ernesto macías

Intersolar–Interestelar

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Tengo la mala costumbre de esperar hasta el último día que me dejan en Energías Renovables para enviarles estas líneas que espero compartan unos cuantos amigos. Y espero, porque pienso que siempre puede pasar algo más interesante sobre lo que opinar. Casi siempre es así, o al menos eso es lo que me parece a mi.

Estoy en Munich, una vez más, en Intersolar, la gran feria de la fotovoltaica en Europa en un año que ha sido muy grande para la tecnología fotovoltaica al alcanzar un tercio de las nuevas plantas de generación de electricidad en nuestro maltratado planeta. Una noticia, sin duda, muy positiva, pero que da la impresión de que no está muy asociada a la evolución de la industria, especialmente la europea. Pero es que, además, este año resulta que todos estamos de acuerdo en que hay menos chinos por aquí; muestra inequívoca de que han perdido algo el interés por este continente. Quizás es por eso que, a pesar de la presencia de lo más granado de lo que queda de la industria europea, a uno se le queda un extraño sabor agridulce.

Esta mañana he participado en una conferencia de electrificación rural en la que nuestros amigos del Banco Mundial y los representantes del gobierno alemán, entre muchos otros, han compartido su visión en cuanto a las perspectivas que tenemos para alcanzar uno de los 17 objetivos marcados por la ONU para el 2030 , concretamente el 7: Acceso universal a la energía. Pues no llegamos. Y no es una sorpresa, pero es que las razones son de sobra conocidas. Y ni es un problema de viabilidad tecnológica ni de falta de dinero.

Es probable que algunos –o muchos– no la compartan, pero después de haber asistido a muchísimas conferencias en los últimos 15 años esta es mi conclusión: la falta de decisión política real y la fuerza de algunos lobbies que deriva en una enorme corrupción lo controla todo y lo sitúa donde interesa a esos pocos. ¿Os suena?

Hace un rato he escuchado la noticia/rumor no confirmado de que EEUU abandona el acuerdo contra el cambio climático. Cuando se publique este modesto artículo se habrá confirmado o no. Desearía que no, pero me temo que será que sí. Y esto nos lleva a ratificar una situación de tensión diplomática, siempre vinculada a la economía (normalmente cortoplacista) que me hace sentir bastante pesimista, cosa que me resisto a ser, pero es que llevo años viendo venir una especie de desatino global que no creo que los muchos pero insignificantes seres bienintencionados seremos capaces de parar.

Esos desatinos se transforman en desastres, casi planificados como el de Doñana, en casa; o como el del Ártico, en la casa de todos. Me temo que esta es una de las razones más fuertes que están detrás de la decisión del incalificable Mr. President: el acceso con sus amiguetes a los “tesoros” energéticos.

En los últimos tiempos me he buscado pequeñas e íntimas satisfacciones, como mi instalación de autoconsumo, que hoy me ha dado el 100% de lo que he gastado (lo he visto por internet) pero, ¿y mis hijos? ¿Acabaré buscando a mi hija desde otra dimensión después de viajar en el tiempo desde un planeta asolado y sin futuro? ¿No vamos a ser capaces de decir basta a insensatos manipuladores de la verdad como nuestro ministro de Energía? ¿No podemos salir a la carretera como los mineros del carbón que tan eficazmente han sabido defender lo indefendible?

Empecemos por la pelea en casa, pero sin tantos paños calientes. O acabaremos como Interestelar.

Un saludo sweet and sour desde Intersolar.

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