concluyó a finales del pasado año, su socio coordinador, el grupo InKemia, empresa de investigación y desarrollos tecnológicos radicada en Mollet del Vallès (Barcelona), ha logrado presentar y probar uno de los productos obtenidos del proyecto. Se trata del biodiésel denominado O-Bio, elaborado a partir de aceites de cocina usados, grasas animales y glicerina resultante del propio proceso de elaboración del biocarburante.

Prueba histórica
En un vídeo subido a Youtube, Carles Estévez, director científico de InKemia, afirma que la prueba supone "un hito histórico”, ya que “es la primera vez que conseguimos que un coche circule con este biocarburante con la suficiente calidad para que no provoque interferencias ni problemas en los motores comerciales diésel”.  

Aparte de constatar reducciones de gases contaminantes de hasta el treinta por ciento, desde la empresa se asegura que para el próximo año será posible contar con este biodiésel para abastecer flotas de ayuntamientos y empresas. Incluso aseguran que se piensa en construir una planta comercial en Portugal y otras de carácter modular.  

“Licuefacción hidrotermal”
Casi a la par, desde el Instituto Politécnico Worcester de Estados Unidos se daban a conocer los resultados, también satisfactorios, de la producción de biocombustibles a partir del aprovechamiento de alimentos desperdiciados. Como en la mayoría de estos procesos, el desarrollo y empleo de catalizadores que lo mejoren y lo hagan más eficiente es transcendental.

Previamente, los investigadores diseñaron un proceso de “licuefacción hidrotermal”. Según explican, con esta tecnología la biomasa húmeda (residuos de alimentos) se coloca en un reactor y se expone a altas temperaturas y presiones. “Bajo estas condiciones, los hidrocarburos en la biomasa se descomponen para producir un biocombustible similar al petróleo”, añaden. El problema es que se genera mucha cantidad de agua residual que no se convierte en biocombustible.  

El papel básico de los catalizadores
Por este motivo, decidieron agregar catalizadores a la reacción de licuefacción, para reducir la cantidad de compuestos de carbono perdidos y aumentar el rendimiento. En la nota de prensa del Instituto Politécnico de Worcester explican que “experimentaron con dos tipos de compuestos: carbonato de sodio (Na2CO3), un catalizador homogéneo, y un grupo de catalizadores heterogéneos conocidos como óxidos mixtos de cerio-zirconio (CeZrOx)”.
 
Michael Timko, profesor asociado de ingeniería química del instituto, concluye que “al agregar estos catalizadores hemos sido capaces de aumentar el rendimiento del biocombustible y reducir la pérdida de compuestos en la fase acuosa en un cincuenta por ciento, lo que resulta muy prometedor".

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