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Santiago Gómez Ramos, presidente de APPA Renovables

"Si no aprovechamos la Transición Energética para industrializar el país, generar empleo y mejorar nuestra sociedad nos habremos equivocado"

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Tras presidir durante ocho años –tiempo máximo según estatutos –la Sección Eólica, Santiago Gómez fue nombrado el pasado 29 de junio, por unanimidad, nuevo presidente de la Asociación de Empresas de Energías Renovables. Ingeniero superior de Minas y PDG por el IESE, Gómez Ramos es director de Gestión de la Energía en Acciona, empresa a la que se incorporó en 1994 procedente del IDAE, e inicia su mandato en un período marcado de lleno por la crisis derivada del Covid 19 pero también, como él mismo destaca,  por un momento en el que las bondades y la necesidad de las energías renovables ya no se discute.


"Si no aprovechamos la Transición Energética para industrializar el país, generar empleo y mejorar nuestra sociedad nos habremos equivocado"

Ahora mismo hay 430.000 megavatios de potencia de generación eólica y solar pidiendo acceso y conexión a red, cuando el objetivo 2030 es instalar 50.000. ¿Cuánto hay de especulación en estas solicitudes? ¿Cree que el RDL 23/2020 va a ponerle freno?
Está claro que este nivel de solicitudes excede con mucho lo que necesitamos y es necesario poner orden en el sector, por lo que los pasos que está dando el Ministerio con el Real Decreto-ley 23/2020 van en la buena dirección. Podremos discutir aspectos formales, pero es positivo que se busque dar prioridad a los proyectos que tengan un objetivo real de llegar a término.

Respecto a la especulación, no podemos ser tan inocentes como para pensar que todas estas solicitudes obedecen a proyectos reales ni tan perversos de sospechar de todo. Se dan una serie de circunstancias que es preciso contemplar: son tecnologías de rápida reducción de costes (89% en fotovoltaica y 70% en eólica solo en la última década), un abaratamiento que aún no se ha estabilizado; estamos en un mercado competitivo con una capacidad limitada de acceso y conexión a la red; hay liquidez en el mercado para estos proyectos, que se han identificado a nivel nacional y europeo como claves; y existía – todavía existe– un alto grado de incertidumbre sobre cómo y a qué ritmo se va a incorporar nueva potencia. En este escenario es normal que las empresas hayan pecado por exceso, para asegurarse de que, si tienen que acometer proyectos, los derechos de acceso y conexión no fueran un problema o para, en casos de competencia en determinados nudos, asegurarse un mayor porcentaje de acceso.

Esperamos que la nueva regulación ponga orden y frene estas prácticas, que no se limitan a los derechos de acceso y conexión. El acceso y conexión es más llamativo porque está contabilizado, pero todos vivimos lo que ocurrió en 2008 y sabemos que, desde el dueño del terreno hasta el suministrador de equipos, toda la cadena de valor es consciente de cuándo el mercado está creciendo. Es importante que seamos capaces de trasladar la reducción de costes de la tecnología al usuario final, permitiendo que todos los actores se beneficien, pero sin que existan distorsiones.

¿Cuánto perjudican estos movimientos especulativos a los proyectos renovables serios, fiables?
Como he dicho antes, estos movimientos pueden llegar a encarecer la cadena de valor y a que el regulador tome medidas excesivamente restrictivas para frenarlo, perjudicando a todos los agentes, aunque no actúen de esa forma. En cualquier caso, un buen proyecto ejecutado correctamente por una empresa seria en general siempre llega a buen término. Movimientos especulativos los hemos visto también en las últimas subastas. Con empresas que consiguieron una adjudicación de potencia mucho más allá de sus capacidades reales de ejecución, bien de forma directa o a través de terceros. Conseguir un precio bajo en una subasta, por más que se repitiera en su momento, no es un éxito. El éxito de una subasta es que un alto porcentaje de los proyectos o la potencia se lleve a cabo. Nunca debemos olvidar que la subasta es un medio. El objetivo es la Transición Energética.

