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Unas dosis de optimismo

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El mes de febrero concluyó con una noticia que nos ha hecho sentirnos algo más optimistas:  Bruselas ha aprobado la estrategia marco para la Unión Energética Europea y ha calificado este objetivo de “máxima prioridad”, asegurando que las renovables y la eficiencia energética van a jugar un papel importante para alcanzarlo. Dice el Ejecutivo comunitario que la Unión Energética es  imprescindible para mantener la seguridad energética, luchar contra el cambio climático, crear puestos de trabajo y situar a las empresas europeas en la vanguardia de las nuevas tecnologías energéticas. Asegura, asimismo, que quiere tratar la eficiencia energética como una fuente de energía en sí misma, para que pueda competir en igualdad de condiciones con la capacidad de generación, y que la energía “debe fluir” libremente a través de las fronteras, como si se tratara de una libertad más.



¿Cómo no sentirse esperanzados ante esta declaración de intenciones? Las patronales eólicas europea y española le han dado enseguida la bienvenida, recordando que Bruselas otorga a la energía del viento un peso importante en todos sus documentos, al considerarla la más eficiente y competitiva de las actuales tecnologías renovables. 

Ahora bien, a la Asociación Eólica Española le preocupa que el Ejecutivo Junckers no sea tan firme como se espera en su planteamiento y que, como ha ocurrido hasta ahora, permanezca inactivo ante reformas energéticas que, como la española, han hecho que 2014 vaya a pasar a la historia como el peor año para la energía eólica en nuestro país. (De ello hablamos largo y tendido en este número).



Obviamente, lograr una Unión Energética Europea que nos permita transitar hacia una sociedad baja en carbono es bueno para todas las demás tecnologías renovables y en muchos más aspectos. Implica rediseñar el mercado de la electricidad de manera que sea más sostenible, lo cual supone reducir las importaciones de combustibles fósiles y el gasto asociado a ello. Algo muy importante teniendo en cuenta que, actualmente, la UE es el mayor importador de energía del mundo: el 53% de la energía que consume lo tiene que traer de terceros países, a un coste anual de unos 400.000 millones de euros.

Supone, asimismo, una puerta abierta al desarrollo tecnológico, a la creación de empleo, a reglas de juego más justas en áreas tales como la separación de la energía y la independencia de los reguladores, evitar cambios de política retroactivos, favorecer el autoconsumo…. Y luchar contra uno de los mayores problemas actuales: la pobreza energética. 



En España, de acuerdo con los estudios realizados por a la Asociación de Ciencias Ambientales (ACA), en 2012 unos 4 millones de personas (un 9% de los hogares españoles) no podían mantener su vivienda a una temperatura adecuada en invierno. Sin embargo, con la crisis económica esta situación se ha agravado y se prevé que el porcentaje pueda haber subido al 15%. Un drama que no solo destruye la calidad de vida de quienes lo sufren sino que puede afectar a su salud, hasta el punto de que la OMS calcula que la pobreza energética podría estar ocasionando el 20% de las muertes prematuras en invierno en el mundo.

En fin. La CE ha puesto nombre a uno de sus retos más ambiciosos. Ahora se trata de ver si los responsables políticos son capaces de trazar las líneas maestras de las medidas a tomar, de atraer la inversión necesaria para afrontar lo mucho que hay que hacer y de permitir explotar los recursos renovables en Europa de una forma verdaderamente eficiente. 


Hasta el mes que viene.

Luis Merino
lmerino@energias-renovables.com

Pepa Mosquera
pmosquera@energias-renovables.com

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