fotovoltaica

La (des)información renovable

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En estos tiempos, si bien contamos con mucha información sobre las renovables, al mismo tiempo proliferan análisis parciales o argumentos con pies de barro. Debe ser la llamada desinformación (término no tan certero como el inglés misinformation) que también llega a nuestro sector. Para evitar que esto afecte a nuestro mejor juicio, analicemos los datos, escuchemos a los expertos y evitemos posiciones ideológicas. Es un artículo de Alejandro Labanda, director de Regulación y Estudios de la Unión Española Fotovoltaica (UNEF).
La (des)información renovable
Alejandro Labanda

He aquí una serie de fake news fotovoltaicas que se están reproduciendo en los últimos meses. Decía un colega que en ocasiones pareciera que en este sector viaja antes el rumor que la información. Para evitarlo, la mejor receta es parar un segundo y analizar los datos.

• No todas las plantas fotovoltaicas son macroplantas
El registro de instalaciones (a cierre de 2020) muestra cómo el grueso de la potencia fotovoltaica instalada sigue en plantas menores de 50 MW. Solo hay nueve instalaciones mayores de 50 MW y solo dos mayores de 300 MW. Si miramos a los nuevos desarrollos sucede algo similar. Según el Miteco hay 5,7 GW de plantas grandes (mayores de 50 MW) en desarrollo, mientras que cualquier CCAA con buen recurso solar tiene más. Solo la Junta de Extremadura comunicaba en enero de 2020 que tramitaba 6,2 GW de plantas FV, todas menores de 50 MW.
 
• No todos los proyectos con permiso de acceso se van a construir
Hasta ahora, el primer paso en el desarrollo de nuevas plantas ha sido la solicitud del permiso de acceso, pero posteriormente el proyecto se puede ‘caer’ si no obtiene la autorización ambiental o administrativa, el terreno o la financiación. Además, el RD-ley 23/2020 está actuando de filtro con sus hitos de madurez. Tras su aprobación se redujeron en 20 GW los permisos solicitados y concedidos, y esto sucederá de nuevo en 2022 cuando deberán acreditar el trámite ambiental.

• El desarrollo de instalaciones no va crecer hasta el infinito
De hecho, se construye lo que marcan los objetivos del PNIEC. En 2019 se instalaron 4,2 GW fotovoltaicos, muy poco más de los 3,9 GW que se subastaron en 2017. En 2020 se instalaron 2,8 GW, cifra muy cercana a la que hace falta cada año hasta 2030 para cumplir los objetivos del PNIEC. Para este año y los siguientes se esperan cifras similares. En las subastas de enero se adjudicaron 2 GW FV (que tendrán que entrar para 2023) y las siguientes prevén unos 1,5 GW anuales, que entrarían los años posteriores.

• La fotovoltaica a construir hasta 2030 no ocupa lo mismo que la provincia de Guipúzcoa
Con un uso de suelo estándar de 2 hectáreas/MW la capacidad fotovoltaica prevista en el PNIEC  hasta 2030 ocuparía unas 55 mil hectáreas, un 0,1% de la superficie total del país. De hecho, la FV del PNIEC se podría instalar en todo el terreno de erial (2 millones de hectáreas) y solo ocuparía un 2,3% de ese espacio. En una comparación similar, la FV del PNIEC ocuparía solo un 0,25% de los terrenos agroganaderos.

 

UNEF. Número de instalaciones FV y potencia


• Solo con el autoconsumo no se pueden cumplir los objetivos del PNIEC
En los últimos años España está en cifras de autoconsumo estándar para los países de nuestro entorno: 459 MW en 2019 y 596 MW en 2020. Asumiendo que nos mantuviéramos durante los próximos diez años en el rango alto de ese orden de magnitud, se harían unos 6 GW de autoconsumo hasta 2030. Con medidas más agresivas de promoción se podrían aumentar estas cifras, pero no parece plausible alcanzar los 27,7 GW necesarios para cumplir el PNIEC.

