jorge gonzález cortés

Lo que llega y lo que no

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Todas las fechas del calendario llegan y el último día de este año no será una excepción. Es el momento de hacer resumen y de hablar de lo que nos espera el año que viene, de recordar los hitos mas importantes del año y de comprobar que estoy mas seguro que nunca de que el futuro está por escribir.

La inesperada COP25 en Madrid –lo inesperado era que se celebrase en nuestra capital– nos sitúa en el mapa internacional de nuevo y qué mejor compañía para la cumbre del clima que el congreso de renovables de APPA.

La lucha contra el cambio climático es no sólo una necesidad para mantener el bienestar de nuestra sociedad, sino una oportunidad para nuestra economía. Dejemos a un lado los dogmas de fe, que la amenaza climática no es cuestión de creer sino de ver. Y la evidencia es clara.

A finales del pasado mes de noviembre atendí a la amable invitación de Juan Costa, ex ministro del gobierno de Aznar y actual socio de sostenibilidad de EY a nivel mundial a una interesantísima charla sobre cambio climático en la sede del Club Financiero Génova, que no es precisamente la sede de Podemos, y me gustó que la materia poco a poco, se va despolitizando. Creo que esa politización, de la que no me interesa conocer la razón, es la que frena el esfuerzo de muchos.

Se extiende para despreciar la lucha contra el calentamiento global el argumento de que detrás de los intereses medioambientales se esconde un interés económico. Y, sinceramente, eso espero, porque de otro modo no se darán los cambios tecnológicos y sociales que precisamos. La novedad está en que se introduce el concepto de dividendos múltiples, no sólo financieros, para el accionista, sino para otros actores del entorno.

Europa está decidida a liderar esta evolución, en la que debemos aportar innovación y capacidad de liderazgo. Pertenecer al club europeo requiere asumir compromisos comunes y el camino que hemos emprendido es de una sola dirección.

Otro camino que apunta al éxito es el de las renovables que, sin duda, son una parte de la solución. Además, se imponen no por ser infinitas, respetuosas con el medio ambiente o autóctonas, sino por ser la opción económicamente más viable.

No podemos negar que nuestro sistema eléctrico va camino de superar los objetivos del PNIEC mucho antes del horizonte temporal marcado por la administración y es que parece que no tenemos término medio. Es necesario ordenar el sector y si tenemos que quedarnos con lo bueno, debemos decir que tenemos a las empresas adecuadas para seguir por fin desarrollando renovables en nuestro país. Tenemos además la oportunidad de que nuestro tejido empresarial e industrial en materia de renovables, muy internacionalizado, tenga éxito en otros países y justifique todos los esfuerzos de apoyo al sector que establecimos en el pasado.

Veo necesario que el sector financiero confíe en el mercado y no sólo en los famosos PPA’s que son un instrumento válido para muchos pero que no parece que sea la llave del éxito de todos los proyectos en marcha. No tiene sentido que un comercializador o un consumidor fije hoy el precio de su energía a largo plazo si tiene expectativas de ver el kWh más barato en ese periodo, algo que es previsible si esperamos la introducción masiva de renovables en el sistema.

Es obvio que la electrificación de la demanda ayudará a casar esa nueva capacidad de generación con el consumo. También el vehículo eléctrico hará su pequeña contribución en ese sentido, pero será mayor su aportación en la reducción tan necesaria de gases contaminantes en las ciudades y en su capacidad de almacenar y exportar electricidad a la red. No olvidemos que las baterías jugarán en pocos años un papel importante en la gestión del sistema eléctrico.

Su evolución es lenta pero imparable y seguramente el año que viene por estas fechas estemos en disposición de afirmar que en 2021 el coche eléctrico habrá tomado carrerilla en los entornos urbanos que es donde hoy, más sentido tiene su implantación.

No puedo dejar pasar la oportunidad de resumir el año sin hablar de autoconsumo. El sector donde, una vez promulgado un Real Decreto que facilita a ciudadanos y empresas dotarse de su propia capacidad de generación, todos queremos estar.

Para los consumidores domésticos el autoconsumo no es solo una forma de ahorrar en la factura de la luz, es a la vez una forma de comprometerse, de asumir el control sobre su energía y tomar conciencia de la necesidad de ser eficientes. Aplica algo parecido para las empresas en las que, además, debe pesar más el concepto de rentabilidad económica.

Allí donde es necesario controlar y conocer los costes de la electricidad, la mejor forma posible es el autoconsumo. Es la mejor forma de ahorrar y de conocer el coste del kWh. Tan sencillo como dividir el coste de su instalación por la energía generada para obtener un precio que mejorará al terminar de amortizar nuestra instalación.

La inestabilidad política nos hace echar en falta algún detalle sobre la regulación de autoconsumo como la compensación de excedentes, que parece cada día más cerca. El impacto es más social que económico, pero creo que debe resolverse. Y en cuanto a los grandes desarrollos renovables, aclarada ya la retribución, se espera un texto que solvente lo tocante al acceso y conexión de las futuras instalaciones.  

Deseo que 2020 nos siga llevando por el buen camino.

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