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Covid-19

Una elevada diversidad genética actúa como cortafuegos frente al coronavirus y diluye su propagación

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Ecologistas en Acción sostiene que los ecosistemas sanos constituyen “una barrera natural de control de plagas y patógenos”. Y al revés: la destrucción de los ecosistemas (para extraer recursos minerales o biológicos o para urbanizar) “nos expone a peligros inciertos”. La oenegé (1) avisa de que, cuando el equilibrio natural se rompe, “aumentan las posibilidades de que virus potencialmente patógenos crucen la barrera de especie y puedan infectar al ser humano”, y (2) alerta: “se estima que podría haber 1,7 millones de virus desconocidos que podrían dar el salto a la especie humana”. Ecologistas considera así imprescindible detener la destrucción de la biodiversidad (y entender el vínculo que ese fenómeno con el aumento de enfermedades infecciosas) y por eso reclama "mayor inversión en materia de investigación y sanidad".
Una elevada diversidad genética actúa como cortafuegos frente al coronavirus y diluye su propagación

Ecologistas en Acción difundió ayer un comunicado en el que hace un llamamiento a la sociedad y al Gobierno de España para que tomen medidas que detengan la actual emergencia ecológica “y se restablezca el equilibrio entre naturaleza y civilización”. Ecologistas hace ese llamamiento en el marco de la crisis desatada por el coronavirus SARS-CoV-2, causante de la enfermedad Covid-19, extendida ya por casi todo el mundo. La contagiosidad y letalidad de este virus, mayores que las de la gripe estacional, están requiriendo -como es sabido- la paralización casi completa de la actividad económica y del funcionamiento habitual de la sociedad en muchos países (entre ellos, España).

Pues bien, en ese marco, Ecologistas recuerda que la comunidad científica “lleva años alertando del riesgo de la aparición de una enfermedad de estas características”. La Organización Mundial de la Salud (OMS) incluyó en 2018 en la lista de “patógenos infecciosos más peligrosos para la salud global” la denominada “enfermedad X”, que representa “una enfermedad aún desconocida con la capacidad de causar una infección global descontrolada”. La inclusión de este concepto buscaba y busca anticipar eventos de la magnitud de esta crisis a la que ahora se enfrenta la humanidad y para la que, visto lo visto -apuntan desde esta oenegé-, no estábamos preparados. Ecologistas en Acción considera que, ahora más que nunca, la sociedad debe seguir las directrices marcadas por la ciencia, que lleva muchos años denunciando una mala gestión de los recursos naturales.

Zoonóticas
El origen del coronavirus SARS-CoV-2 se encuentra aún en tela de juicio, si bien parece que la enfermedad se inició tras el contagio de un ser humano a partir de una especie animal. A las enfermedades causadas por virus, bacterias, parásitos u hongos provenientes de animales que infectan a humanos se las denomina “enfermedades zoonóticas”. El 60% de las enfermedades infecciosas humanas registradas son zoonóticas, y el 75% de las enfermedades infecciosas nuevas también tienen origen animal. Para que una enfermedad infecciosa se transmita se requiere la interacción de múltiples especies.

Como mínimo -explican desde Ecologistas-, intervienen el patógeno y su huésped, pero a menudo son varias las especies de huéspedes que pueden albergar ese patógeno, y en numerosas ocasiones se requiere una especie intermedia, como mosquitos, garrapatas o pulgas, a la que se denomina vector. Esta especie intermedia es la que trasmite la enfermedad infecciosa hasta su huésped final. Las enfermedades transmitidas por vectores representan aproximadamente el 17% de las enfermedades infecciosas y afectan a más de 1.000 millones de personas cada año.

Pues bien, “numerosos científicos y científicas -apuntan desde Ecologistas- coinciden en que la pérdida de biodiversidad implica en la mayoría de los casos un aumento en el riesgo de transmisión de estas enfermedades”. Las especies que tienden a sobrevivir en ecosistemas alterados o perturbados suelen tener mayor predisposición a albergar y transmitir enfermedades infecciosas. Y al revés: “una mayor diversidad de especies -explican desde la oenegé- implica un efecto de dilución, ya sea por el aumento de número de especies en la cadena de contagio o por el efecto cortafuegos natural que provoca una alta diversidad genética, entre otros factores”.