• Una instalación grande no tiene per se más impacto ambiental que muchas plantas pequeñas
Una gran instalación en un espacio desnaturalizado o sin gran valor ecológico tendrá un bajo impacto mientras que muchas instalaciones pequeñas tendrán un elevado impacto si están en una zona de alta biodiversidad. Por ello, el sistema de autorización ambiental evalúa cada caso separadamente mediante estudios de impacto y medidas particulares, desautorizándolos en zonas de alto valor ecológico.

• Una instalación fotovoltaica no supone necesariamente una transformación del terreno negativa
Siendo cierto que requieren grandes superficies para desarrollarse, el impacto de las plantas FV no tiene por qué ser irreversible ni de gran magnitud. Si se siguen las medidas adecuadas simplemente se trata de una transformación a la que no estamos habituados. De hecho, si comparamos el efecto sobre la biodiversidad de una instalación fotovoltaica con el principal uso no natural de la tierra en España, la agricultura intensiva, la primera produce un ecosistema mucho más diverso en los terrenos en los que se instala.

• No todas las renovables tienen el mismo impacto ambiental
El impacto de las renovables en su conjunto es en sí algo incongruente pues éstas se parecen entre sí lo mismo que las tecnologías convencionales. Es tan similar la energía eólica a la fotovoltaica o a la biomasa como la nuclear al gas natural o la hidráulica. En particular la cuestión del impacto en avifauna es relevante por ser España un territorio con gran diversidad y donde precisamente la equiparación de la fotovoltaica con otras tecnologías renovables como la eólica, es más desacertada.

En conclusión, las renovables en general y la fotovoltaica en particular, atraen, como es natural, la atención de la sociedad. Los que tenemos voz pública debemos promover un debate basado en datos que evite que se formen marcos que no se ajustan a la realidad.

• Este artículo se ha publicado en el número de abril de Energías Renovables en papel, nuestro número 200, que puedes descargar en formato PDF aquí.

