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Al finalizar 2020, que sin duda será recordado por muchos como el más duro y complicado de nuestras vidas, el sector de la biomasa en España podrá decir que ha salvado los muebles mejor que otras industrias. Es un artículo de Javier Díaz, presidente de la Asociación Española de Valorización Energética de la Biomasa (Avebiom).
Sombras y luces en 2020
Javier Díaz, presidente de Avebiom

La actividad de nuestras empresas se ha mantenido en estos meses incrementando la implantación de la biomasa en el país: han aumentado las ventas de calderas y estufas y de pellets y astillas; se han puesto en marcha varias redes de calor en distintos puntos de nuestra geografía y otras están en una fase final para comenzar su construcción, así mismo se han publicado numerosas convocatorias de ayudas para instalaciones de biomasa térmica.

A menos de un año vista para la próxima edición de Expobiomasa, y con la campaña de comercialización de la feria en marcha, estamos constatando el buen ánimo y confianza del sector y las “ganas de feria” que tienen empresas y profesionales tras los meses de reclusión e incertidumbre y de falta de contacto directo y físico entre clientes y proveedores.

Las informaciones que recibimos de nuestros expositores son esperanzadoras; fabricantes y suministradores de equipos de combustión de pequeña y mediana potencia nos cuentan que trabajan “al 120%”, batiendo sus récords de ventas.

La evolución de la pandemia, desde la primera ola a la segunda con el verano de por medio, cambió las dinámicas de venta sin que los fabricantes y distribuidores pudieran definir objetivos claros para la temporada. Sin embargo, la llegada del otoño ha puesto mucha presión en las cadenas de producción para atender la avalancha de pedidos para el invierno 20/21.

Con la expectativa de una vacuna real y próxima en el tiempo para el Covid-19, se vislumbra la luz al final del túnel: la sociedad dejará atrás el miedo y la economía volverá a fluir permitiendo a las empresas establecer objetivos y adecuar ordenadamente sus producciones.

También resulta muy gratificante observar el aumento del número de redes de calor a lo largo de todo el país. Bajo nuestro punto de vista, las redes centralizadas que funcionan con biomasa como combustible son una de las mejores soluciones para suministrar energía para calefacción y agua caliente y, al mismo tiempo, mejorar la calidad del aire de nuestros pueblos y ciudades.

Estas instalaciones permiten abastecer a cientos o miles de personas y eliminar sus contaminantes chimeneas individuales por una única instalación, gestionada de forma profesional y equipada con todos los filtros y controles de emisiones establecidos por ley.  

No olvidemos que el consumo de gas y otros derivados del petróleo para calefacción y agua caliente sanitaria (ACS) supone una importante cuota de la importación de combustibles fósiles que hace el país, por lo que las redes de calor con biomasa contribuyen a rebajar estos gastos que lastran cada año nuestra balanza de pagos.

En cuanto a la generación eléctrica con biomasa, finalmente, se acerca el momento de cuajar el tema de las subastas específicas. Aunque la Orden que regula las convocatorias hasta 2025 supondrá cierto alivio para las empresas con proyectos en zonas de gran densidad de biomasa, no podemos evitar sentirnos decepcionados por la escasa potencia asignada y una programación, a nuestro juicio, descompensada.

Sería más razonable, dado el largo periodo de maduración de estos proyectos, comenzar en 2020 con 200 MW, en vez de los 80 MW planteados, y continuar hasta 2025 añadiendo 100 MW cada año; de esta forma alcanzaríamos un total de 700 MW, una propuesta más alineada con lo que necesita el sector de la generación eléctrica con biomasa. Contar con una potencia de 700 MW permitiría valorizar en torno a siete millones de toneladas de biomasa cada año, lo que conllevaría la consolidación de una red de suministradores que daría empleo a multitud de personas en las zonas rurales de nuestro país.

Estos proyectos posibilitan, además, un mayor uso de biomasas agrícolas, como las podas de viñedos, frutales, paja y otras agrobiomasas, lo cual encaja a la perfección con los postulados de la economía circular y aflojaría la presión sobre la biomasa forestal que, hoy en día, aporta más del 60% de los biocombustibles sólidos para generar energía eléctrica con biomasa.

Por último, en 2021 tenemos previsto poner en marcha, junto a la Asociación Española de Biogás (Aebig), una nueva actividad: el primer Salón del Gas Renovable, que se celebrará coincidiendo con Expobiomasa en septiembre. Se trata de un sector de actividad que, sin duda, tiene un grandísimo recorrido en la transición energética de nuestro país y también de Portugal e Iberoamérica.

El Salón del Gas Renovable pretende contribuir a despejar el camino hacia el conocimiento y la divulgación entre los profesionales. Se articulará como exposición y foro para presentar tecnologías, probadas y en desarrollo, y debatir soluciones y alternativas viables para sustituir una parte importante de los gases fósiles que actualmente se utilizan en nuestro país, en Portugal y en Iberoamérica.

En fin, 2020 ha tenido luces y sombras; muchas sombras por la pérdida de vidas humanas y los enormes problemas económicos que persistirán durante algún tiempo, pero también luces, porque nuestro sector ha demostrado, en esta durísima situación, estar capacitado para seguir atendiendo las necesidades energéticas de los ciudadanos. No ha habido durante estos meses ni desabastecimiento de equipos ni de pellets o astillas para atender la demanda de los consumidores, ya fueran hogares, industrias o edificios públicos.

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