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Ernesto Macías, director general de Solarwatt Spain

“Somos un fabricante de paneles fotovoltaicos obsesionado por la calidad”

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La primera vez que hablamos por teléfono me cuenta que Solarwatt es una empresa cuyo horizonte es “implementar la calidad hasta las últimas consecuencias”. Me gusta la frase: “hasta las últimas consecuencias”. Macías suelta varias otras con hechuras de titular en ese primer contacto, al teléfono, sin grabadora de por medio: “lo que vendemos es seguridad; somos el único fabricante que asegura el producto panel a 30 años”. Ernesto estudió arquitectura, entró en el sector por la puerta de Isofotón, ha sido presidente de la asociación de la industria solar fotovoltaica europea y de la alianza global por la electrificación rural, y dirige ahora la división española de Solarwatt, marca alemana obsesionada por la calidad. Con permiso...
“Somos un fabricante de paneles fotovoltaicos obsesionado por la calidad”

¿Dónde estaba Ernesto hace 20 años?
En esa época, hace 20 años, yo era el director general de una gran compañía internacional de márketing de fidelización de clientes, disfrutaba de unas maravillosas condiciones laborales y no tenía ni idea de temas de energía, y menos de energía solar. Pero un excompañero de colegio, que era directivo de Isofoton, me invitó a comer y me enseñó un vídeo de un proyecto de electrificación en Bolivia. Me quedé impresionado. Ver cómo un panelito podía cambiar la vida de la gente fue lo que me decidió a meterme en ese mundo.

Pregunta para el hombre que fundó en 2006 y presidió durante más de una década la Alianza para la Electrificación Rural (Alliance for Rural Electrification, ARE). ¿La fotovoltaica era rural y se ha vuelto urbana?
Bueno, lo que pasó es que entré en Isofoton cuando no existía más que el mercado rural, aislado y fundamentalmente en países en vías de desarrollo, pero, desde 2001, y sobre todo a partir del año 2004, gracias a los programas de inyección a red, primero en Japón, y luego en Alemania y España, se transformó el mercado mundial en muy pocos años. Y la electrificación rural, complicada y costosa, digamos que fue dejada en un segundo plano. En 2006 yo era presidente de la entonces influyente EPIA [European Photovoltaic Industry Association] y aproveché la circunstancia para crear ARE. Desde entonces, esta asociación [ruralelec.org] no ha parado de crecer y de, afortunadamente, desarrollar una importante labor en todo el mundo.

Otra pregunta para la historia: ¿por qué el autoconsumo lleva años y años triunfando en la brumosa Alemania y aquí –en esta España de Sol y playas– apenas está amaneciendo?
La explicación es bastante sencilla: Alemania siempre ha apoyado a las energías renovables de forma sólida y consistente, y la ciudadanía está más y mejor educada en todo lo relacionado con la necesidad de desarrollar una sociedad más sostenible: hablo de educación y de buena política, aunque venga de partidos que en otros tema estén a una enorme distancia. También influye el hecho de que tuvieron Chernóbil muy cerquita. España es otra cosa. Ya se han eliminado barreras, ciertamente, pero las administraciones han de invertir en comunicación (en concienciación ciudadana) y en control de calidad (en fabricantes e instaladores) para garantizar que el autoconsumo crezca y ayude a reducir nuestra factura energética y las emisiones, que falta nos hace.

El primer Observatorio Solarwatt del Autoconsumo Fotovoltaico Residencial, publicado hace ahora once meses (en marzo del 19), preveía que más de 300.000 hogares unifamiliares incorporarán a su vivienda una instalación fotovoltaica de autoconsumo en los próximos tres años. Once meses después (hoy, febrero del 20), Solarwatt está a punto de publicar su segundo Observatorio. ¿Crecen o menguan las expectativas?
Las expectativas crecen, sin duda, pero nos enfrentamos a un problema que quizá no supo identificar ese primer estudio, y es la capacidad de respuesta de un sector aún muy inmaduro. Me refiero al de las ingenierías e instaladores que ven mucho más interesante enfocarse hacia el autoconsumo industrial y comercial y no tanto al residencial. La falta de instaladores cualificados y la falta de una cierta masa crítica hace que, en muchas ocasiones, en este tipo de instalaciones salga más cara la mano de obra que los materiales. Pero el precio conjunto está bajando y seguirá bajando, como irá subiendo la pericia y experiencia de los instaladores.