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Emilio Ballester
Desde la fotovoltaica, ASIF primero y después los primeros años de UNEF, hemos defendido la generación distribuida como el gran aliado de las renovables y de la fotovoltaica. Ya desde Asif se planteaba una potencia máxima de 2 Mw por planta y, posteriormente un límite razonable sería la propia capacidad de las redes de distribución. Evitaríamos la construcción de subestaciones para evacuación, grandes líneas de transporte y grandes ocupaciones del territorio. También minimizaríamos las pérdidas y siempre estaríamos asociados con consumos próximos. Hay que poner cordura y sentido común a las grandes plantas. No todo debe ser una cuestión de números, de rentabilidades y de beneficios. Hace falta planificación territorial por parte de la Comunidades Autónomas, corredores energéticos y asociar la generación a consumos conocidos. Pensemos que las capacidades de evacuación de las redes son limitadas y que en el corto plazo tendremos demandas de Comunidades Energéticas que necesitarán producir en pequeñas y medianas plantas y no podrán hacerlo porque no queda capacidad de evacuación en las redes. En la región de Murcia, por ejemplo, hay un gigavatio posible en los tejados y zonas ya construidas. Sin embargo el autoconsumo crece a un ritmo muy lento, mientras que las grandes plantas fotovoltaicas, con 3,3 GW instalados, ya producen más del 55% del total del consumo eléctrico regional. Hace falta priorizar e incentivar el autoconsumo, reservar capacidades de la red para pequeñas plantas que se conecten a la red de distribución y mejorar la interconexión eléctrica para dar cobertura a la movilidad eléctrica y la generación renovable. Además de todo lo anterior es necesaria la incorporación de la población, de la ciudadanía a la transición energética y sostenible. Para ello la información, la divulgación, la educación y la promoción de los valores de las renovables, y su valor social, ambiental y económico han de estar presentes en cualquier acción, Y esto no se consigue solo con inauguraciones rimbombantes ni noticias de prensa, ni siquiera con publicidad en las redes. Se hace con el contacto directo con las personas, en colaboración directa con las asociaciones de barrio y los centros educativos, a través de las organizaciones que nos dedicamos a esta tarea. De esta forma el autoconsumo podrá ser algo tan familiar y cotidiano como un electrodoméstico y formará parte de nuestras vidas presentes y futuras.
Belén
Hay que tener en cuenta más factores, las grandes plantas suponen una mayor alteración del paisaje, las subestaciones de transformación y las líneas de evacuación también tienen un gran impacto ambiental y no podemos olvidar los efectos acumulativos y sinérgicos en el territorio (los EIA se quedan cortos para valorar eso, hacen falta planes de ordenación del territorio y evaluaciones ambientales estratégicas). El modelo de plantas grandes está visto que no está generando empleo ni riqueza en las zonas rurales, por eso hay muchos movimientos en contra, hay que buscar soluciones participativas donde los agentes locales tengan voz y voto. Hay territorios (en Francia) donde no se permite la fotovoltaica sobre suelo para no perder tierras fértiles o de pastos (no todos los proyectos se plantean sobre eriales, eso es una falacia). Las comunidades energéticas se están convirtiendo en soluciones sostenibles en las que participan en algunos casos ayuntamientos junto a vecinos de pueblos y ciudades (esto sí está en la escala de lo local). Hay que repensar el modelo para que tenga en cuenta y beneficie a los ciudadanos y no solo a las empresas, de esta forma se puede conseguir una mayor aceptación social de los proyectos energéticos y una transición energética más equilibrada.
Miguel
La fotovoltaica tiene dos sectores bien diferenciados que compiten entre ellos por repartirse el pastel del negocio fotovoltaico: El sector de las plantas fotovoltaicas sobre terreno y el sector de las instalaciones de autoconsumo sobre tejado. Las plantas fotovoltaicas consiguen unos costes muy bajos (inferior a 0,5€ el Wp en instalaciones fijas e inferior a 0,8€ Wp con seguidor solar horizontal) y también tienen una gran capacidad de despliegue rápido. Por otro lado, el sector de autoconsumo trata de competir con costes más altos de las instalaciones (entre 0,8 y 1.5€ Wp para instalaciones de autoconsumo industriales y entre 1.5€ y 3€ Wp para instalaciones residenciales), que las haría de por sí inviables en condiciones normales, y que sustentan su despliegue en el inflado del precio de la electricidad por parte del Gobierno a los consumidores, bien sea por los cargos añadidos como los subsidios a las renovables o de régimen especial o por el pago de la deuda del sistema eléctrico o por las ayudas insulares, entre otras, amén de una sobrecarga de impuestos. Ello hace que el coste de generación de la electricidad en las nuevas plantas fotovoltaicas ande sobre los 3 céntimos el kWh, pero al consumidor residencial se le va a cobrar a partir del 1 de junio sobre los 20 céntimos (unas 7 veces más caro). Las instalaciones sobre tejado industriales tienen un buen ritmo de despliegue, pero las residenciales caen por goteo, porque a pesar de todas las ayudas que obtienen, no es fácil amortizarlas, pese al inflado de precios de la electricidad y las ayudas recibidas. En toda esta batalla que hay por intereses entre ambos sectores se añaden los ideólogos que venden que la solución debe ser todo autoconsumo, o los ecologistas que se posicionan en contra de las plantas fotovoltaicas por temas de impacto medioambiental. Las plantas fotovoltaicas juegan con la ventaja de unos costes mucho más bajos y una mayor contribución en los ingresos al Estado. El sector de autoconsumo genera más empleo y ha conseguido crear una red de defensores que meten mucho ruido y presión, pero cuentan como hándicap la insostenibilidad a largo plazo del sistema actual, dado que cada nuevo autoconsumidor reduce los ingresos del sistema eléctrico y del Estado.
Fernando Belda
No se puede ser juez y parte en estos temas. Qué pasa con las líneas de alta tensión que necesitan los megaparques para evacuar la energía. Estas líneas tienen tanto impacto o más que el parque. Las líneas de alta tensión son verdaderas trampas para las aves, y son destructoras del paisaje. Las bondades de la energía solar, producción en el mismo punto de consumo quedan totalmente pervertidas con estos proyectos. Energía solar sí, desde luego. Pero no sacrificando otros recursos, que son tan valiosos y fundamentales para la salud de los ecosistemas.
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