El caso Covid-19
La especie huésped original del Covid-19 no ha sido identificada aún, y aunque los análisis apuntan al murciélago Rhinolophus o al pangolín como orígenes probables de la cadena, los resultados no son concluyentes. En todo caso -avisan desde Ecologistas-, señalar a la especie animal como causante o responsable de la pandemia es un error, como lo sería culpar al propio virus.

Los virus ocupan desde hace millones de años un eslabón esencial en los procesos ecológicos, regulando las poblaciones de especies y colaborando en el mantenimiento del equilibrio natural de los ecosistemas. Las especies que hospedan estos virus han evolucionado conjuntamente con dichos virus, en un equilibrio que permite la supervivencia de las especies.

Sin embargo -señala Ecologistas-, cuando el buen funcionamiento de un ecosistema es perturbado, el equilibrio se rompe y aumentan las posibilidades de que virus potencialmente patógenos crucen la barrera de especie y puedan infectar a otras especies de animales, incluyendo el ser humano. Y es la acción humana -concluyen desde la oenegé- la que está detrás de la mayoría de esas perturbaciones.

Caso Nipah
En 1999, en Malasia, un brote de la enfermedad de Nipah con una letalidad del 40%, causó estragos en la población local. El origen del virus estaba en el Pteropus vampyrus o gran zorro volador, una especie de murciélago frugívoro. El virus probablemente contagió en primer lugar a cerdos criados como ganado, y de ahí se propagó al ser humano. Estos murciélagos, prácticamente inmunes a este virus, han sido desplazados de sus entornos naturales debido a la deforestación y los numerosos incendios, conduciéndolos cada vez más cerca de asentamientos urbanos y estableciendo contacto con poblaciones humanas. Cuando las personas entran en contacto con especies con las que no ha evolucionado para convivir, y la ocupación del suelo por parte de la civilización se adentra cada vez más en entornos salvajes, mayor es el riesgo de aparición de una pandemia.

Ecología de la enfermedad
La investigación de la relación entre biodiversidad y la aparición de enfermedades infecciosas recibe el nombre de “ecología de la enfermedad”. Organizaciones como EcoHealth Alliance o Predict llevan años trabajando en mejorar el conocimiento sobre estos patógenos. Solo se conoce un 1% de los virus que habitan en animales silvestres, y se estima que podría haber 1,7 millones de virus desconocidos que podrían dar el salto a la especie humana. Sin embargo -lamenta Ecologistas-, la falta de recursos económicos y la poca atención que recibe la comunidad científica impiden que se hagan mayores avances en esta dirección. Frente a ello, desde la oenegé reclaman "mayor inversión en materia de investigación y sanidad para atajar el problema con la contundencia que merece".

Ecologistas alerta
«La sociedad tiene ante sí el reto de solucionar la emergencia ecológica a la que se enfrenta, compuesta principalmente por la pérdida de biodiversidad y el cambio climático, y debe hacerlo urgentemente. Las razones del incremento de enfermedades infecciosas están ligadas a este problema, y las causas son compartidas. La Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES) alerta sobre el riesgo de extinción de un millón de especies, y establece como las principales causas el cambio de uso del suelo o mar, la extracción de recursos, el cambio climático, la contaminación y la aparición de especies invasoras. Todas estas causas han sido relacionadas con la aparición de enfermedades infecciosas en los ejemplos citados con anterioridad. El 75% de la superficie terrestre ha sido transformada significativamente por la humanidad para su beneficio, provocando migraciones de especies salvajes, incursiones de actividades humanas en proximidad con especies hasta ahora ajenas a nosotros y desequilibrios en los ecosistemas, un caldo de cultivo para el surgimiento de enfermedades zoonóticas»

La organización ecologista defiende como vía para evitar futuras crisis de esta índole la restauración de los territorios degradados por la acción humana, la protección de las tierras salvajes y la biodiversidad, el abandono de las prácticas de explotación abusiva del medio natural y un cambio de paradigma hacia una economía que respete la naturaleza. El mantenimiento de los servicios ecosistémicos que suponen beneficios esenciales para la salud humana es la mejor garantía de supervivencia.

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