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El nuevo presidente de la Asociación Mundial de la Bioenergía tiende la mano a los ecologistas

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 “A las organizaciones ambientalistas les preocupa que la expansión del uso de la bioenergía conduzca a una mayor degradación de los ecosistemas. Tales preocupaciones deben tomarse en serio”. Este es uno de los mensajes lanzados por Christian Rakos, nuevo presidente de la Asociación Mundial de la Bioenergía (WBA en sus siglas en inglés), en la presentación de sus principales líneas de trabajo y objetivos dados a conocer por la Asociación Española de la Biomasa (Avebiom). También afirma que hay que explicar más y mejor las complejidades que implica el uso moderno de la bioenergía para que el público lo entienda.
El nuevo presidente de la Asociación Mundial de la Bioenergía tiende la mano a los ecologistas
Christian Rakos en la toma de posesión como presidente de la Asociación Mundial de la Bioenergía

¿Cómo es posible que la bioenergía, con una cuota del trece por ciento de la demanda energética global total, sea la forma más relevante de energía renovable en el mundo, muy por encima de la eólica (uno por ciento) y la fotovoltaica (uno por ciento), y reciba tan poca atención, tanto en términos de reconocimiento público como en la planificación de las políticas energéticas?

Con otras palabras, pero este es el principal mensaje que Christian Rakos transmite en la presentación de sus principales líneas de trabajo y objetivos en el inicio de su mandato al frente de la WBA. “La WBA debe convertirse en una voz fuerte de la bioenergía en el foro político global, debe explicar las complejidades que implica el uso moderno de la bioenergía de una manera que el público lo entienda”, afirma Rakos.

Y para lograrlo, propone “promover el uso de tecnología punta que garantice que la bioenergía se utiliza de la manera más eficiente y limpia posible”. “El público en general, así como los responsables políticos, no son conscientes de las enormes mejoras técnicas que se han realizado en el uso de la bioenergía”, y cita las reducciones de emisiones que se consiguen con estufas, calderas y cocinas modernas frente al uso incontrolado de la leña en equipos muy contaminantes.

“Debemos establecer un debate honesto y abierto con las organizaciones ambientalistas”
El que fuera fundador y presidente del Consejo Europeo del Pellet, apunta cómo contribuir a reforzar y mejorar esa voz y ese papel que desempeña la bioenergía. A las primeras que tiende la mano es a las organizaciones ambientalistas, especialmente críticas con la bioenergía en general y contrarias a los biocombustibles procedentes de cultivos y las grandes centrales eléctricas de biomasa en particular.

“Debemos establecer un debate honesto y abierto con ellas para alcanzar una visión común sobre cómo la bioenergía puede contribuir al desafío de descarbonizar nuestro suministro de energía”, asegura el nuevo presidente del WBA, elegido en mayo por la junta directiva de la asociación.

Admite que la generación de bioenergía basada en el uso de plantas “siempre tiene un impacto en el medio ambiente y en la forma en que usamos la tierra”; y subraya la “evidencia de que el uso humano de la tierra para producir alimentos ha tenido un impacto sustancial en la biosfera: degradación del suelo, reducción de la biodiversidad, uso de pesticidas, etcétera”.

“Como consecuencia –prosigue–, las organizaciones ambientalistas están preocupadas de que la expansión del uso de bioenergía pueda conducir a una mayor degradación de los ecosistemas. Tales preocupaciones deben tomarse en serio y garantizar que la sostenibilidad de la producción de plantas para el uso de bioenergía debe considerarse como un requisito previo para su uso”.

“Incluso las prácticas que muestran una amplia sostenibilidad son criticadas”
También se lamenta de que “el mayor problema actual de la bioenergía es que incluso las prácticas que muestran una amplia evidencia de operaciones sostenibles son criticadas y combatidas de una manera que ha impactado en la percepción pública de la bioenergía”.

Rakos aborda los puntos débiles que favorece que se minusvaloren los aspectos positivos de la bioenergía y amplifiquen los negativos. Por un lado cita su producción y consumo descentralizado, en especial en el caso de uno de los biocombustibles más usados, la leña, pero también “la producción y uso de pélets o astillas de madera, de etanol o biodiesel o de biogás, donde la gestión es llevada a cabo por pequeñas y medianas empresas”.

“Sector muy débilmente organizado”
Una característica, la de la descentralización, que debería otorgarle solidez, al estar asociada “a la resiliencia, a la capacidad para generar empleos locales y a su independencia de los volátiles mercados internacionales”. Pero, para el que sigue siendo también director de la Asociación Austríaca del Pellet y de la empresa Save Energy Austria, “la gran desventaja de esta estructura es que el sector está muy débilmente organizado”.

“Las grandes compañías de petróleo o gas pueden recaudar e invertir fácilmente los recursos necesarios para ejercer presión y comunicar de manera efectiva. Los agentes que componen el sector de la bioenergía son a menudo demasiado pequeños para ver el beneficio de elaborar una adecuada comunicación sectorial y promoción conjuntas”, reconoce Rakos.

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