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Cuando todo se mueve bajo los pies

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Si alguien esperaba certezas debe de estar decepcionado. En los últimos meses no paran de sucederse cosas que remueven los cimientos del sector energético. Como si todo se hubiera contagiado de una cierta inestabilidad, a imagen de lo que pasa con la situación política surgida en España tras las elecciones del 20D. Que no es ni buena ni mala en sí misma. Es distinta. Y todos sabemos que lo desconocido genera incertidumbres. Pero frente a los que asustan con los riesgos de esa incertidumbre y claman por volver a la estabilidad de los últimos años –los más nefastos de la historia de las renovables en nuestro país– basta con darse una vuelta por las democracias de nuestro entorno y ver que los pactos entre distintos partidos políticos son la norma.

En estas andamos. Un resultado electoral tan abierto que, al cierre de esta edición, nadie sabe si habrá gobierno, de qué color será en caso de que lo haya, o si habrá que ir a nuevas elecciones. Una Cumbre del Clima que acaba con un acuerdo global en París que, dicen, es el principio del fin de los combustibles fósiles. Un escenario económico internacional con menos certidumbres aún que la política, marcado por los sustos de China y los precios del petróleo bajo mínimos.

El escándalo de las emisiones de los motores diésel trucados viene a unirse al acuerdo climático para empujar en la buena dirección: la de la movilidad eléctrica. Pero el barril de petróleo ha llegado a estar por debajo de los 30 dólares. Y en esta tesitura se hará más difícil invertir con fuerza en el coche eléctrico, las nuevas baterías que proporcionen más autonomía o las infraestructuras de recarga.

¿Y qué decir del escenario jurídico–legal de las renovables en España? El 9 de octubre pasado se aprobaba el Real Decreto 900/2015 de Autoconsumo. La norma daba seis meses a todos los autoconsumidores para inscribirse en un registro administrativo. Pero como la inmensa mayoría de partidos políticos, todos menos el PP, han anunciado y firmado que derogarán la medida, el sector sigue pendiente del inquilino de la Moncloa antes de mover ficha.

La fotovoltaica está confundida también por el rechazo del Tribunal Supremo a reconocer los perjuicios causados por la modificación de las retribuciones en 2010, durante el gobierno de Zapatero. Tras conocer esa decisión el sector volvió la vista al Tribunal de Justicia de la UE, porque considera que cuanto más lejos estén los jueces, mejor entenderán el atropello que se ha cometido con quienes confiaron un día en las garantías jurídicas de España. A los pocos días, la Corte de Arbitraje de Estocolmo, desestimaba una demanda de la española Isolux contra los recortes a la fotovoltaica aprobados también en el último gobierno de Zapatero. Aunque los expertos consideran que el caso no está cerrado.

En medio de tantas incertidumbres –de todas ellas hablamos en este número– las renovables muestran el camino que hay que recorrer. La apuesta por las energías limpias crece imparable en todo el mundo mientras España ha tirado por la borda todo lo conseguido. Los precios de las tecnologías bajan día a día y el consenso en torno a la necesidad de descarbonizar la economía tiene cada vez menos flecos.

El suelo se mueve bajo los pies. Pero si hay un trozo de tierra firme es el que pisan las renovables.

Hasta el mes que viene.

Luis Merino
lmerino@energias-renovables.com

Pepa Mosquera
pmosquera@energias-renovables.com

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