En 1989, en una de las primeras ruedas de prensa a las que asistí, pregunté a Santiago Marraco, director del desaparecido Icona, si creía que debería haber más personas en la cárcel por provocar incendios. Nunca antes se habían contabilizado tantos, más de 20.000, que habían arrasado 410.000 hectáreas. Prácticamente las mismas que este año hasta finales de agosto. Marraco dijo que sí, pero que era difícil encontrar a los responsables, y más difícil aún conseguir pruebas sólidas que los incriminaran.
La mitad de la superficie quemada aquel año 1989 ardió en Galicia. De hecho, la serie histórica demuestra que Galicia es la comunidad autónoma donde más incendios se producen y donde más superficie se quema año tras año. También en 2025. Con los datos del sistema Copernicus que se conocían a finales de agosto, en Galicia habían ardido 160.000 hectáreas, seguida muy de cerca por Castilla y León, con 155.000.
En plena disputa política por la gestión de los incendios, Alberto Núñez Feijoo –que, por cierto, fue presidente de la Xunta de Galicia desde 2009 hasta 2022– presentó 50 medidas entre las que destacaba un registro de pirómanos a los que se obligaría a llevar una pulsera telemática para tenerlos localizados. Pero esos pirómanos deben de ser más bien pocos. A juzgar por los datos del Ministerio del Interior solo un 7% de los incendios son causados por pirómanos. Y según la Memoria de la Fiscalía General del Estado de 2024 solo el 19% fueron incendios intencionados.
“En verano ha hecho calor siempre, así que no nos da miedo”, decía una señora en un informativo de televisión a principios de agosto. Habían sacado el micrófono a la calle para tomar la temperatura de la gente al inicio de la ola de calor de agosto, que se alargó durante 16 días, con temperaturas superiores a los 45 grados. Ha sido una de las tres peores olas de calor en España en los últimos 50 años.
Las televisiones, que presumen de tener equipos de detección de bulos, son a veces las primeras que los difunden. Nuestros recuerdos climáticos –es una obviedad que en España siempre ha hecho calor en verano– tienen las patas muy cortas. Pero lo que dice la ciencia no es solo que hace calor en verano: es que cada año hace más calor. Y que la tendencia es muy preocupante. Porque los fenómenos extremos debidos al cambio climático serán cada vez más intensos y más frecuentes. Es lo mismo que dijeron tras la dana de Valencia.
Los pirómanos más peligrosos son los que desprecian la realidad del cambio climático. Y cuando esos pirómanos tienen responsabilidades políticas el resultado es una gestión nefasta que deriva en miles de hectáreas arrasadas y, lo que es peor, muertes entre quienes tratan de combatir las llamas. “Lo que necesitamos en este país es un registro de negacionistas climáticos”, decía la portavoz de Sumar, Verónica Barbero. No podemos estar más de acuerdo.
Y entre las mejores soluciones para luchar contra el cambio climático está abandonar de una vez por todas los combustibles fósiles y apostar por las renovables. Por ejemplo, por la biomasa, como ha reclamado estos días el Instituto de la Ingeniería de España, que ha solicitado a las Administraciones “la perentoria ejecución de las medidas de gestión forestal necesarias para reducir la combustibilidad de nuestros montes”. El uso de la biomasa permitiría construir nuevas redes de calor y permitiría impulsar “la gestión forestal activa” para conseguir territorios más resilientes ante los incendios.
El cambio climático es real. Lo dice la ciencia. Y necesitaremos más medios, más coordinación y mejor política para adaptarnos a lo que se nos viene encima. Algo para lo que no están preparados los pirómanos más peligrosos. Esos que se conforman con decir que siempre ha hecho calor en verano.
Luis Merino
lmerino@energias-renovables.com
En Galicia se incendia desde los años 70, siempre. Incluso tuvimos un fiscal especial contra incendios el insugne actual fiscal general del Estado. No hace falta estudios, ni fuscalias, ni gaitas: los incendios son provocados en un 600%, de hecho se inician con varios focos. Y lo peor es que los vecinos sabemos quienes son: hay ojos en todas las partes. Pero si no quieres que arda tu casa, callas.
Sería bueno calcular cuánta energía se hubiese obtenido de la masa forestal quemada. Se ponen muchas trabas y dificultades al aprovechamiento forestal ordenado de los montes, y al final acaban siendo pasto de las llamas y se desaprovecha su energía. Lo de este año se veía venir después de dos años con lluvias intensas que habían dejado los montes llenos de maleza frondosa de gran altura hasta el punto de hacerlos intransitables e imposibles de apagar en caso de incendio. Antiguamente, en algunos montes se hacían quemas controladas en otoño para eliminar maleza en algunas zonas. Se hacía para evitar que el verano siguiente hubiese incendios descontrolados. Hoy en día ya no se hace ni se aprovecha. La despoblación de las zonas con masa forestales ha empeorado todo. Más que una ley que impone multas y sanciones temerarias por casi todo, se necesitan planes de ordenación de cada monte, con partidas presupuestarias estatales claras para llevarlos a cabo. Delegar la responsabilidad de limpieza y conservación de montes en ayuntamientos no es una buena solución. Muchas veces la falta de recursos monetarios están detrás del abandono de los montes. Muchos ayuntamientos no tienen ya recursos económicos para llevar a cabo desbroces y limpieza de montes.
