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Rosario Heras Celemín, presidenta de la Real Sociedad Española de Física
“La arquitectura bioclimática es la arquitectura de la complejidad” <

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Tuvo claro que lo suyo era la física desde los catorce años, cuando bajó al laboratorio de su escuela por primera vez. Tuvo una madre que quería un hijo médico, así que, cuando llegó a estudiar a Madrid y aún no había elegido carrera, quiso asistir a una operación para ver si podía darle una alegría a su madre… pero “decidí –sonríe– que aquello no era lo mío y que a mí me gustaban más los aparatos”.

Entrevista publicada en el número 86 de Energías Renovables en papel (febrero de 2010). Autor: Antonio Barrero

Fue alumna en la facultad –Físicas– hasta el 75, profesora allí mismo a partir del 76 y estudiosa siempre desde entonces de cierta fuente de energía limpia, que ese mismo año entraría en el grupo de Energía Solar que a la sazón creó otro pionero del sol: “el catedrático don José Doria Rico”. Rosario Heras Celemín (Zamora, 1950), que ha vivido en primera persona la historia toda de la solar térmica española, acaba de ser nombrada presidenta de la Real Sociedad Española de Física –es la primera mujer que ocupa ese cargo en los 103 años de historia de esa institución–, y se define hoy como físico experimental “dedicada a la energía solar desde mi más tierna infancia”.

En 1976 el profesor Doria ficha a una estudiante recién licenciada, que empieza a trabajar como profesora no numeraria (PNN)… ahí empieza todo, ¿no?
Sí, don José Doria Rico me ofreció en 1976 un contrato de PNN. En aquel momento Doria había empezado a crear el grupo de Energía Solar en la Facultad de Físicas. Así que yo llevo trabajando en esto desde 1976. O sea, que puedo decir que soy físico experimental dedicado a energía solar casi desde mi más tierna infancia.

¿Y qué se hacía en España entonces en energía solar?
Pues empezamos a ver la bibliografía, qué se estaba haciendo por el mundo... Yo empecé a trabajar en los recubrimientos selectivos de los captadores solares. Analizábamos aquellas partes en las que los físicos podíamos investigar. Y una de ellas era la chapa negra. Yo leí mi tesina en junio del 77: diseñamos un experimento que consistía en medir la temperatura de cuatro recubrimientos distintos, los instalamos en la azotea de la facultad, medimos y comparamos. Luego, mi tesis doctoral se convertiría, en 1981, en la primera tesis que se leyó en España sobre estudios fototérmicos: para realizarla analicé sesenta recubrimientos selectivos, de los cuales funcionaban más o menos bien tres.

Y diez años después, llegas al Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (Ciemat).
Sí, en diciembre de 1985 salió una plaza en el Ciemat para ocupar el puesto de jefe de la sección de Arquitectura Bioclimática y Baja Temperatura. La plaza la pedimos 34 personas y por currículum la gané. Desde entonces, siempre he estado vinculada a la bioclimática.

O sea, que en el Ciemat ha habido arquitectura bioclimática desde el 86.
Sí, desde el año 85, que es cuando se crea, dentro del Ciemat, el Instituto de Energías Renovables, que dirigía don Luis Crespo.

Bien, otra vez, desde el principio. ¿Qué se hacía entonces en el Ciemat?
Pues cuando yo llegué, en el 86, empezamos a ver qué se hacía en España en materia de edificios a los que ahora llamamos eficientes energéticamente. Además, como España acababa de entrar en la Comunidad Económica Europea y la CEE tenía entonces muchos proyectos sobre Solar Energy in Building, casi mi primer trabajo fue el ir representando a España en los programas de Solar Energy in Building, ver qué se hacía en Europa y, a continuación, venir aquí e intentar movilizar a la gente que trabajaba en esto.

Y aquí estábamos aún en África, supongo.
No, no, no… A ver, en España, en 1982, el entonces Ministerio de Obras Públicas había sacado un programa que se llamaba Viviendas Experimentales para el Aprovechamiento de la Energía Solar Pasiva en los Edificios. ¡En 1982! Pero, bueno, te cuento: cuando empiezo en el Ciemat, lo primero que se me pide, aparte de viajar por Europa, es que me ponga en contacto con el Ministerio de Obras Públicas para hacer un primer trabajo de modificación de la norma básica de edificación de condiciones térmicas del año 79, la que ha sido sustituida por el Código Técnico de la Edificación [CTE] en 2006. Así que me pongo en contacto con la persona que lleva esto en el ministerio, Javier Serra María-Tomé. Él estaba desde el 82 metido en el tema, o sea, que lleva en esto más tiempo que yo. El caso es que, en la primera conversación que mantengo con Serra, él va y me dice: “bueno, Charo, y qué vais a hacer con Alpera, Pedrajas de San Esteban, Aguilar de Campoo, Torquemada...”. Y yo le digo: “pero, ¿de qué me estás hablando?”. Serra me estaba hablando del programa de Viviendas Experimentales que te comentaba, un programa en el marco del cual se había constituido un grupo de trabajo y se habían diseñado y construido –en Alpera, Pedrajas, Aguilar…– una serie de edificios, viviendas, concretamente. Así que Serra me cuenta el tema, me da la información de ese plan de viviendas –viviendas experimentales del año 1982–, yo empiezo a verlo todo, y, como a mí lo que me gustaba era medir, con termómetros y sensores, me digo: “¿y por qué no medimos cómo se comportan esas viviendas?”. Así que empezamos a poner sensores. Y de ahí viene el programa de monitorización del Ciemat, que empieza en el año 86 y continúa hoy. Vamos, que seremos el grupo de investigación de España que más datos tiene de comportamiento real de edificios.

