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Manuel Romero, director de la División de Energías Renovables de Ciemat
“En renovables, España juega en primera división”

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Entrevista publicada en el número 43 de Energías Renovables en papel, de diciembre de 2005. Autora: Lucía Nodal Manuel Romero, doctor en Químicas, tiene un verbo vivo, curtido en mil conferencias, y una visión clara del panorama investigador en renovables. Lamenta mucho que España sólo invierta en ellas unos 18 millones de euros al año –“una cantidad bastante pequeña para la importancia que realmente tiene el sector”– y confía en que cubran el 50% de la demanda energética a mediados del presente siglo.

– ¿Cómo ve las renovables en España?
Hay cierta ambivalencia. Por un lado, podemos sacar pecho, porque nuestro compromiso y nuestro grado de desarrollo se pone como ejemplo en muchos foros internacionales. Yo soy testigo de ello y me enorgullece. Pero, por otro lado, estamos todavía muy lejos de cumplir los compromisos y alcanzar los objetivos inmediatos del Plan de Energías Renovables (PER).

– Hay quien dice que son objetivos muy ambiciosos, y hay quien opina justo lo contrario. ¿Qué cree usted?
Son ambiciosos desde el punto de vista de ejecución, pero también hay que aspirar a más. En todos los foros de sostenibilidad se piensa que las renovables pueden llegar a cubrir el 50% de la demanda energética, y ahora nos planteamos llegar al 12% en 2010. Este objetivo, que puede conseguirse, ya es un desafío por sí mismo porque falta un recorrido importante por hacer que exige mucho esfuerzo.

– Entonces, ¿las renovables no podrán cubrir todas las necesidades energéticas?
La totalidad, a la vista de los análisis prospectivos de este siglo, no creo que sea posible. Lo lógico es que las renovables sustituyan plantas obsoletas y contaminantes, de carbón ahora y de gas en el futuro, y que, sobre todo, copen la nueva implantación. La Agencia Internacional de la Energía y la ONU piensan que hacia 2050 pueden cubrir el 50% de la demanda.

– La I+D es uno de los talones de Aquiles de España ¿también lo es en renovables?
Invertimos muy poco. Y no sólo nosotros. Se invirtió en I+D en energía en general a finales de los 70 e inicios de los 80 mucho más del doble de lo que se invierte ahora. Hoy las renovables reciben escasamente entre un 8% y un 10% del total del dinero que se dedica a I+D en energía en los países desarrollados y, por extensión, también en España.

– ¿Y a dónde va el grueso de la I+D en energía?
Más del 50% se destina a la energía nuclear. La nuclear, desde el punto de vista exclusivo de la economía, abstraído de aspectos medioambientales o de otro tipo, tiene componentes similares al de muchas renovables: combustible barato, pero elevada inversión inicial. Y sin subvenciones, difícilmente podría un inversor hacer una planta nuclear.

– O sea, que la expansión de las renovables está huérfana de inversión en I+D.
Existe la percepción, sobre todo con los programas del cambio climático, de que hay una mayor inversión en renovables, pero realmente el despegue se está sustentando mucho más en las políticas de tarifas y en sus esquemas de premiado, que en el dinero público dedicado a I+D.

– ¿Y la inversión privada compensa la falta de inversión pública?
La privada no llega ni al 20% de la pública. La I+D la hace el Estado solo o con empresas que participan en proyectos financiados mediante convocatorias públicas. Lo ideal es que se combinen mejor lo público y lo privado, pero no es así. En España no está compensado el desarrollo y el volumen del negocio de algunas renovables y la inversión en I+D; el caso más claro es la eólica.

– ¿Ocurre lo mismo fuera de España?
En Japón, con un fuerte desarrollo de la fotovoltaica, sí hay una apuesta muy clara de empresas como Sharp o Kyocera. En Europa, en cambio, y excluyendo a Alemania, casi toda la financiación sale de los Programas Marco de la Unión Europea, y éstos no aumentan. Desde hace tiempo se viene dedicando unos 100 millones de euros al año a I+D en renovables, y con tendencia descendente. Corrían rumores de que el próximo Programa Marco, el séptimo, cambiaría las cosas, pero no va a ser así. Y teniendo en cuenta que va a durar siete años...

– ¿Qué cantidad destina España a I+D en renovables?
Hay vaivenes, pero no supera los 17 ó 18 millones de euros en total. Creo que es una cantidad bastante pequeña para la importancia que realmente tiene el sector. La política de tarifas es el motor real de las renovables.

