pablo corredoira

El Real Decreto de autoconsumo llama a la puerta

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El Real Decreto de autoconsumo llama a la puerta

A pocas semanas de las elecciones, las expectativas están por todo lo alto. Los grandes partidos ya se manifiestan en clave energética y, todos abogan por el autoconsumo, la sostenibilidad y la generación distribuida: Ciudadanos, Partido Socialista, Podemos y Partido Popular. De hecho, respecto de este último, es llamativo el cambio de discurso y la defensa que ahora hace del autoconsumo.

Hace apenas un año, el otrora Ministro Álvaro Nadal no solo insistía en la necesidad de mantener los cargos para garantizar la sostenibilidad del sistema, sino que sacaba pecho cuando hablaba del RD 900/2015, diciendo era un gran marco regulatorio que permitiría un desarrollo racional de la microgeneración en España y que, además sería el modelo a seguir en el resto de países.

Doce meses después, el Partido Popular, por boca de su portavoz para temas energéticos, asegura que, si llegan al Gobierno, no se va a tocar el RDL 15/2018 (que, por cierto defenestró el RD 900/2015) ni a actuar en contra del autoconsumo. Sea por inspiración divina, por un tema de coherencia con el cambio climático, por el miedo a enfrentarse al sentir de la sociedad o cualquier otro motivo, lo cierto es que incluso el padre de ese engendro aprobado en 2015 ahora reniega de él. Y eso es una buena noticia porque al fin existe un conato de consenso entre los partidos políticos en lo que al sector energético se refiere. Claro que habría que ver la letra pequeña que pone cada uno de ellos para entender su apuesta real por el tema: compensación de excedentes y/o balance neto, ¿sí o no?, ¿Qué limites se imponen al autoconsumo colectivo?, requerimientos técnicos, administrativos, etc.

En cualquier caso, insisto, en mi opinión el mero hecho de que en la línea de salida todos tengan intención de salir hacia adelante y no haya un cangrejo que en vez de avanzar retroceda, significa que llegar a la meta solo depende de la velocidad de carrera y que, además no parece que esta vez  haya tortugas infiltradas. Solo queda ver si los participantes serán gacelas, liebres, lobos o zorros.

Ahora, centrado ese tema que parece que vaya hacia adelante, lo importante es saber cuándo se aprobará esta norma [Este artículo se escribió unos días antes de su aprobación, que tuvo lugar el 5 de abril]. El borrador de normativa se mueve con el viento a favor y de momento ha sacado con nota todos los exámenes a los que se ha presentado. Tanto el sector renovable, especialmente el fotovoltaico, como la CNMC han dado de forma global su visto bueno al documento, y el texto que se ha enviado al Consejo de Estado no cambia sustancialmente lo que publicó en enero. Además, la urgencia con la que se está moviendo todo invita a pensar que podemos tener a la criatura en un par de semanas.

Y, ¿qué pasará cuando esta nazca? Pues básicamente que llevará algún tiempo que tome cuerpo, que pase de ser una frágil neonata, a una tierna infante, precoz adolescente y de ahí finalmente a una norma madura y adulta que sepa dar respuesta a todas las casuísticas que se le planteen. Porque la realidad es que, aunque este muy trabajada y tenga la mejor de las intenciones, todavía le queda camino por recorrer y, sobre todo, lagunas por resolver.

Esto no deja de ser lógico, al final todo en esta vida funciona por el mecanismo de “ensayo y error”. Por ejemplo, cuando todo se ponga en marcha, nos encontraremos con que al principio conectar una instalación que suministre a toda una comunidad de propietarios es un calvario, porque ni la administración ni el resto de agentes involucrados tienen muy claro que hacer y cómo hacerlo. O sufriremos la dificultad que tienen las compañías distribuidoras en adaptar sus sistemas a la nueva realidad y aplicar el mecanismo de compensación de excedentes. O se verá que ciertas partes del articulado tienen que ser modificadas para que no supongan una traba al desarrollo de las instalaciones. Pero eso no deja de ser parte de un mal menor que se irá perfilando con el tiempo, porque el día a día es el mayor aprendizaje existente y el que lleva a adaptar la normativa a la realidad del momento.

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