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El interés por los sistemas de almacenamiento, en pleno auge

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El creciente interés del sector energético por los sistemas de almacenamiento está plenamente justificado. No obstante, todavía transcurrirá algún tiempo hasta que el potencial del almacenamiento eléctrico se aproveche plenamente y con ello, su verdadero valor. Entre otras razones, porque el sector tiene que superar algunos obstáculos que ralentizan su desarrollo. Jesús Collantes, de HydraRedox, aporta estas y otras reflexiones.
El interés por los sistemas de almacenamiento, en pleno auge

El crecimiento del sector de almacenamiento de energía eléctrica y en particular de las baterías ha creado la necesidad de estándares y referencias que permitan diferenciar entre unas y otras ya que las características técnicas de las baterías actualmente existentes en el mercado son muy variadas. Además, las diferencias en la relación entre potencia y energía (fija o independiente) y vida útil de las mismas dificulta las comparaciones homogéneas, sin que exista ninguna normativa oficial que lo facilite, solo modelos privados realizados por consultorías o asesorías energéticas.



Esta necesidad cobra aún más importancia si tenemos en cuenta que la aceleración en la reducción de costes en el sector de las renovables y las mejoras significativas en su eficiencia ya están incidiendo sobre las expectativas de los precios de las baterías. De hecho, la reducción de costes es uno de los objetivos principales para este sector relativamente nuevo. Pero es importante que el enfoque vaya más allá de los costes de producción de la energía, y que considere otros costes, como los de operación y mantenimiento a lo largo de la vida del sistema de almacenamiento, así como, al final de su vida útil, los costes de desmantelamiento, eliminación segura y reciclaje. 



La vida útil esperada de las baterías varía notablemente entre los diferentes tipos existentes, con duraciones que van desde los 5-7 años en tecnologías como las de Ión-Litio, a los 20-30 años en otras tecnologías, como la HydraRedox, según afirma Jesús Collantes, portavoz de esta compañía, que ha desarrollado una innovadora tecnología de almacenamiento. Estamos, por tanto, ante un factor muy importante,  especialmente teniendo en cuenta la larga vida de las instalaciones fotovoltaicas y eólicas, que oscila entre los 20 y 30 años. 




Enfoque multiservicio

Jesús Collantes explica, asimismo, que el almacenamiento, cuando se combina con solar fotovoltaica a gran escala, debe cumplir ciertos condicionantes para un uso práctico y económicamente rentable del mismo. 



“El almacenamiento rara vez puede justificarse económicamente para una aplicación única. Baterías desplegadas para una aplicación principal como los Sistemas de Alimentación Ininterrumpida (SAI) o arbitraje (utilizadas en sectores muy variados, desde la minería a las telecomunicaciones) acaban siendo no utilizadas o infrautilizadas entre el 5-50% de su vida útil”, asegura. “No obstante, tecnologías de almacenamiento como la HydraRedox, que ofrece flexibilidad de diseño, pueden utilizarse para una aplicación primaria y al mismo tiempo proporcionar otras funciones adicionales que permitan generar ingresos suplementarios que ayuden a compensar los costes”, añade.



La implementación de sistemas de almacenamiento a gran escala necesita, en consecuencia, de un enfoque multiservicio, en el que cada uno de ellos genera valor complementario al conjunto. En el caso de una planta fotovoltaica, las baterías pueden prestar servicios como:



• Respaldo de voltaje, donde un almacenamiento de decenas de segundos hasta unos pocos minutos elimina las variaciones de tensión debidas a periodos con menor radiación solar (nubes), cumpliendo así los acuerdos de suministro de electricidad o de conexión con la red.

• Regulación de frecuencia, que es un requisito de obligado cumplimiento.

• Desplazamiento de producción y arbitraje a través de almacenamiento de varias horas.

• Utilización como Sistema de Alimentación Ininterrumpida (SAI). 

• Suministro de energía a largo plazo durante periodos de falta de sol.



Evidentemente, una simple suma de las aplicaciones no siempre refleja la realidad operativa. “Algunos sistemas de almacenamiento optimizados para una aplicación principal pueden no resultar adecuados para otros fines. Además, podría no ser posible prestar ciertos servicios de forma simultánea. Por ello, las tecnologías de almacenamiento que tendrán éxito en el futuro serán aquellas que permitan o faciliten planteamientos multiservicio que maximicen su utilización”, destaca Collantes. 


Un valor que va más allá de los ingresos directos
Algunas aplicaciones se pueden traducir directamente en fuentes de ingreso, si bien el almacenamiento tiene un valor intrínseco que puede ser más complejo de cuantificar y, por tanto, de monetizar. ¿Cuál es el valor de llevar por primera vez electricidad a zonas alejadas? ¿O el de disponer de una alta fiabilidad de suministro de energía para la industria y el comercio donde la red es a menudo inestable?



En otras situaciones una aplicación principal puede beneficiar indirectamente a todo el sistema energético. “Por ejemplo, el almacenamiento permite un aumento en la utilización de fuentes renovables y su integración en la red, lo cual supone un beneficio económico directo para los generadores, con otras repercusiones positivas para otros agentes (red, gobiernos, sociedad), permitiendo el aplazamiento de nueva inversión en infraestructuras, mejoras en la calidad y fiabilidad del suministro, y por supuesto, importantes beneficios medioambientales.”, indica Collantes.


Un análisis completo del valor aportado por la adopción de soluciones de almacenamiento de energía eléctrica debería también tener en cuenta los costes evitados gracias a su uso. Por ejemplo, soluciones energéticas de fotovoltaica más almacenamiento pueden sustituir a los generadores diésel que se utilizan en la actualidad para ofrecer continuidad a la producción eléctrica generada en plantas solares, así como en zonas aisladas, islas y sectores con elevado consumo de energía, como el cementero y minería. Los beneficios van mucho más allá de la eliminación de emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera asociadas a la generación eléctrica en sí misma; también los tenemos en la eliminación de los costes de transporte del diésel, incluido el riesgo y la huella de carbono de este transporte. 


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