– Hablando de tarifas, últimamente se dice que con las primas los eólicos se están forrando, y se habla de recortarlas. ¿Qué opina?
No sé de donde vienen esas críticas. Como crecemos casi al 40% anual y se instalan unos 2.000 MW anuales, ha surgido la percepción de que hay un gran negocio detrás y de que la prima es excesiva. Pero la inversión, muy alta, no retorna a corto plazo. Además, la eólica es muy dependiente de los emplazamientos, y aunque los haya muy rentables, en muchos otros el recurso no es el esperado. Pienso que ahora mismo proponer un recorte de la prima carece de sentido: si decimos que necesitamos mecanismos para llegar al 12%, no es lógico paralizar las que tienen un desarrollo más acelerado.

– ¿En qué fuente renovable se invierte más en España?
Aquí y en toda Europa, EE UU y Japón, la fotovoltaica. Es la que tiene una mayor diferencia entre lo que se invierte en I+D y el impacto que tiene en cuanto a producción real a gran escala. La fotovoltaica tiene unas connotaciones propias, puesto que es la más tecnológica de todas las renovables, con una mayor sofisticación, y atrae una inversión más costosa. No obstante, resulta un poco extraño que otras, como la biomasa, no estén a la misma altura.

– La biomasa lleva un gran retraso. ¿Cree que podrán cumplirse los objetivos que le otorga el PER?
Han bajado un poco respecto a los anteriores objetivos. Iba a ser, junto con la eólica, una de las grandes contribuciones, pero han surgido dificultades importantes. Ahora se buscan vías para impulsarla, porque es necesaria, y se quieren potenciar los cultivos energéticos. Desde Ciemat estamos coordinando un proyecto de demostración de ámbito nacional que aglutina a varias comunidades autónomas, a promotores, a agricultores y a otros agentes, desde recolectoras hasta fabricantes de motores, de modo que se cubre toda la cadena del ciclo energético...

– ¿Y la PAC? ¿Tendremos biomasa sin subvenciones a los cultivos energéticos?
Es uno de los grandes problemas, evidentemente, porque es muy difícil convencer a los agricultores para que siembren kilovatios si les resultan más fáciles otras opciones. El proyecto al que me refería, precisamente, tiene ese componente divulgador que tanto se necesita para que los agricultores conozcan los cultivos energéticos. Casi toda la biomasa actual se basa en residuos de diverso origen y éstos son muy limitados. Hay que abrir otras vías... Ahora también se quiere potenciarla con la co-combustión.

– ¿Qué opina de ella?
Me parece una solución temporal, coyuntural. Abre un hueco, un nicho, pero no es sostenible. Viene bien para compensar problemas de emisiones; las noticias que tengo son que el precio de la tonelada de CO2 empieza a ser oneroso para algunas plantas de carbón, hasta dos céntimos de euro por kilovatio hora en pagos de derechos de emisión, lo que les genera problemas de competitividad. En este caso, la co-combustión beneficia a la planta y beneficia a la biomasa. A corto plazo es interesante, pero poco más.

– Los biocarburantes también dependen del éxito de los cultivos energéticos, pero tienen otros problemas, como su mala prensa entre los fabricantes de vehículos. ¿Están justificados sus recelos?
El etanol, sea biológico o no, es corrosivo, ávido de agua..., y tiene unas características que obligan a prever un envejecimiento prematuro de los motores en ciertas situaciones. El biodiésel, por su parte, es más viscoso que el diésel y también puede afectar al funcionamiento de los motores, aunque en menor medida. Los fabricantes plantean que la durabilidad de los motores no puede ser la misma que con los refinados de petróleo.

– Las petroleras también se muestran reticentes con el bioetanol, y no tanto con el biodiésel.
Sí, porque importamos diésel y exportamos gasolina. Y creo que aquí esta la clave de las críticas hacia el bioetanol. El biodiésel, que requiere menos desarrollo tecnológico que el bioetanol, es más caro que éste, pero tiene un gran recorrido en función del parque de vehículos y de su tendencia hacia el diésel.

– Cambiemos de tecnología: la eólica tiene encima de la mesa su penetración en el sistema eléctrico.
La industria y REE están colaborando en ello. Y es de los pocos casos en los que REE está implicándose porque el problema empieza a ser importante. Hasta donde yo sé, hay que reforzar la red. Y no sólo la eólica se tiene que adaptar a ella; también va siendo hora de que la red se adapte a la eólica. Hay que preparar la red para la generación distribuida.

– ¿Y cómo ve los parques en el mar?
Creo que no hay una visión clara en España. Hay cierto potencial; aunque hace un par de años se decía que no, ahora se habla de 3.000 MW. Desde Ciemat somos partidarios de explotar la producción en tierra; creemos que no hay necesidad a corto plazo de adentrarse en el mar, como ha ocurrido en otros países, como Dinamarca, donde ya no había emplazamientos en tierra de calidad. Además, hay problemas tecnológicos que se están minimizando, como la durabilidad en un entorno tan hostil, la viabilidad económica sin ayudas específicas o el mero tamaño de los aerogeneradores.

