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El sol del verano nos pilla en la luna

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Apenas faltan unos días para que comience el verano y el sol imponga su ley. Esa que nos hace mirar los termómetros y nos incita a elucubrar con las infinitas posibilidades energéticas si fuéramos capaces de aprovecharlo a fondo. Pasa lo mismo cuando llueve. Ver que los ríos y los embalses crecen nos lleva a pensar que habrá agua para beber, para regar y para producir energía, vital esta última en la gestión del sistema eléctrico.

En el Ministerio de Industria (y Turismo y Comercio) también llevan meses mirando al sol. Pero no tanto por su potencial energético sino por su capacidad de atracción de turistas que, a juzgar por los datos de los últimos meses, pueden aliviar un poco nuestra economía. Lo que es una excelente noticia, desde luego. La pena es que el ministro Sebastián se ha quedado sólo con el discurso turístico y ha desterrado, parece que para siempre, el de la energía solar, el de la industria solar.

Porque el mercado fotovoltaico internacional ha crecido a un ritmo del 80% anual desde 2007. Un 129% en 2010. Y mientras tanto, España, que llevaba un buen trecho recorrido, pierde la oportunidad de sentar las bases de una recuperación tecnológica basada en el conocimiento y la independencia energética. El año pasado instalamos 400 MW de un total de 16.000 MW en todo el mundo. Impropio de un país que quiere venderse como líder en renovables.

El sector fotovoltaico español ha conformado un tejido empresarial muy importante pero no existe voluntad política para aprovecharlo, como pone de manifiesto el Plan de Energías Renovables 2011-2020 que solo contempla la instalación de 346 MW fotovoltaicos anuales. Una vez más, los intereses de los directivos y accionistas de las grandes compañías energéticas, que nada tienen que ver con los intereses de este país, consiguen que los políticos legislen a su dictado. Práctica que, por desgracia, parece habitual en los últimos tiempos en cualquier actividad económica.

Hace unos días el presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán, volvía a la carga al decir en una entrevista en El Norte de Castilla que “los españoles pagarán más por la luz si no se deja de introducir renovables”. Nosotros creemos que la solución no es que los españoles paguen más sino que Iberdrola y el resto de eléctricas cobren menos por las tecnologías maduras que llevan explotando muchos años como la gran hidráulica (conviene recordar que aprovechan un recurso que es de todos) o la nuclear. Alemania, por ejemplo, ha establecido un nuevo impuesto a la energía atómica que siguen siendo migajas comparado con los ingresos que proporcionan esas plantas, amortizadas desde hace años. Urge reordenar el cálculo de los costes de producción eléctrica y la tarifa que se cobra a los consumidores. El asunto, una vez más, es quién le pone el cascabel a este gato.

El nuevo PER sí que puede traer algunas novedades interesantes para las renovables térmicas, para las que se contempla, por primera vez, una especie de prima a la energía producida, en línea con las tecnologías eléctricas. De todo ello trató el mes pasado el congreso de la Asociación Solar de la Industria Térmica (ASIT), al que dedicamos uno de nuestros reportajes.

Por cierto, ya ha entrado en operación comercial la planta Gemasolar, que ha puesto en marcha Torresol (Sener + Masdar). Sus 19,9 MW en tierras sevillanas generarán electricidad para 25.000 hogares. Algún día, cuando este tipo de centrales se extiendan por medio planeta y sus costes hayan disminuido de forma extraordinaria, recordaremos a los pioneros que supieron apostar por la innovación. Si les dejan trabajar es probable que entre ellos haya muchas empresas españolas. De Gemasolar y de otras plantas similares trataremos en el especial que dedicaremos a la solar termoeléctrica en el próximo número.

Hasta el mes que viene.


Luis Merino
[email protected]

Pepa Mosquera
[email protected]

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