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Francisco Ramírez, una vida ligada a la fotovoltaica
"“La regulación FV ha dejado huecos entre renglones como para que algunos hayan querido reescribir la historia"

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Bastaron dos mensajes colgados en la sección de “Opinan los lectores” de nuestra web para darnos cuenta de que al otro lado había alguien al que le iría bien el título que Andrés Calamaro puso a uno de sus discos: “Honestidad Brutal”. Y por seguir con músicos argentinos, qué razón tenía Carlos Gardel cuando cantaba “que veinte años no es nada” porque Francisco Ramírez se ha pasado 30 años ligado a la fotovoltaica hasta convertirse en uno de los directores técnicos más cualificados.Entrevista publicada en el número 79 de Energías Renovables en papel (junio de 2009). Autor: Luis Merino En estos 30 años ha trabajado con dos de los grandes, Atersa e Isofotón, y ha recorrido medio mundo (Mozambique, Níger, Cuba, Brasil…) con paneles bajo el brazo. Hasta el año pasado, un año difícil. Y no tanto por el cortocircuito laboral –ahora es un desempleado de los que jamás deberían existir en esa economía sostenible de la que habla Zapatero– sino por Sacra, su mujer, que lleva meses peleando contra un cáncer, “de momento parece que ganando”.

– ¿Cómo empezó en esto de la energía solar fotovoltaica?

En 1979 yo era un joven proyectista que trabajaba en el sector de la refrigeración industrial. Siempre me había atraído la idea del aprovechamiento de la energía solar pero desconocía métodos y sistemas, hasta que ese año cayeron en mis manos unos catálogos de módulos fotovoltaicos americanos importados por una empresa que se llamaba Elecsol y que acabaría convirtiéndose en Atersa, donde he trabajado más de 20 años. En menos de cuatro años hicimos 400 instalaciones en entornos rurales, un panel de 33 vatios con su regulador, una batería de 100 amperios y tres luces. Eso para un pastor extremeño, por ejemplo, era pasar del siglo XIX a finales del XX. ¿Quién me iba a decir, cuando en los 80 nos pateábamos cortijos y masías, o cuando “saltábamos” de isla en isla electrificando los faros de navegación –los de las islas Cíes en Galicia, isla de Lobos en Canarias, o Santa Clara en San Sebastián, son algunos ejemplos– que la fotovoltaica llegaría a tener este grado de desarrollo? Porque en aquella época era considerada casi más un juego que una actividad industrial.

– ¿Está satisfecho por haber dedicado su vida profesional a la energía solar o se arrepiente de algo?

Lo mío con la energía solar fue puro enamoramiento. Ya con los años, y perdida la pasión de los primeros tiempos, lo que me queda es un profundo reconocimiento de la gran valía, por muchos ignorada, de los sistemas fotovoltaicos. A menudo me vienen a la memoria imágenes de gente en África o Latinoamérica que tienen la suerte de disponer de energía solar, para iluminarles en la noche, para bombear agua hasta sus fuentes y, en definitiva, para hacerles la vida un poco más fácil. No me arrepiento de nada, ni siquiera de mis errores que, como es lógico, han sido muchos en tantos años pero que también han sido la base de mi conocimiento en esta actividad. Vamos, que volvería a repetir paso a paso mi carrera profesional.

– ¿Si tuviera la capacidad de cambiar la historia de la energía solar en España qué cambiaría?

Sin lugar a dudas el Real Decreto 436 de 2004, en el que se establecían 100 kW como potencia máxima para cada titular. Creo que esa ley debía haber marcado que la asociación de plantas sobre suelo no podía rebasar una determinada potencia, por ejemplo 5 MW. Que la distancia a la población más próxima no podía superar unos metros, por ejemplo 2.000. Y que la distancia entre plantas tendría que rebasar un mínimo, por ejemplo 200 metros.

– En estos años, ¿cuál cree que puede haber sido el mayor acierto y el mayor desatino en el devenir de la fotovoltaica?

Considero un gran acierto los esfuerzos en formación. La cantidad de máster, cursos y planes de formación que, unidos al gran número de ingenieros y técnicos que hemos trabajado en el sector, han dejado establecido un estándar de actuación, instalación y puesta en marcha prácticamente perfectos.
En cuanto al mayor desatino, sin ningún género de dudas, ha sido el dejar repartidas por los campos españoles una inmensidad de plantas fotovoltaicas de gran potencia –20, 30, 40 MW– que lejos de ser una solución no sirven para aportar ninguna de las ventajas propias de las renovables, porque la energía generada en ellas ha de ser transportada a muchos kilómetros con las consiguientes pérdidas energéticas por transformaciones, transporte, más transformaciones y más transporte. Pérdidas que el mix eléctrico español tiene cuantificadas en el entorno del 50%. La fotovoltaica no puede asumir esto. Con lo fácil que resulta pensar en generar electricidad cerca de donde se consume. Hasta en el entorno de la Cibeles se podría instalar mucha potencia fotovoltaica. En cambio no podrías montar nunca un aerogenerador. Por eso suelo decir que la fotovoltaica y la generación distribuida son familia.