¿Confía en que las nuevas subastas van a estar a la altura de lo que el país necesita?
Lo estarán si tenemos claro el objetivo. Si valoramos dónde estamos, a dónde vamos y qué necesitamos. El dónde estamos engloba cómo es la red de transporte y distribución, qué tipo de tecnologías hay actualmente, etc. Luego debemos tener claro cómo las vamos a sustituir y cuándo, la aportación de cada tecnología, el impacto en la flota de generación limpia existente, etc. No podemos hacer como en el pasado y poner el “factor precio” como el único requisito. El objetivo es realizar la Transición. Y si vemos esta Transición de forma global, como una oportunidad para, teniendo un precio competitivo de la electricidad, industrializar nuestro país y generar empleo de calidad que pueda fijar población en zonas rurales, acertaremos.

El modelo de subastas que propone el gobierno distingue entre tecnologías de generación en función de sus características técnicas, tamaño, niveles de gestionabilidad, criterios de localización y madurez tecnológica. ¿Cómo lo valora APPA?
Es un enfoque acertado. No hay necesidad de inventar nada porque a este mismo reto ya se han enfrentado en otros lugares. En otros países hemos visto cómo se valoraba la madurez del proyecto, el tipo de tecnología, si existía almacenamiento o en qué lugar se iba a instalar la planta… No puede ser de otra manera. Y la solución es multitecnológica porque, entre sí, las renovables se complementan. Está claro que hoy la solar fotovoltaica y la eólica terrestre son las tecnologías más maduras y competitivas que aportarán un gran volumen de energía al sistema que requiere la Transición. Pero cuánto y dónde es muy importante. La hibridación y el almacenamiento tendrán un papel fundamental y, por tanto, el incluir su consideración en las subastas será también importante.

Igualmente, hay que considerar todas las tecnologías en cada fase de maduración. Hoy la fotovoltaica puede destacar por precio, pero algunas previsiones indican que en dos décadas la tecnología más implantada en Europa será la eólica marina. Debemos pensar de forma amplia y global. ¿Cómo afectará este desarrollo de la eólica marina a la red de transporte y distribución, o a la industria naval española? Lo mismo ocurre con la biomasa, donde somos un país con un recurso renovable envidiable, pero con uno de los aprovechamientos más bajos de Europa. Sin embargo, la bioenergía es fundamental para conseguir alcanzar los objetivos, tanto de transporte o térmicos como eléctricos por su gestionabilidad. Finalmente, desde APPA creemos que en la propuesta de RD se debería haber sido más específico en cuanto a la exigencia de madurez de los proyectos que se presentan a la subasta.

El gobierno dice que este nuevo modelo va a abaratar el precio de la electricidad. ¿Lo comparte?
No me cabe duda si se hace bien. El mayor volumen a subastar será en tecnologías con coste inferior a la media del sistema eléctrico actual y por tanto impactará. En cualquier caso, debemos huir de buscar un récord de precio en la subasta. Lo que necesitamos es un sistema con un coste de generación reducido y óptimo, para lo que es necesario dar entrada a nuevas tecnologías, incluyendo gestionabilidad y el respaldo. La digitalización aplicada a la gestión de la demanda, la hibridación, almacenamiento, etc. debe ser una obligación. Debemos evitar que la gestionabilidad y el respaldo sean la excusa para el refugio ineficiente de tecnologías antiguas y contaminantes.

Por otro lado, se deberá limpiar el recibo de la luz de aquellos conceptos que nada tienen que ver con el coste de la energía entregada al consumidor si queremos ver con claridad este cambio. Adicionalmente, es importante garantizar la viabilidad de las empresas. Estos últimos meses hemos visto precios del entorno de los 28 €/MWh cuando la Orden de Parámetros preveía 54 €/MWh. Si el precio que se traslada al mercado es muy bajo, tanto por una característica puntual como ha sido la crisis del COVID19 como por exceso de excedentes, pondremos en riesgo a las propias empresas que son las responsables últimas de acometer la Transición Energética.

