termosolar

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Más de mil cien megavatios de potencia termosolar (1.100 MW) han visto la luz en 2018. Nunca antes, en un solo ejercicio, fue instalada tanta potencia termosolar. La más española de las tecnologías renovables llega ya a todos los continentes. Lo hace de la mano de empresas asturianas, madrileñas, andaluzas y vascas, que están llevando la mejor Marca España a Chile, Suráfrica, Marruecos o Dubai; a Estados Unidos, China, México y Australia. Sin embargo, en España, la termosolar lleva un quinquenio congelada por un marco regulatorio que no entiende su singularidad. Luis Crespo, el presidente de la Asociación Española para la Promoción de la Industria Termosolar (Protermosolar), repasa en las líneas siguientes lo que ha significado 2018 para esta tecnología y señala lo que está por venir.
La termosolar se expande a ritmo de récord por los 5 continentes

Hay varios hechos que indican y apoyan la consideración de este 2018 como un año muy relevante para el sector termosolar.  El primer hecho es la puesta en marcha de la mayor potencia anual en toda la historia de esta tecnología. En concreto, más de 1.100 megavatios (MW) se habrán puesto en marcha en 2018 en todo el mundo.

El segundo es que esta capacidad se ha instalado básicamente en países de África y Asia en los que su presencia era poco significativa pero que cuentan con un elevado potencial termosolar. Esto nos permite asegurar que ya existen importantes referencias comerciales en todos los continentes y, lo más importante, que estas referencias están provocando que los responsables energéticos de los países del cinturón solar estén comprobando la utilidad del almacenamiento térmico para aportar flexibilidad a los sistemas eléctricos junto a la fiabilidad del funcionamiento de la tecnología.

Además, en esos países se está constatando el impacto tan positivo en el propio PIB y en la creación de empleo que lleva aparejados la construcción de las centrales termosolares, revitalizando, además, las industrias existentes de otros sectores y creando tejido industrial y tecnológico en los países en los que se instalan.

Un tercer hecho es que, aunque en España desde 2013 no se construye ninguna planta termosolar, empresas españolas han tenido una participación muy importante en la mayoría de las centrales que se han construido en todo el mundo en 2018. Centrales en China emplean componentes y equipos suministrados por fabricantes españoles, como Rioglass, Suaval, Refractaris, entre otras, e ingenierías y empresas EPCistas como Abengoa, Aries o Empresarios Agrupados. Las centrales de Suráfrica han contado con una participación muy importante de Cobra, Abengoa, Acciona, Sener y TSK, esta última también ha participado en la constricción de la planta de Kuwait. Por su parte, Sener ha sido la encargada de la construcción de los subsistemas solares de las nuevas centrales cilindro parabólicas y de torres de Marruecos, también con suministros de fabricantes españoles, que han constituido un importante hito para el sector.

Un cuarto hecho trascendental es la reducción de costes alcanzados en varios concursos internacionales. Solo un ejemplo: el proyecto de 700 MW de Dubái, emirato que cuenta con un nivel de radiación directa anual (DNI) similar al del sur de España, venderá la electricidad termosolar a un precio de unos 7 c€/kWh, precio sensiblemente inferior al ofertado por nuevos ciclos combinados.

Adicionalmente a los hechos anteriores es la preocupación creciente sobre la necesidad de satisfacer la demanda a partir de la puesta de sol, como va a ocurrir en muchos países, entre ellos España, en breve. Por ello, se hace cada vez más patente la necesaria complementariedad entre la tecnología termosolar y la fotovoltaica (FV). La combinación entre ambas tecnologías, en la que la FV suministraría electricidad durante el día y la termosolar ayudaría a esta en las últimas horas diurnas y generaría electricidad durante toda la noche, desplazaría la necesidad de respaldo con gas natural, reduciendo emisiones y a un precio medio imbatible por cualquier otra tecnología convencional o renovable.

De hecho, la viabilidad de dicha estrategia de generación ya la ha demostrado Protermosolar en su informe «Transición del Sector Eléctrico. Horizonte 2030», que subraya el necesario papel que puede y debe tener la industria termosolar durante la próxima década en nuestro país.

El informe demuestra que, gracias a las centrales termosolares, otro mix de generación es posible y deseable, sin térmicas de carbón ni nucleares, alcanzando el 85% de generación renovable en 2030, con unas emisiones (excluidas cogeneración y residuos) de tan solo 5 millones de toneladas de CO2.

Las tecnologías solares, FV y termosolar, combinadas inteligentemente pueden ser la principal fuente de electricidad del futuro, a un precio combinado imbatible. España es el país de Europa con mejores condiciones para la implantación de centrales termosolares, lo que le proporciona una ventaja importante frente a las grandes dudas que tienen los países centroeuropeos respecto al problema de gestionabilidad de las renovables fluyentes.

Las centrales termosolares permitirían empezar a construir un horizonte 2030 con reducida función del gas como respaldo, basado en una tecnología existente y demostrada en España, en la que nuestro país es líder mundial con excelentes perspectivas en el emergente mercado exterior y que tendría una contribución destacada al impulso de la economía y el empleo.

Además, su coste, como ya hemos apuntado, es actualmente muy inferior a la alternativa de las baterías y casi competitivo en la actualidad al mantenimiento del respaldo con gas, con la diferencia de que los precios de la termosolar continuarán bajando mientras que los de los ciclos continuarán subiendo.

La clave está en que esas nuevas centrales termosolares estarían dotadas de sistemas de almacenamiento en torno a las 12 horas y su despacho se realizaría a partir de las últimas horas de la tarde, respondiendo a la famosa “curva de pato” a la que abocaría cada día la fotovoltaica con la necesidad de grandes rampas de entrada en operación cuando comienza a caer el sol.

El mismo problema con la falta de gestionabilidad de las renovables fluyentes lo tienen la mayor parte de los países europeos que se encuentran en estos momentos en un mar de dudas. Solo España y Portugal cuentan con las condiciones necesarias para un despliegue termosolar de cierta relevancia, con posibilidades incluso de exportar ese valioso suministro eléctrico a partir de la puesta de sol. 

La transición exige que el respaldo a las renovables fluyentes lo den mayoritariamente las renovables gestionables, como la termosolar y la gran hidráulica (con el bombeo que sea económicamente viable). La biomasa también podría aportar una contribución significativa y muy flexible a nivel estacional. La proactividad en la gestión de la demanda, los contratos de interrumpibilidad y las interconexiones harían el resto.

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