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En Holanda no lo habrían permitido

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El exministro Soria debería publicar ese libro que dice que ha escrito y que, por ahora, no piensa publicar. Al margen de las explicaciones que da para defenderse de las acusaciones de corrupción que le llevaron a dimitir, y de sus ataques a Cristóbal Montoro, al que considera culpable de su dimisión, nosotros nos hemos quedado con otra historia. Que aunque conocida, no deja de ser sorprendente.

Porque todos sabemos que las grandes eléctricas mandan mucho. Y que su capacidad de presionar a cualquier gobierno es tal, que llevan haciéndolo siempre. Hasta ayer. En 2013 publicamos las sospechosas coincidencias del Real Decreto de autoconsumo con el discurso que venía haciendo Iberdrola desde hacía más de un año. Pero eso es una cosa. Y otra bien distinta es que el propio José Manuel Soria, entonces ministro de Industria, Energía y Turismo, reconozca que las eléctricas iban a su despacho “con reales decretos ya redactados”.

Lo contaba El Mundo el pasado 3 de julio. Y lo único que cabe decir ante la confesión de Soria es que nos parece vergonzoso que los políticos de turno bajen la cabeza y cedan ante las presiones de los poderosos. En todos los temas que atañen a los ciudadanos, pero muy especialmente en el de la energía –por el poder de las empresas de este sector– es vital la llegada de políticos que destierren estos comportamientos indecentes y servilistas. Y el actual ministro Álvaro Nadal no está entre ellos. Muy al contrario, los hermanos Nadal –Alberto fue secretario de Estado de Energía precisamente con Soria– parecen haber llegado a la política para destrozar el sector de las renovables y preservar los privilegios de las grandes eléctricas.

En este sentido, la columna de este mes de Sergio de Otto no tiene desperdicio. Denuncia los manejos de Gas Natural Fenosa al exigir al Ayuntamiento de Madrid un trato “igualitario”. Una de las empresas que más está haciendo para salvaguardar sus intereses, que son los de la vieja energía, la energía sucia, se siente maltratada porque Madrid ha decidido valorar en su concurso de suministro eléctrico a las empresas que acrediten mejor categoría en el etiquetado energético. Es decir, a aquellas que solo ofrecen energía renovable. No como ellos, que ofrecen energía limpia a los clientes exigentes, y siguen vendiendo miles de kilovatios hora sucios a esos indolentes a los que lo mismo les da 8 que 80.

En lugar de acabar cuanto antes con su modelo energético contaminante y trasnochado, Gas Natural Fenosa gasta ingentes cantidades en publicidad para venderse como limpia. Que si “Historias con Energía”, que si “Cinergía”, que si contenidos patrocinados en los medios para decir que el gas es el combustible del futuro para los coches… Un discurso, por cierto, que comparten las administraciones sin ningún pudor, en lugar de apostar decididamente por el coche eléctrico.

Si viviéramos en Holanda, el órgano regulador de la publicidad habría obligado a rectificar a las compañías que venden el gas como energía limpia. Y les habría exigido decir la verdad: el gas natural no es una energía limpia; es menos sucia que el resto de los combustibles fósiles (carbón y petróleo), pero es una energía sucia. El problema es que esto es España, no Holanda, y nuestro ministro de Energía, como antes su hermano, parecen más bien los embajadores de los que quieren que nada cambie. Otro de nuestros columnistas, Pep Puig, que había sido concejal de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Barcelona, ya pidió en 2002 al entonces alcalde, Joan Clos, que retirase el rótulo “Soy ecológico” de los autobuses que funcionaban con gas natural por tratarse de “propaganda engañosa”. Como la que siguen haciendo hoy en día.  

Una última cosa. A finales de julio, tras la subasta del día 26, publicamos una noticia con este titular: Hoy sí ha salido el sol. Lo decíamos porque, de los 5.037 MW adjudicados, 3.909 MW fueron fotovoltaicos y 1.128 MW eólicos. Pero es verdad que el sol no salió para todos. Los proyectos ciudadanos no tienen ninguna posibilidad en este juego de las subastas, y los adjudicatarios siguen siendo empresas, más o menos grandes. Hasta que el autoconsumo no esté bien regulado, es imposible que podamos considerar la energía como un derecho de los ciudadanos. Si hay algo positivo en las subastas, además de la propia reactivación del sector, es que están permitiendo la llegada de nuevos actores que, esta vez sí, cuando hablen de energía estarán hablando solo de energías limpias.

Hasta el mes que viene.


Luis Merino
lmerino@energias-renovables.com

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Fukushima4ever
El mismo comentario que se hace de Gas Natural Fenosa sería extrapolable a ECOEMBES, que no estando relacionada directamente con la transformación de energía, no duda en utilizar argumentos torticeros en torno a las emisiones de CO2 de su forma de reciclar en la publicidad a la que dedica una inmensa cantidad de recursos así como los dedica a todo tipo de patronazgos, fundaciones, financiación de la I+D (hasta tienen un a cátedra), eventos culturales, etc.. Se esconden tras ella grandes corporaciones y multinacionales del gran consumo. ECOEMBES no contenta dar soporte al actual, desastroso e ineficiente sistema de gestión de residuos que tiene la geografía nacional plagada de vertederos que se colmatan uno tras otro, torpedea toda acción destinada a gestiones más razonable, eficientes, ahorradoras como el Sistema de Depósito, Devolución y Retorno SDDR que ya hace tiempo que está dando resultados positivos en otros países europeos.