jorge gonzález cortés

Energía financiera versus social

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Energía financiera versus social

Es frecuente entre los colegas del sector el debate sobre el desarrollo de las renovables en general y de la fotovoltaica en particular. Algunos defienden que el desarrollo de la energía solar debe centrarse en el autoconsumo por su carácter participativo y social. Es evidente que la FV puede dar acceso a la electricidad a millones de personas que hoy carecen de ella. Y que en los países desarrollados, con un sistema eléctrico seguro, fiable e interconectado, es una gran medida de ahorro y eficiencia. Desde el punto de vista económico y de las emisiones de gases contaminantes, las ventajas son tan claras que no hay país europeo que no apueste por el desarrollo del autoconsumo solar, sin olvidar otras fuentes de generación limpias y autóctonas como, por ejemplo, la biomasa o la eólica.

El empoderamiento del consumidor incluye el derecho de generar su propia energía, pero también la obligación, no tan explícita, de ser responsable en su uso y en adoptar las medidas de ahorro y eficiencia posibles. A su vez, la participación de los numerosos actores que hoy se involucran en el sector eléctrico, ha generado un buen nivel de competencia y ha democratizado el acceso a la electricidad.

Es cierto que el desarrollo del autoconsumo en España, por razones políticas e ideológicas, se ha demorado interesadamente y en contra de la tendencia europea. Honestamente creo que los que apostamos por el desarrollo de las renovables debemos dejar el carné del partido (los que lo tengan) a un lado y arrimar el hombro con aquellos que estén dispuestos a desarrollar un sector en el que podemos sacar pecho. Ahora, con unas muy buenas perspectivas para el autoconsumo, no me canso de repetir que debemos ser responsables en su desarrollo. El vísteme despacio que tengo prisa, encaja perfectamente en el contexto actual de la industria solar.

Por otro lado, nadie pierde de vista que el impulso de los grandes proyectos, principalmente eólica y FV, tiene a la industria y al sector financiero patas arriba. Para este último es también una gran oportunidad el desarrollo de modelos ESE o ESCO, o incluso de créditos al consumo. Lo primero para empresas y lo segundo para particulares, naturalmente. Pero es también evidente que los financiadores aprendieron de la experiencia del “Project Finance” y los sistemas de “feed in tariff”, etc, para el desarrollo renovable y ahora quieren replicar el modelo, en el ámbito privado con los famosos PPA. La combinación de sistemas de apoyo públicos con inversión privada permite que la FV sea la más competitiva en la mayoría de los mercados. Cabe recordar que estos sistemas de incentivos tenían su razón de ser en las externalidades de las otras tecnologías. Las basadas en combustibles fósiles y las nucleares se han desarrollado al amparo de numerosas ayudas de Estado y sin incorporar todos los costes en el precio del MWh.

Las renovables dejan atrás el tiempo en el que pequeños empresarios invertían en minicentrales hidráulicas o en generación solar para “competir” con las grandes eléctricas. Ahora están en manos de fondos de inversión y de las propias utilities. El desarrollo de grandes plantas, bajo esquemas de PPA o bajo riesgo de mercado, o incluso hibridando las dos posibilidades, es no solo necesario sino legítimo para nuestra industria, para reducir nuestras emisiones de gases contaminantes o o para reducir nuestra pesada dependencia energética. Hay mucho en juego y es natural que promotores, “epecistas” o los propios financiadores, estén inquietos ante la avalancha que Red Eléctrica soporta estoicamente. Pero opino que el comportamiento de los mercados de futuros y, sobre todo, del mercado mayorista en el próximo lustro, darán una señal de precios y por tanto de retorno de la inversión que filtrará aquellos proyectos menos interesantes y ajustará hasta hacer desaparecer o al menos mitigar la inflación actual de solicitudes de acceso y conexión.

Para mi la partida queda en tablas, la FV se va a desarrollar de diversas formas. No podemos dejar que sea únicamente un producto financiero y tampoco creer que en el autoconsumo se venden duros a pesetas.

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