– Cada vez son más grandes.
Sí, hay un gigantismo en el que no confiamos. Creemos que el tamaño va a seguir en torno al megavatio, o el megavatio y medio. Máquinas mayores pueden tener sentido en aplicaciones marinas, pero en tierra empiezan a no compensar los problemas de obra civil. Eso sí, en eólica uno aventura y luego va tan rápido que nunca se acierta.

– La minihidráulica es la más madura y la más eficiente. ¿Hacia dónde va la I+D o hacia dónde puede ir?
Pues me ha pillado. En Ciemat la consideramos madura y hace ya muchos años que no trabajamos con ella. Personalmente, creo que la cosa debe ir por la búsqueda de adaptar los proyectos a su entorno y minimizar el impacto ambiental.
El PER quiere fomentar el uso del biogás para tratar residuos ganaderos, pero las empresas que mayoritariamente se dedican a ello sostienen que la digestión anaerobia no es apropiada para el proceso.
No conozco a fondo el asunto. No tenemos líneas de investigación con digestión anaerobia; yo he trabajado con ella, pero sobre productos azucarados. Habría que ver si esa aplicación tiene sentido económica y técnicamente, porque cualquier biogás es un gas pobre, con baja concentración de metano y otros componentes que plantean problemas en los motores. Aunque los destinados a producir electricidad pueden trabajar con ellos.

– ¿Se impondrán las células fotovoltaicas no basadas en silicio?
El silicio seguirá siendo el dominante en los próximos 20 ó 30 años. Hace décadas ya había predicciones sobre células no basadas en silicio que auguraban que aproximadamente hoy coparían el 30% del mercado, y a la vista está que no es así. Con 10, 15 ó 20 años vista habrá otros materiales que tendrán cierto porcentaje de sustitución, pero el silicio seguirá imperando; eso sí, se tenderá a su aprovechamiento en capa fina, que consigue buenos rendimientos y un importante ahorro de material.

– Ciemat tiene varias investigaciones en curso sobre fotovoltaica. ¿Cuál destaca?
Estamos trabajando, sobre todo, en células CIS, especialmente para la producción de elementos flexibles, que tienen un potencial enorme. Tenemos varios proyectos orientados a cubrir áreas de gran tamaño, que permitan adaptaciones para la edificación. Los materiales distintos al silicio también tienen aquí su puerta de entrada, en la adaptación a soluciones arquitectónicas: a la pizarra, a determinado tipo de tejas, a dispositivos de 30 centímetros...

– ¿El Código Técnico de Edificación (CTE) va a suponer realmente el despegue que se augura para la solar térmica?
Sí. En fotovoltaica no estoy tan seguro, pero todo hace suponer que para la térmica sí. Particularmente, si me dan a escoger entre tarifa y obligación, creo que la tarifa tendrá más efecto que la obligación. Sin ir más lejos, la fotovoltaica, con la política de tarifas que tiene...

– ...Hay polémica ahí, por los tramos, la pillería...
Exactamente. Hasta cierto punto, se está sacando la fotovoltaica de su entorno y se está desatendiendo su utilización natural, el tejado fotovoltaico, la instalación aislada, por la inmediatez del ingreso de la tarifa. No hay necesidad de eso con un crecimiento anual del 40%. Sin embrago, la solar térmica sí necesita apoyo, y espero que el CTE le dé un buen empujón. Me preocupa que no estemos preparados para el despegue que se espera; tendría que haber un tejido industrial nacional que responda, porque, de otro modo, estamos abocados a sufrir una invasión desde China, que tiene más de un tercio de la producción mundial.

– ¿Y la solar termoeléctrica?
He trabajado muchos años en ella y la conozco muy bien. Está en una situación totalmente nueva con el Real Decreto 436/04 y se están promoviendo proyectos que, sumados, superan el objetivo de 500 MW del PER. Tecnológicamente están siendo un poco conservadores, pero hay que tener en cuenta que son las primeras plantas comerciales de su especie. Nosotros ya estamos trabajando en tecnologías de segunda generación.

– ¿Algo más a añadir?
Volvería a la primera pregunta. Después de este repaso diría que las renovables están dispares. Las propias renovables son un matrimonio de conveniencia unido por lo medioambiental y lo renovable, pero que tecnológicamente son muy diferentes. En cualquier caso, la situación en España es envidiable; tenemos que mirar lo que hemos hecho hasta ahora y lo que hay en los países de nuestro entorno. La gente debe saber que, en renovables, España juega en primera división.

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