La Transición Ecológica que propone el Gobierno pasa por conectar 100 megavatios de potencia renovable cada semana durante los próximos 30 meses. ¿Están las empresas españolas preparadas para afrontar este desafío?
Como hemos visto el año pasado, las empresas están más que preparadas. El problema no está en nuestra capacidad de implantación o de desarrollo de proyectos, sino en saber cómo afrontarlo. Utilizando el ejemplo anterior de la eólica marina y su impacto en el empleo de los astilleros, tenemos que ver la Transición Energética como un todo y ahí las empresas estaremos las primeras para responder al desafío. Se trata de un desafío en el que Gobierno, empresas y sociedad deben ir de la mano porque es una oportunidad que no podemos perder.

Contamos en España con el mayor crecimiento anual de bosques de la Unión Europea, somos el primer productor de aceite de oliva del mundo y el principal productor de ganado porcino de Europa. A pesar de ello, solo Irlanda está por detrás de nosotros en consumo per cápita de recursos biomásicos. De 17 países analizados somos el 16. El potencial existente para generar empleo de calidad en entornos rurales, valorizar subproductos de otras industrias, fijar población evitando que los jóvenes se vean obligados a abandonar sus familias… Todo esto debe estar en nuestra mente y nuestra planificación, además de si se instalan 100 o se instalan 150 MW. Si no aprovechamos la Transición Energética para industrializar el país, generar empleo y mejorar nuestra sociedad nos habremos equivocado.

¿Hasta qué punto ha trastocado o va a trastocar el Covid la evolución esperada de las distintas tecnologías renovables?
El Covid19 ha afectado al sector renovable, seguro que menos que a otros sectores como el turismo o la automoción, pero sí que hemos sufrido, y si vemos rebrotes o nuevas oleadas, esto continuará. El efecto de la crisis económica acabará teniendo más impacto seguro. En primer lugar, hay un efecto directo en la toma de decisión de inversiones. Esto está afectando en principio más al autoconsumo, porque muchos clientes deciden trasladar la inversión prevista debido a la incertidumbre sobre la economía. En segundo lugar, el descenso de consumo ha incidido de forma grave en los precios del mercado eléctrico, lo que muestra la necesidad de contar con mecanismos que permitan una revisión más adecuada a la realidad de los precios esperados, el valor de 54 €/MWh que marcaba la Orden de Parámetros ya se antojaba alto cuando se publicó, pero el precio medio en 2020 está siendo del orden de 30 €. En último lugar, la reducción del transporte por carretera ha influido negativamente en el consumo de biocarburantes, que suponen una parte importante de nuestro consumo de energía renovable.

Hablando de biocombustibles, hay países que están haciendo una fuerte apuesta por ellos, en especial por el biogás. ¿Hay posibilidades de que España empiece a caminar por esa misma senda?
España es un país absolutamente privilegiado en términos de bioenergía. Y es importante que seamos conscientes de que, tanto en el caso de subproductos de otras industrias como en el caso de residuos que han de tratarse, contamos con un magnífico potencial energético. El biogás y el biometano son vías para conseguir descarbonizar nuestro modelo energético más allá de la electrificación, que también es necesaria. El dato facilitado por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico en el Balance Energético 2019 fue que la electricidad se había situado el pasado año en el 22,2% de la energía. Si solo centramos los objetivos en la electricidad renovable, aunque hagamos un buen trabajo, no servirá. Más que una posibilidad, el biogás constituye una necesidad para alcanzar ese 42% de renovables que se plantea en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima.

