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La incertidumbre es la norma en los estudios sobre el cambio indirecto del uso del suelo de los biocarburantes

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Investigadores del Centro Nacional de Energías Renovables (Cener) han coordinado un metaestudio sobre las investigaciones y evidencias científicas vinculadas a las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) resultantes del cambio indirecto del uso del suelo (ILUC en inglés) asociadas a la producción de biocarburantes. Asumiendo la existencia de estos cambios, concluyen que se mantiene la incertidumbre sobre su cálculo y que las medidas destinadas a combatirlos solo serán efectivas “si se implementan en todos los sectores que utilizan tierras y no solo en el de los biocombustibles”.
La incertidumbre es la norma en los estudios sobre el cambio indirecto del uso del suelo de los biocarburantes

El Cener destaca entre las principales conclusiones del estudio elaborado para la Comisión Europea (CE), que “los factores de emisión de ILUC identificados en la bibliografía disponible varían significativamente según las rutas de producción contempladas, los estudios analizados e incluso a veces son diferentes en un mismo estudio según las hipótesis contempladas”.

De nuevo un estudio que debería servir para que la CE tome una posición definitiva respecto a esta cuestión en la nueva directiva de energías renovables lleva la marca de la incertidumbre: “los trabajos que investigan la incertidumbre paramétrica concluyen que esta tiene una influencia significativa en los resultados”, señalan los investigadores.

Pero se va más allá: “como consecuencia de la incertidumbre individual de cada uno de los componentes de las emisiones de ILUC, es muy complicado reducir el intervalo global de incertidumbre”. Esto no cuestiona que exista el problema y que haya que tomar medidas, pero sí el cómo tomarlas.

Hay que atacar el ILUC desde muchos más frentes y sectores
El estudio describe la selección y revisión de la información publicada, destacando especialmente el desarrollo y progreso en la comprensión y cuantificación del ILUC en los últimos años. Aclaran que “se exponen los principales métodos utilizados para cuantificarlo y se detallan los estudios más relevantes, que en su mayoría proporcionan resultados cualitativos y cuantitativos específicos”.

Otra de las conclusiones es que se dispone de poca información sobre las consecuencias de otras políticas de la UE sobre las emisiones de GEI de ILUC; que las materias primas de bajo riesgo de ILUC, especialmente residuos de la silvicultura y la agricultura, pueden ser relativamente prometedoras; y que la certificación de biocarburantes de bajo riesgo de ILUC necesita medidas adicionales.

Se recuerda que “las medidas para reducir la deforestación y el drenaje de turberas solo serán efectivas si se implementan en todos los sectores que utilizan tierras y no solo en el de los biocarburantes”. Y ponen un ejemplo: “la protección de áreas con alto contenido de carbono reduce el ILUC, pero al mismo tiempo puede aumentar los precios agrícolas y esto conducir a conversiones adicionales de uso de la tierra para la producción agrícola, lo que aumenta las emisiones de GEI”.

Residuos y certificación: cautela y políticas integradas del uso de la tierra
Sobre el uso de residuos, principalmente agrícolas, aunque “la mayoría de los estudios demuestran que las emisiones de GEI de ILUC son considerablemente más bajas que las de los biocarburantes de cultivos”, también se advierte que el suministro sostenible de estos residuos puede ser limitado o “a costa de otros usos y de la pérdida de carbono en tierras agrícolas o forestales”. Y, apostillan, “puede generar un ingreso extra y crear un incentivo para expandir la producción de los cultivos de los que proceden”.

Sobre la insuficiencia de la certificación de biocarburantes de bajo riesgo de ILUC se recuerda que cuando en 2012 se presentaron los enfoques de certificación (Ecofys, 2013), se dejó claro que esta era uno de ellos. “Se necesitan medidas adicionales, como la planificación integrada del uso de la tierra a nivel regional y nacional, incluidas políticas territoriales efectivas encaminadas a prevenir las conversiones insostenibles desde todos los sectores”, concluyen.

Nadie cumple con la deforestación cero, no solo los biocarburantes
Precisamente Greenpeace acaba de publicar otro estudio sobre el grado de compromiso de compañías multinaciones con la no deforestación de Indonesia para cultivar aceite de palma y el resultado es negativo. “Los proveedores de las marcas de consumo más importantes del planeta no pueden garantizar todavía que el aceite de palma que contienen sus productos no procede de la destrucción de las selvas tropicales”, afirman desde la ONG.

Entre estas compañías no solo están las vinculadas a los biocarburantes, como Musim Mas, que opera con una planta en España. La mayoría son fabricantes de alimentos procesados (conservas, galletas, aperitivos, chocolates, sopas….) y una gran variedad de productos de cosmética e higiene, como cremas, pasta de dientes y detergentes.

PepsiCo, Unilever, Procter & Gamble y Mondelez
Esta publicación coincide con la conferencia anual de la Mesa Redonda para el Aceite de Palma Sostenible (RSPO en inglés) que se celebra estos días en Bali. Miguel Ángel Soto, responsable de la campaña de Bosques de Greenpeace España, recuerda que “marcas como PepsiCo, Unilever, Procter & Gamble y Mondelez, que prometieron a sus clientes que iban a eliminar el aceite de palma procedente de la deforestación en su productos, también han suspendido”.

Un ejemplo final: “la mayoría de los comerciantes no tenían mapas de las plantaciones de sus proveedores, por lo que es imposible averiguar si se están destruyendo bosques o no”.

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