ernesto macías

El día de mañana

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El día de mañana es una de esas películas de catástrofes que se pusieron de moda la década pasada, como 2012, o Contagio, en las que nuestro mundo, en sólo unos días, se sumía en un caos de enormes dimensiones. Bueno, pues una película parecida la estamos viviendo desde el mes de enero, primero a cámara lenta y luego mucho más deprisa. Y así ha ido evolucionando el impacto en la actividad en España, primero languideciendo, hasta parar. Y en unos días o semanas, teóricamente, se reiniciará.

A día de hoy, en este encierro forzoso que todos hemos asumido, una de las grandes distracciones es la de especular con amigos y familiares qué es lo que va a pasar cuando esto acabe, cuándo acabará y que será de muchas cosas a escala nacional e internacional.

He leído numerosos artículos de filósofos, escritores y economistas que plantean la necesidad de un cambio profundo en la sociedad. Algunos otros incluso vinculan esta pandemia con el desaforado crecimiento y el maltrato a nuestro planeta. En fin, muchas teorías y planteamientos que, en general, muestran nuestra incapacidad de hacer un pronóstico fiable y, mucho menos, de tener la receta para la “reconstrucción”.

Digo reconstrucción porque en lo que casi todo el mundo está de acuerdo es en que el impacto en la economía y en el empleo va a ser descomunal. Y aunque no se vaya a destruir nada físico, va a costar tiempo y esfuerzo levantar cabeza.

Voy a centrarme en tres temas: El primero, el autoconsumo, que es de mi interés directo profesional en la actualidad. Sin duda esta actividad puede ayudar mucho y rápidamente a recuperar y generar empleo, pero la clave va a estar en cómo se incentiva al cliente final que, muy seguramente, estará afectado por la crisis y no será precisamente en lo primero que esté pensando. Los incentivos han de llegar desde las administraciones, pero estas estarán exhaustas atacando otras prioridades. Será necesario construir un argumentario muy sólido y muy equilibrado para que podamos conseguir esos apoyos. Una vez más los ayuntamientos pueden ser elemento necesario, pero desgraciadamente no suficiente.

A los instaladores, muchos de ellos PYMES y autónomos, han de llegar también ayudas, algunas anunciadas. Lo que hay que evitar es entrar en una guerra suicida de precios porque eso sería un desastre.

El otro tema es el de la electrificación rural en países en vías de desarrollo, área en la que España ha estado en la vanguardia muchos años y en donde tiene una gran oportunidad porque si de algo tiene que servir esta desgraciada situación es la de ser conscientes de ayudar, sobre todo, a los países africanos porque si no, se van a acentuar los problemas migratorios provocados por el cambio climático. Y, ojo, que el respiro de estos meses, no ha parado nada. Tenemos grandes empresas, en tamaño y en calidad, que deberían tener apoyo para desarrollar este enorme mercado que, además, tiene numerosos apoyos multilaterales.

Por último, la reflexión va hacia la industria y la I+D+i. Ahora que hablamos de miles de millones para “salvar” la economía. ¿No sería conveniente utilizar algunos de estos dineros para trazar un plan industrial y de investigación en energías renovables en España? Queda mucho por inventar y mucho por fabricar. Y tenemos que fabricar en Europa, volver a fabricar aquí, en España. La historia de los respiradores y las mascarillas ha sido patética. Que al menos nos sirva para aprender y adelantarnos a futuras crisis que, esperemos, no sean de salud. No voy a cuestionar la globalización, pero sí la dependencia exterior de bienes esenciales (la energía solar lo es) para nuestro desarrollo en un mundo de polarización y competición por el liderazgo planetario que a veces da miedo. Pensemos con sosiego e inteligencia en el día de mañana. Y actuemos.

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