javier garcía breva

Para acabar con la crisis hay que acabar con las emisiones

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El viejo modelo energético no está muerto y está presentando una dura batalla contra las tecnologías limpias que van a remplazarlo. Los planes y los fondos para la recuperación económica están llenos de ambigüedades y contradicciones para relajar los objetivos de emisiones y preservar los intereses de los sectores contaminadores. El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, acaba de advertir que los planes de descarbonización a 2050 no deben eximir a los gobiernos de cumplir los compromisos nacionales para 2030 que ratificaron con la firma del tratado internacional del Acuerdo del Clima de París.

La caída de la demanda energética, de los precios de la energía y de las emisiones son algunas de las consecuencias de la pandemia que marcarán la política energética de los próximos años. El efecto en Europa ha sido un crecimiento de las renovables sin precedentes. El reto es que estos fenómenos se conviertan en estructurales y que de la actual crisis no emerjan políticas para retroceder o frenar la lucha contra el cambio climático.


En la medida en que las renovables no se orienten hacia un modelo especulativo de acumulación de rentas y lo hagan hacia la creación de riqueza, por su proximidad a los consumidores, la innovación, el desarrollo local y el respeto a la naturaleza, se alcanzará el reto de una alternativa verde a la recesión.

El nuevo objetivo europeo del 55% de reducción de emisiones en 2030 obliga a revisar las políticas nacionales en la misma dirección, convirtiendo la descarbonización en la prioridad de los fondos de recuperación.


Existe una nueva oportunidad de que la oferta de energía se adapte a la demanda. Se debe avanzar en los objetivos de reducción de emisiones con más eficiencia energética y renovables, estableciendo una regulación a favor del consumidor activo, como centro de la transición ecológica y justa, y una regulación ambiental que proteja la biodiversidad y la salud como derechos fundamentales.


La Oficina de JGB, con la colaboración de la Fundación Renovables, ha elaborado el Informe IPM “¿Para qué sirven las energías renovables? Una alternativa energética para la recuperación económica” en el que se analiza cómo la transformación del modelo energético, impulsando los recursos energéticos distribuidos, es la mejor respuesta a la crisis para recuperar la economía y combatir el cambio climático.


La mayor cualidad de las energías renovables es su flexibilidad, que les permite la mayor proximidad a los centros de consumo, ajustar en tiempo real la oferta y demanda de energía y desplazar el consumo a los periodos de mayor producción renovable a través del autoconsumo con almacenamiento y la gestión inteligente de la demanda para aumentar la capacidad de energía flexible.


La conclusión del nuevo Informe IPM de la Oficina de JGB es rotunda: la transición energética no será si no la asumen los ciudadanos. Las directivas europeas desarrollan los instrumentos de eficiencia energética para facilitar que los consumidores se beneficien de las ventajas de las nuevas tecnologías, como el autoconsumo y los contadores inteligentes, abriendo la competencia a millones de autogeneradores.
 No hacerlo así significará perder la próxima década.

Esta entrada se publicó originalmente en La Oficina de Javier García Breva.

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