ernesto macías

Día Mundial del Sol

El Sol, un año más de celebración, en circunstancias muy especiales

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El Sol, un año más de celebración, en circunstancias muy especiales

Este año, el día 21 de junio lo vamos a tener muy presente en España y en Europa porque es el día en el que se vuelven a abrir las fronteras después de tres meses que serán difíciles de olvidar. A partir de ahí, paso a paso, llegaremos a lo que han venido a llamar “nueva normalidad” que es un término demasiado ambiguo e interpretable.

En lo que mucha gente se ha puesto de acuerdo es que habría que aprovechar este nuevo escenario para mejorar muchas cosas como: consumir de forma más razonable, viajar menos y más cerca, reutilizar y aprovechar mucho más ciertos aparatos que casi nos fuerzan a comprar, respetar los espacios naturales frenando la deforestación y manteniendo los hábitats de seres ahora forzados a moverse o desaparecer, etc. Algunas, me temo que pronto se olvidarán y volveremos más pronto que tarde a la vida que dejamos el pasado mes de marzo.

Uno de los temas críticos y que se ha utilizado como referencia por numerosos científicos y articulistas es el de la lucha contra el cambio climático, que viene a ser como un coronavirus anunciado con enorme antelación. Y es aquí donde, por fin, hablo del sol. Una de las muchas formas de combatir el cambio climático es cambiando el modelo energético, que es un proceso que empezó de forma muy lenta hace más de veinte años y que, poco a poco, se ha ido acelerando.

Algunas de las más eficientes y competitivas tecnologías se basan en la generación de electricidad a través de la transformación directa de la radiación solar en electricidad, como la energía solar fotovoltaica que, además, es muy escalable y competitiva en términos de costes de generación desde unos pocos kilovatios a mega plantas de cientos de megavatios.

Hace bastantes años, cuando esta tecnología era aún muy cara y sólo se dedicaban a ella en España cuatro locos y cinco científicos, se solía organizar una fiesta del sol que era bastante curiosa y un tanto “hippy”, pero allí se mezclaban muchas cosas, todas relacionadas con el astro que nos da la vida en esta Tierra.

A mí lo del efecto fotovoltaico siempre me pareció un poco mágico y hay tantos aspectos misteriosos todavía, y tantas historias y religión relacionada con el sol, que esas reuniones con extraños cachivaches, paellas cocinadas con cocinas solares, venta de amuletos y otros objetos más o menos esotéricos me parecía también un poco mágica y algo muy entrañable. Era como volver a lo ancestral, como las milenarias hogueras del solsticio de verano (la noche de San Juan), que este año tampoco se podrán celebrar

El sol, al que hemos adorado, el que nos da el calor necesario para vivir en este complejo sistema que llamamos Tierra también va a contribuir a proporcionarnos más y más energía cada año. De hecho, ya llevamos más de cuatro años siendo la fotovoltaica la tecnología que más se está instalando en el mundo, seguida de la eólica, que al fin y al cabo también funciona gracias al sol.

Así que, a pesar de los pesares, celebremos el día por todo lo que significa, por volver a mirar la esencia de lo que somos y dónde, cómo y por qué vivimos. Y también dando gracias por lo que tenemos y luchar para que el planeta que dejemos a las próximas generaciones sea, al menos, tan bueno como el que nosotros hemos disfrutado bajo el mismo sol.

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