O sea, que no estábamos en África.
Es cierto que íbamos un poco por detrás de Europa. Pero también es cierto que en el Ciemat empezamos a trabajar muy pronto en todo. Por ejemplo, promovimos la elaboración de un manual de diseño bioclimático, el CLA (Clima, Lugar y Arquitectura), que se presentó en el 89 y fue muy novedoso. También promovimos un método de simulación, que se llamó S3Pas, Simulación de Sistemas Solares Pasivos. Además, como decía, desde el principio monitorizamos edificios y empezamos, también muy pronto, a organizar reuniones que llamábamos Jornadas de Arquitectura Bioclimática. Ahí es donde se empezó a acuñar la expresión “arquitectura bioclimática”.

¿Y eso en qué consiste?
En adaptar el edificio al clima. En medir los cinco parámetros meteorológicos: velocidad, dirección de viento, temperatura, humedad relativa y radiación solar. Pues eso, en medir y, una vez tengo mis medidas, eliges la envolvente: los muros y las ventanas.

¿Y eso es muy caro?
Tú puedes adaptar el edificio al clima con algo muy caro o con algo muy barato. Mira, los físicos experimentales, en edificación, lo que hacemos son balances. Tienes que hacer un balance económico y energético. Cuando el arquitecto te coge el material, un componente, el que sea, ese material, ese componente, desde el punto de vista físico, tiene unas características de conducción, convección y radiación, que son unos parámetros físicos que puedes hallar en unos materiales más convencionales o más high tech. Y yo, que llevo más de veinte años buscando un edificio que demande muy poca energía y oferte mucho confort, lo que siempre digo es que no hay recetas, no hay chuletas. La arquitectura bioclimática, en España, es la arquitectura de la complejidad. Porque el edificio se diseña y se construye una vez. Pero, a lo largo del año, las condiciones exteriores son muchas y muy distintas. El diseñar un edificio energéticamente eficiente, en España, es bastante más complicado que en el norte de Europa. Yo comparo los diseños eficientes energéticamente a los trajes a medida. Tú puedes ir a comprar un traje a un centro comercial o puedes ir a un modisto que te toma tus medidas.

Y las escuelas en España están formando arquitectos que solo hacen trajes en serie.
Es cierto que, en el 86, en muy pocas escuelas se hablaba del parámetro de energía, que es un parámetro físico, como parámetro a considerar en el diseño de un edificio. Ahora mismo, ya se tiene una cierta preocupación por el tema. Pero, claro, los arquitectos que estudiaron antes, el tema de la física…

O sea, que no tenemos un colectivo de arquitectos capacitado para hacer trajes a medida…
Ahora estamos empezando. Pero es cierto que todavía hay mucho arquitecto que tiene que ponerse al tanto.

Bien, dices que ahora estamos empezando, pero lo cierto es que, hasta ayer mismo, se construyó mucho, mucho, mucho. ¿Cómo está el parque? El inmobiliario, quiero decir.
Todo el parque que tenemos está mal construido energéticamente. Con la salvedad de casos muy, muy concretos, lo cierto es que, por lo general, el tema energético no se ha tenido en cuenta. Así que ahora hay que rehabilitar todo lo que tenemos. Por eso hay que empezar a formar a los técnicos, para que sepan cómo se puede rehabilitar energéticamente.