Siguiendo con las renovables térmicas, a las que se les suele prestar bastante menos atención que a las eléctricas, ¿cómo prevé el desarrollo de la solar térmica y de la geotérmica para climatización en España?
El escenario objetivo del PNIEC para aplicaciones de calor y frío pasa por duplicar las energías renovables, pasando del 15%-18% al 34% pero la realidad es que la biomasa es la gran protagonista de los usos térmicos en España, supone alrededor del 90% de las renovables térmicas. La energía solar térmica es una tecnología modulable, la geotermia es una de las más competitivas a nivel económico, pero falta una señal del regulador. Vemos que para instalación de autoconsumo tenemos distintas medidas de apoyo, que no tienen por qué ser ayudas a fondo perdido: exención de impuestos municipales, acceso a financiación… Y lo mismo deberíamos hacer para estas energías que son igual de renovables e igual de eficientes. Es necesario contar con un Plan específico para los usos térmicos renovables.

Y la minihidráulica, ¿sigue habiendo cabida para nuevos desarrollos de esta tecnología en España?
El Real Decreto-ley 23/2020 abre la puerta a muchas opciones como la hibridación que permitirían dar un impulso a estas instalaciones, pero desde la minihidráulica, que fue el germen de nuestra Asociación, las preocupaciones son otras. Hasta fecha muy reciente no se ha protegido a estas instalaciones frente a algo tan habitual como una sequía y, en 2017, fueron doblemente penalizadas por este hecho. La minihidráulica es la forma de generación eléctrica más respetuosa con el medioambiente y, curiosamente, una de las que más han sido perseguidas por algunas Administraciones.

Para el futuro no se contemplan nuevos desarrollos, pero es importante que mantengamos el actual parque de generación, hay cerca de 2.000 MW de minihidráulica en España y deben seguir acompañando la Transición Energética todo el tiempo que puedan. Para que estas centrales, algunas centenarias, nos acompañen 20 o 25 años más, debemos contar con un Plan Renove para modernizarlas y automatizarlas. Especialmente para aquellas centrales más pequeñas. No es lo mismo el tratamiento para una central de 5 ó 10 MW que para una central de 500 kilovatios. Esos planes deben adecuarse al marco concesional. Si queremos que en el año 2050 sigan funcionando y resulta que la concesión termina antes, habrá que dar una solución. Entendemos que la Administración está trabajando para dar solución al marco concesional, hoy muy heterogéneo y complejo.

Agregación, hibridación, almacenamiento…. ¿Cómo ve el futuro de estos nuevos modelos de negocio ligados a las renovables? ¿Cree que ha llegado el momento de que APPA abra la puerta a nuevas secciones?
La Asociación ha estado en permanente evolución. Desde la original APPAH (Asociación de Pequeños Productores y Autogeneradores Hidráulicos), hasta la actual APPA Renovables (Asociación de Empresas de Energías Renovables) se han producido muchos cambios. El más reciente, la creación de la sección de Autoconsumo. Desde APPA Renovables siempre habíamos defendido esta forma de generación, llevábamos “Autogeneradores” en el nombre original, y hace más de una década ya estaba reflejado en el Anteproyecto de Ley de Renovables que presentamos con Greenpeace con la colaboración de Cuatrecasas, aunque entonces no se llamaba “autoconsumo” que es bastante reciente sino “energía eléctrica autoconsumida” y “energía térmica autoconsumida”.

Los cambios siempre han venido por las propias empresas, hace un par de años empresas de las secciones Fotovoltaica y Minieólica decidieron que el Autoconsumo necesitaba tener una representación propia y hoy cerca de cincuenta empresas están ya representadas en esta sección. Si la hibridación, el almacenamiento o el hidrógeno renovable (o el biogás o la eólica marina) necesitan defender de forma específica sus intereses, allí estaremos. Siempre abiertos a las necesidades de nuestros socios y bajo el paraguas de una asociación de todas las renovables.

