javier garcía breva

La descarbonización anticipa el fin de los combustibles fósiles

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En cuanto petroleras, gasistas y carboneras han empezado a usar el término de “cambio climático”, éste se ha banalizado; lo mismo están haciendo las eléctricas con el término de “descarbonización”. Por el contrario, son los conceptos que definen el problema y la solución de la que dependen el futuro de las próximas generaciones y del planeta.

Las directivas europeas no definen la descarbonización, a pesar de que la citan entre sus objetivos. Cuando la Recomendación (UE) 2019/786 sobre las estrategias a largo plazo de rehabilitación de edificios se refiere a un parque inmobiliario descarbonizado lo define como “aquel cuyas emisiones de carbono se han reducido a cero mediante la reducción de sus necesidades energéticas, garantizando las necesidades restantes a partir de fuentes de energía sin emisiones”.

El concepto de descarbonización no deja espacio a los combustibles fósiles: es incompatible con el más mínimo porcentaje de carbón, gas o petróleo y la reducción de las emisiones de carbono a cero es la suma de la más alta eficiencia energética y la utilización de renovables.

En los últimos años se ha acelerado la competitividad de las energías limpias. Aunque la resistencia a esa transformación está retrasando los cambios culturales que exige la descarbonización, la cuenta atrás para el fin de los combustibles fósiles se ha iniciado.


La caída en picado del carbón
• El informe de octubre “Apocoalypse Now”, de Carbón Tracker, concluye que el 79% de las centrales de carbón europeas en 2019 no son rentables y sus pérdidas se acercarán a 6.600 millones de euros. En España las pérdidas serán de 992 millones. Las causas son el encarecimiento de la tonelada de CO2 y los precios más bajos de las renovables y del gas, que emite la mitad de CO2.


• El banco Lazard, en su último informe sobre los costes nivelados de la energía, ha anunciado que la eólica y fotovoltaica ya compiten con las centrales de carbón operativas al reducir sus costes en los últimos diez años un 70% y 89% respectivamente.


• La caída de la generación con carbón en Europa, hasta junio de 2019, ha sido del 19% y del 44% en España, donde hasta septiembre representó solo el 5,5% de la generación total. En EEUU la generación con carbón ha bajado un 14% y su cuota caerá hasta el 22% en 2020 desde el 48% que representaba en 2018. La falta de competitividad lleva a la quiebra a muchas empresas y al cierre de centrales.

La captura y almacenamiento de carbono crea la ilusión de que se puede seguir contaminando ocultando el CO2 de nuestra vista. La última investigación de la Universidad de Stanford, publicada en Energy and Environmental Science, afirma que es una tecnología ineficiente, al reducir solo una pequeña fracción de las emisiones de carbono, y aumenta la contaminación del aire. Sus costes, los tecnológicos más la subida hasta un 90% de los precios de la electricidad que conllevaría, son muy superiores a los de sustituir una planta de carbón o gas por renovables.


Las tres amenazas del gas
Para el Panel de expertos de la ONU (IPCC), en su informe “The Special Report on Global Warming of 1,5ºC” del mes de octubre, si se quiere evitar la subida de la temperatura del planeta más de 1,5ºC, se deberá reducir el uso del gas un 15% en 2030 y un 43% en 2050. La culpa es del metano, componente principal del gas, responsable del 25% del calentamiento global, con un impacto 86 veces superior al dióxido de carbono.

Si el metano es el talón de Aquiles del gas, la competitividad de las baterías de almacenamiento arruinará a las centrales de gas existentes. Es lo que se desprende del informe “Baterías revolucionarias” del Rocky Mountain Institute que, partiendo de los más de 150.000 millones de dólares previstos de inversión en baterías avanzadas, anticipa mejoras en su rendimiento y reducciones de costes para 2025 que harán que el gas no pueda competir con las renovables con almacenamiento. El citado informe de Lazard confirma que la eólica terrestre es más barata que las centrales de gas en todo el mundo.

La tercera amenaza en España viene de la falta de demanda. El acuerdo del Consejo de Ministros de 31 de octubre de 2019 justificaba el desmantelamiento del almacén de gas Castor, además del riesgo sísmico, por la insuficiente demanda gasista que garantice su sostenibilidad económica. En la actualidad la demanda real de gas es de 350 TWh, lejos del máximo de 450 TWh de 2008. Hoy la demanda de gas es menor que hace doce años. Es la razón de la depreciación de los activos y de que Bruselas haya descartado todas las interconexiones con Francia y Portugal.

El petróleo varado
Las petroleras españolas anunciaron en octubre un plan para reducir sus emisiones un 90% en 2050. Carbon Tracker publicó el 1 de noviembre un informe en el que analiza 30 grandes empresas de petróleo y qué proyectos serían rentables para cumplir el Acuerdo de París. La conclusión es que deberán reducir su producción de petróleo entre un 55% y un 85% en 2040. En el caso de Repsol, que se ha comprometido a defender el Acuerdo de París, deberá reducir su producción un 65%.

La opinión de Carbon Tracker es que las petroleras asumen el Acuerdo de París para tranquilizar a las bolsas y a sus accionistas, preocupados porque la transición energética deje sus activos varados en una economía baja en carbono. Mientras tanto, proyectan más de 45.000 millones de euros en inversiones para nuevos proyectos petrolíferos que elevarán la temperatura a 3ºC y el riesgo de sus activos. El WEO 2019 de la Agencia Internacional de la Energía prevé que en 2040 el consumo de electricidad superará al del petróleo y toda la nueva generación será renovable.

Una vez que hemos asistido a la ruina de la energía nuclear en Japón, EEUU, Reino Unido, Francia o España, asistiremos en los próximos años a la inviabilidad de los combustibles fósiles. ¿Llegaremos a tiempo de cumplir los compromisos de descarbonización?”

David Wallace-Wells ha escrito que hay cinco errores sobre el cambio climático: la indiferencia, la errónea percepción de su velocidad, minusvalorar su impacto y pensar que la ciencia cubrirá todas las amenazas. En España hay dos errores más: que contaminar es gratis y que el cambio climático no da votos.


Esta entrada se publicó originalmente en La Oficina de JGB

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