¿Y quién tiene la culpa de ese desastre?
La responsabilidad es del arquitecto, y del ingeniero, y del constructor, y del usuario. Si es que el usuario cree que en invierno tiene que tener 25ºC en casa. Es para decirle: “pero, oiga, si es que así está usted fuera de niveles de confort”. Y, encima, con el agravante de que la energía que derrochamos la traemos de fuera, de Argelia, o de otros países, el gas natural…

Vamos mal, entonces…
Yo soy optimista. El CTE, por ejemplo, ya exige captadores solares para producir agua caliente sanitaria [ACS]. Sin embargo, no exige que esos captadores den además apoyo a calefacción en invierno y tampoco exige que ese ACS, en verano, sea el foco calorífico de las máquinas de absorción que producen aire acondicionado. ¿Qué hay que hacer? Adaptar el edificio al clima, para empezar, aprender de cómo se construía antes, que encalaban las viviendas en el sur, por ejemplo, para reflejar la radiación solar y reducir así la temperatura en el interior, en fin, aprender de la arquitectura popular, digo, de la arquitectura vernácula, que es la base de la arquitectura bioclimática, y aprovecharnos de que estamos en el siglo XXI, y tenemos agua caliente solar (ACS que ahora estamos tirando en verano y que deberíamos aprovechar para producir con ella aire acondicionado), y aprovecharnos de que tenemos más capacidad de cálculo y aprovechar que tenemos métodos de simulación con los que podemos predecir cuál va a ser el comportamiento del edificio antes de construirlo.

¿Y cuánto se puede ahorrar así?
Solo con el diseño es posible ahorrar un 50, un 60% de energía. Y yo doy estos datos a partir de la experiencia que tenemos en monitorización.

A partir de los datos recabados durante un cuarto de siglo, desde 1986.
Si, a partir de los datos recopilados durante 24 años. Datos que hemos recabado tras medir viviendas, edificios educativos, oficinas. Si en España se diseña bien, y el arquitecto adapta el edificio al clima mediante métodos de simulación, con técnicas naturales de acondicionamiento, y mejora los materiales de la envolvente, se pueden conseguir ahorros del 60%. Luego, la ingeniería tiene que incorporar las instalaciones a ese edificio. Si las instalaciones son además solares térmicas, pues ahí estaríamos hablando de otro 20, 30%.

Ya, pero hay quien dice que las soluciones que propone la arquitectura bioclimática solo son posibles cuando el edificio está orientado correctamente. Y, probablemente, para empezar, eso no ocurre con cientos de miles de viviendas españolas.
Pues yo digo que por qué no. Yo digo que, aun con mala orientación, la arquitectura bioclimática puede proponer soluciones que ahorran más energía que las soluciones de rehabilitación que propone la arquitectura convencional. Mira, nosotros hemos evaluado viviendas de San Cristóbal de los Ángeles [Madrid] que han sido rehabilitadas y en las que, después de medir “antes” y “después”, hemos registrado ahorros del 60%. ¿Sobrecoste? Un 15% por encima de lo que habría costado una rehabilitación convencional.

Rosario Heras es jefa de la Unidad de Eficiencia Energética en la Edificación del Ciemat y coordinadora del Proyecto Singular Estratégico Arfrisol (Arquitectura Bioclimática y Frío Solar), un proyecto que pretende demostrar que es posible ahorrar hasta un 90% de energía si el diseño arquitectónico es bioclimático y las soluciones de provisión energética, renovables (biomasa, solar térmica). ¿Cómo está el asunto?
Pues ya hemos construido los edificios, los laboratorios. Ahora lo que hace falta es empezar a comparar la curva de simulación con la curva de monitorización. De momento, los primeros datos son positivos.

¿Cuánto de más han costado esos edificios? Más, quiero decir, en relación a lo que habría costado su construcción si no fuesen bioclimáticos.
En Arfrisol, en la parte de construcción, de obra civil como tal, estamos en un 4-5-6% de sobrecoste. En instalaciones es donde nos pasamos un poco más, porque estamos con un proyecto de I+D y trabajamos con prototipos. En todo caso, estaríamos en un 15-17% en total de sobrecoste. Lo que pasa es que no quiero dar valores hasta que no tengamos todos los datos y, hasta 2012, no tendremos esos datos experimentales para poder comprobar que lo que decíamos en simulación era de verdad y que los datos sobre el coste también se están cumpliendo.

¿Qué me puedes decir del Centro de Ahorro y Eficiencia Energética?
En la XXIV Cumbre Hispano-Lusa, que tuvo lugar en Zamora en enero del año pasado, el presidente del gobierno se comprometió a crear en aquella ciudad un centro especializado en eficiencia y gestión energética. No sé si sabes que en Zamora está la Escuela Politécnica Superior, que depende de la Universidad de Salamanca, y que allí ya llevan ocho o nueve años impartiendo un Título Propio de la Universidad de Salamanca sobre Energías Renovables y Eficiencia Energética. El caso es que el compromiso de Presidencia del Gobierno es crear en Zamora un centro mixto Ciemat-Universidad de Salamanca. Ahora mismo estamos iniciando los estudios de viabilidad del centro, que trabajaría la eficiencia energética en edificios, en industria, en agricultura y, además, el tema formativo.

 

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