Ribera va a ser vicepresidenta del Gobierno (y volverá a ser ministra para la Transición Ecológica). Macías escribe en su perfil de Linkedin: “gran noticia para los que defendemos la lucha contra el cambio climático y el cambio de modelo energético”. ¿Por qué es una gran noticia?
Sin meterme en profundos análisis políticos, ni valorar a ninguno, lo que sé a ciencia cierta de la nueva vicepresidenta es que es muy consciente de la gravedad del problema del cambio climático, sabe muy bien de lo que habla y sabe también muy bien lo que hay que hacer, que no es fácil... Pero si hay alguien que va a luchar por ello desde una posición de poder... es la señora Ribera.

¿Qué tiene Solarwatt que no tenga Iberdrola, compañía que oferta lo que llama la solución integral de autoconsumo Smart Solar?
Iberdrola es una gran compañía que tiene de casi todo, y me imagino que, si no lo tiene, lo puede comprar. No me habría importado que Solarwatt hubiera sido la parte industrial de su solución, pero han ido optando por productos de otras características desde el año 2015. Lo que nosotros tenemos se traduce en algo que ellos no pueden ofrecer: garantía total de 30 años. Total. Somos un fabricante de paneles fotovoltaicos obsesionado por la calidad, cosa muy alemana, y esa calidad proporciona sus ventajas. También con las baterías, en las que damos garantía de 10 años sin límite de ciclos de carga.

Solarwatt no pretende –dice Macías– ser una marca mayoritaria. ¿Por qué no pretende ser una marca mayoritaria?
Le diría que yo instalé la mía en casa hace casi tres años y que estoy más que satisfecho con la inversión realizada. He conseguido rebajar mi gasto medio de la red desde 600 kilovatios hora al mes a, algunos meses, 50. Me da mucho gusto saber que casi todo funciona en mi casa con la energía del Sol. Y, encima, la rentabilidad financiera ha superado el 10%. Pero es que, además, ahora, en 2020, la situación sería todavía mejor; y posiblemente siga mejorando. Pero, ¡ojo! Las baterías, como los paneles, podrán bajar algo más, pero no demasiado más. Y los paneles, dumping aparte, también reducirán su precio a partir de la mejora en las prestaciones de las nuevas células... pero la mayor parte de los componentes hace ya mucho tiempo que llegaron a su tope.

¿Cuál es el mayor reto al que se enfrenta hoy el autoconsumo en España?
El mayor reto es que todos, fabricantes e instaladores, desarrollemos un mercado basado en la calidad y la transparencia con los clientes. No olvidemos que, cuando alguien compra una instalación de autoconsumo, lo que en realidad está comprando es lo que el vendedor le dice que esa instalación va a generar de electricidad en los próximos años, y cómo la va a gestionar, y qué “beneficios” le va a proporcionar. Y, en este aspecto, en el mercado hay de todo. Y, por desconocimiento o por interés, existe el riesgo de que se frustren muchas expectativas. Por lo tanto: calidad y garantías claras en los productos; calidad y transparencia en las ofertas e instalaciones; y mucho apoyo y promoción desde todas las instituciones públicas, que además tendrían que ser las primeras en ponerlo en práctica. ¡Ah! Y a eliminar las subvenciones que son injustas y extemporáneas.

El autoconsumo es: ¿más de anarquista o más de burgués?
Pues ni una cosa ni la otra. Recuerdo las primeras “fiestas solares” en las que participé, cuando los paneles eran aún tan caros. El calzado típico era el de las “adidas nazareno”, digamos que un entorno progre, casi hippy, por decirlo de algún modo. De esos amigos de entonces aún tengo unos cuantos que instalaron con esfuerzo sus paneles hace tanto tiempo. Y no para cobrar. Románticos e idealistas, pero no anarquistas. Ahora ha pasado un poco como con el coche eléctrico. Los primeros Leaf se los compraron firmando muchas letras los convencidos de la lucha contra el cambio climático. Pues bien, algunos clientes de autoconsumo hoy en día tienen en su garaje un Tesla. Lo que tienen en común unos y otros es que son gente inteligente y comprometida. A su modo, y cada uno a su manera, están contribuyendo a que esto del autoconsumo sea universal dentro de muy pocos años, y no asociado a estatus social. Y esperemos que tampoco a preferencias políticas. Aunque esa es otra historia.

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