sergio de otto

Convicción y coherencia (ER 72)

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Sergio de Otto
sergio.deotto@gmail.com

Anda el patio algo revuelto. Y no me refiero a la crisis financiera internacional, que todavía no sabemos si nos va a llevar a la gloriosa refundación del capitalismo que pretende abanderar el ciudadano Sarkozy o a las catacumbas de una recesión global sin precedentes. No, no es este el lugar para analizar la hecatombe de nuestro sistema financiero; bueno, más que nuestro, el sistema de una panda de irresponsables creadores de artificios letales que han contado con la pasividad de los reguladores de los mercados. El patio al que me refiero es uno más reducido: nuestro sector eléctrico. Y todo ello a cuenta de ese problema, ya crónico, del déficit tarifario, asunto que ya abordé antes del verano pero sobre el que hay que volver a la carga.

Cuando estas líneas estén en imprenta se habrá producido la primera reunión entre los dirigentes de las principales compañías del sector y el ministro de Industria, Miguel Sebastián. Y uno sospecha que serán necesarios algunos cónclaves más para cerrar un eventual acuerdo. Sobre la mesa varias fichas para intercambiar unos derechos de emisión de CO2  por aquí, una subida del recibo de la luz, no antes del próximo año, por allí y, el as en la manga, un traspaso de las primas al Régimen Especial desde el capítulo de costes del Sistema Eléctrico a los Presupuestos Generales del Estado. Esta última es la propuesta de UNESA, la patronal del sector eléctrico, que reaparece en primera línea, después de una larga temporada de perfil bajo obligada por las diferencias notables de estrategia entre sus asociados, para recoger el testigo de la presidenta de la CNE.

El argumento en este caso es que las primas no tienen nada que ver con la actividad de generación. ¡Vamos! Si me estuviera usted hablando de las subvenciones, generosas subvenciones que recibían las instalaciones convencionales en el antiguo marco legal estable antes de ponerse en marcha —hasta el punto en algunos casos de amortizar la inversión sin haber generado un solo Kwh— pues sí le daríamos la razón. Pero, lo siento, las primas al Régimen Especial están directamente ligadas a la generación: tanto produces, tanta prima percibes.

Las energías renovables cobran una prima porque “generan” kilovatios más limpios que las tecnologías convencionales y evitan la importación de combustibles fósiles. Así de sencillo y fácil de entender. Así está recogido en la Ley del Sector Eléctrico, así está fundamentado en el Plan de Energías Renovables que ha aprobado un Gobierno del señor Rodríguez Zapatero. En el PER está calculado y, por tanto, asumido el importe de las primas, incluso sin los techos que el RD 661/2007 impone, límites a las primas con altos precios del mercado que cuentan con el beneplácito del sector que lo planteó antes que la propia Administración.

Si el sector de las energías renovables no quiere que las primas pasen a los Presupuestos Generales del Estado, es porque, como señalaba en julio, será “una tentación permanente para Economía pegar un tijeretazo aquí o allá cuando en diciembre de cada año se cuadren los números en las negociaciones de última hora”. Pero sobre todo porque las renovables forman parte del sistema eléctrico, no son un cuerpo extraño a él por mucho que el Régimen Especial lo clasifique de este modo.

Cuando titulaba esta columna “el déficit no es nuestra guerra” (lo que me valió un cariñoso tirón de orejas de un muy cualificado lector) lo que pretendía transmitir  es que no se deben mezclar dos problemas. Si se reconocen unos costes que se paguen. Si se deben cuestionar algunos costes que se actúe sobre ellos como se ha hecho en el caso de prima de la fotovoltaica.

El Gobierno que ha manifestado en varias ocasiones sus convicciones renovables, que ha aprobado un plan para el desarrollo de las energías limpias y autóctonas, debe ser coherente con ese discurso y no usar las primas como moneda de cambio. Entiende uno que para el político es mucho más difícil subir el precio de la luz sobre el que tanta demagogia se hace pero, ¡amigo! eso es lo que toca. Y después, sí después, revisemos los costes del sistema. Y queda aquí una idea para empezar la tarea: esa tecnología que saca pecho por los costes de generación tan bajos que tiene, una vez amortizadas sus centrales, ¿por qué sigue cobrando el precio de nuestro mercado marginalista que le proporciona unos beneficios que pueden duplicar dichos costes? Esto, lo de sacar a la nuclear del mercado, no es una ocurrencia de este columnista, ya lo proponía bien argumentado el profesor Pérez Arriaga en su Libro Blanco, documento que duerme en los cajones y del que podrían rescatarse algunas buenas ideas en lugar de intercambiar cromos.

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