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¿Hemos aprendido algo del mantenimiento?

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Corren buenos vientos y luce de nuevo el sol para las energías renovables en España. Los próximos años van a dar trabajo a muchos profesionales en el sector. Nuevos recién llegados a los que damos la bienvenida y otros que, esperamos, regresen de su expatriación americana o asiática. Es un artículo de Manuel Chavarría, gerente en Generación de Energía Sostenible (GdES. Comsa Corporación) y socio de Aemer.
¿Hemos aprendido algo del mantenimiento?

Pero no nos engañemos, volvemos a rescatar ese modelo atlético anaeróbico del sprinter. Músculos potentes, para darlo todo en un instante de gloria y volver otra vez a la hamaca, para descansar al más puro estilo Usain Bolt. Con suerte, volverá a haber otra demanda instantánea en algún país emergente, que les saque de la hamaca, un buen curso de inglés de reciclaje, pero ¡Ay, que ya me pilla mayor la siguiente expatriación!

La semana pasada el diario El País, publicaba una reseña del informe de Adecco sobre los empleos con más oferta en 2018. Mi sorpresa fue la mención especial al técnico de mantenimiento eólico, y no es para menos. Un profesional que tiene desarrollado a la perfección el metabolismo de lípidos, capaz de correr una maratón, sin que en el kilómetro 32 le agarre “el temido muro”.

Tenemos un gran número de profesionales en mantenimiento, muchos de ellos han estado desde el inicio de los parques, existen casos de técnicos que llevan hasta 20 años en su puesto de trabajo. Han sufrido ERES, rebajas de condiciones, movilidad geográfica, y un sinfín de efectos acordeón derivados de las sucesivas reformas energéticas y la adaptación al mercado de un sector regulado ¿Pero estarán tentados a pasar al ámbito del montaje y la construcción en los próximos años, mejor remunerado? La respuesta no es inmediata,  tan sólo la sostenibilidad del propio mercado tiene la respuesta y, evidentemente, la voluntad de los propios profesionales.

Estos dos mundos, el del fondista y el del velocista, son antagónicos en el deporte y, paradójicamente, sucede lo mismo en el sector de las energías renovables. Hace unos cuantos días compartí mesa con un responsable de operación de una gestora de activos. Me comentó que su empresa estaba trabajando en la construcción de nuevas instalaciones adjudicadas en la pasada subasta. Acto seguido le felicité por estar en proyectos nuevos, pero me comentó que no habían tenido en cuenta la opinión de los responsables de operación técnica, de cara a la construcción de dichas instalaciones.

El mismo caso me sucedió a posteriori con otro compañero, responsable de operaciones, aunque en una empresa eléctrica. Esta segunda vez no le felicité de entrada, le pregunté directamente si en la construcción había tenido en cuenta los criterios de la ulterior operación y la respuesta fue similar, las prisas de los velocistas por llegar a la meta hace que no se preocupen por el estado de la pista.

En ambas ocasiones me quedé perplejo. Se ha dejado de incluir en el equipo a profesionales que viven y resuelven problemas día tras día, que arreglaron los desaguisados de la construcción ultrarrápida, trabajando en conjunto con sus respectivas empresas mantenedoras. ¿Qué fue de esos métodos de ingeniería concurrente? Métodos inventados allá por los años 80, tan fructíferos en el sector del automóvil, pudiéndose aplicar a una industria joven y moderna como la nuestra. No sólo dejamos de creer en ellos, sino que los apartamos como auténticos desconocidos, y confiamos nuestra suerte a alguna aplicación milagrosa de Big Data o digitalización que nos resuelva posteriormente los problemas, incluso los estructurales derivados de la poca atención a problemas estructurales de origen.

Parece que se ha dejado de creer en los hechos, los propios hechos constituyen información y prueba. Y no hay información más económica que la que puedes encontrar en el archivo de las empresas, que se va construyendo en el tiempo y con el paso de los años, materializándose en archivos informáticos y en conocimiento de los propios técnicos. Los equipos cros-funcionales han sido clave del éxito en otras industrias para conseguir llevar esos proyectos a buen término.

Decretada ya de nuevo otra fecha del fin del mundo, homóloga al septiembre solar de 2008, embalados como estamos en conseguir tener los proyectos a tiempo, no estamos incorporando la experiencia acumulada en las carreras anteriores. Y corremos el riesgo de volvernos a encontrar en el punto de partida, de cuando empezamos con las renovables, hace ya 20 años en el caso de la eólica, lo malo es que ahora no tenemos el “doping” legal  de la prima.

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