¿Da España el suficiente apoyo y la suficiente inversión a las tecnologías renovables que aún están en sus inicios, caso de las renovables marinas, por ejemplo?
Las renovables marinas pueden ser la próxima fotovoltaica y esto no se puede prever. Hay que preparar el terreno para que sean las empresas, los tecnólogos y, en última instancia, el mercado el que juzgue. Nadie pensaba que en 2020 la fotovoltaica iba a alcanzar estos niveles de competitividad y ahí está. La eólica marina desbancará a la eólica terrestre según las previsiones que maneja la Agencia Internacional de la Energía, y esto tampoco lo esperábamos hace 5 ó 10 años. No podemos quedarnos sentados y esperar a ver si las renovables marinas, con el inmenso potencial que tienen los océanos, son la respuesta para nuestro futuro energético. Tenemos experiencia probada, magníficos centros de ensayo, líderes mundiales en ingeniería naval… Hay que ir poco a poco, pero no quedarnos atrás.

A partir de ahora vamos a empezar a ver también comunidades de energías renovables y quizá aparezcan otras figuras que ahora no existen. ¿Ha iniciado definitivamente la energía un camino radicalmente nuevo?
La creación de grandes comunidades energéticas no es algo nuevo, el sistema de vapor que suministra calefacción a la ciudad de Nueva York lleva operando desde 1882, y muchos sistemas de district heating de biomasa y geotermia también llevan décadas funcionando. La gran pregunta sería ¿por qué se ha tardado tanto en dar el paso con la electricidad? En mi opinión, estamos viviendo un camino que ya han vivido las telecomunicaciones y la informática. Industrias que han cambiado en un par de décadas mucho más que en todo el siglo anterior. Ese es exactamente el momento en el que nos encontramos: autoconsumo, almacenamiento, vehículo eléctrico… todo esto son opciones que tiene ahora el ciudadano y que antes no tenía. Antes solo las empresas, y de forma limitada, tenían posibilidad de incidir en la forma en que consumían y gestionaban su energía, pero hoy estas opciones están disponibles para todos nosotros. Tendremos que estar atentos porque estos cambios tan vertiginosos no son fáciles, debemos ser cuidadosos y anticiparnos a los retos que se plantean: excedentes, apuntamientos, interconexiones, movilidad renovable, incentivos para las renovables térmicas, hidrógeno verde…

Su mandato al frente de APPA va a coincidir con el primer tramo del PNIEC 2021-2030. ¿Cuáles serán sus prioridades a corto y medio plazo? ¿Y a largo?
Bueno, he de reconocer que es la primera vez que al inicio de un mandato presidencial en APPA Renovables, después de 33 años de historia, ya no se discuten las bondades y la necesidad de las energías renovables, y gran parte de culpa de esto la tienen todos los presidentes y miembros de la Junta Directiva que me precedieron a quienes agradezco su labor. Sin embargo, nunca antes nuestro sector había tenido tanto protagonismo, ni se afrontaba a un reto como el actual. Esto supone una enorme responsabilidad para nuestra asociación que estoy seguro desarrollaremos con profesionalidad y buen criterio.

A corto y medio plazo, hay que luchar para mantener esa cohesión que hoy existe entre Gobierno, sociedad y empresas, colaborando en el objetivo de ordenar el sector que lidera el Ministerio (Miteco) y clarificar los escenarios nuevos que se abren para las renovables, garantizando que la Transición Energética sea lo más eficiente posible y que podamos crecer de forma ordenada y sostenible en el tiempo. Para ello trabajaremos codo con codo con el Ministerio. A largo plazo, abrirnos a la colaboración con los distintos actores y el desarrollo de nuevas vías de negocio, tratando las novedades siempre con cordura, pluralidad y sensatez, algo que ha sido la seña de la casa a lo largo de nuestros treinta y tres años de historia. Si sabemos aprovechar la complementariedad de las distintas tecnologías y situarlas en el centro de la recuperación económica, estaremos ante una década magnífica para el sector renovable.


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