– Zapatero habla de energías renovables constantemente como ejemplo del modelo de desarrollo por el que debería apostar nuestro país. Pero el sector dice a menudo que las medidas del Gobierno van por caminos distintos a las palabras del presidente. ¿Usted qué cree?

A los hechos me remito. Yo dirigí en 2007 las instalaciones solares que se realizaron en el Palacio de la Moncloa. En su inauguración el presidente Zapatero se deshizo en elogios a la energía solar, que definió como “el sistema energético a utilizar desde ya”. Lástima que a la hora de poner en práctica las reglas del juego el Ministerio de Industria no sea tan claro y proactivo.

– ¿Qué piensa de las medidas legislativas que fomentan la implantación de las renovables? ¿Son las adecuadas? ¿Percibe lagunas?

Ante todo creo que lo que falta es sinceridad. Si desde el año 2004 la potencia instalada ha ido creciendo de forma exponencial, superando las previsiones del Gobierno y, por tanto, las cantidades económicas a satisfacer en forma de prima y durante 25 años, se dice y se buscan soluciones. Aunque la mejor solución habría sido la puesta en marcha de un Plan Nacional para la Energía Solar Fotovoltaica, con todos los actores involucrados y comprometidos. Puede que se hubiera tardado un año en pactar las reglas del juego, pero el resultado se disfrutaría durante años. Y el ejemplo a seguir no estaba tan lejos, se llama Alemania.

– El último año de la solar fotovoltaica no ha podido ser más convulso. Tras un crecimiento extraordinario ahora se vive un parón de obligado cumplimiento. ¿Era inevitable? ¿Quién ha fallado? ¿Por qué?

El crecimiento ha sido desordenado. Todos hemos oído expresiones como burbuja fotovoltaica, especulación y trama fotovoltaica. Por los datos de la potencia instalada, que pillaron con el paso cambiado al Gobierno y sus previsiones, el parón estaba cantado. Pero creo que tenemos lo que nos merecemos. Esto lo hemos provocado nosotros. El Gobierno ha ido siempre un paso por detrás. Pero es que la regulación ha dejado huecos entre los renglones como para que algunos hayan querido reescribir la historia. La llegada del 1578/2008 fue un ejemplo claro. El decreto decía que el 29 de septiembre las instalaciones deberían estar inyectando a la red, pero no que deberían estar también totalmente acabadas. Algunas empresas han entendido que no hace falta tener todo el parque acabado. Con que esté inyectando algo ya es suficiente. La eléctrica dice: para mi cumple. La consejería de la comunidad autónoma dice: a mi me dice la eléctrica que sí, pues yo también que sí.
El inició del boom de la fotovoltaica coincidió con la caída del ladrillo y esos promotores que estaban acostumbrados, en combinación con los bancos, a mover grandes fortunas pusieron los ojos en la energía solar. ¿Qué rendimientos dice que tiene esto? Del 8, 9, 10, 12%. Pues para no tener ningún negocio a la vista, allá que me meto. Y así tenemos casos como el de Castilla-La Mancha llena de macroplantas que son propiedad de la banca extranjera y de fondos de inversión internacionales. Luego ha habido mucho amiguismo. Cuando se vendían los puntos de conexión a un euro el vatio. Ahora se vende la concesión del cupo a 0,4 euros/vatio. A veces me da la impresión de que seguimos siendo el país de Rinconete y Cortadillo o del Lazarillo de Tormes. Si a día de hoy viviera Cervantes seguro que hablaba de huertos solares en sus obras.

– ¿Cómo analizaría el papel de las empresas españolas del sector: tecnólogos, promotores, ingenierías, instaladores…?

Cada uno ha hecho lo que ha podido. Cierto es que el sector industrial fotovoltaico, para defenderse y dejarse oír, puso en marcha hace años la Asociación de la Industria Fotovoltaica (ASIF). Pero con el tiempo no todo era industria en ese colectivo. Ahora hay muchos instaladores, comercializadores de producto extranjero, etc, y eso se ha dejado sentir.

–¿España ha hecho esfuerzos en I+D+i o se ha dejado llevar?
Conozco el caso de varias empresas que durante años han invertido muchísimo dinero en I+D+¡. Pero contra el precio de la mano de obra asiática no hay investigación, ni desarrollo ni innovación que valga.

– Muchos lectores de Energías Renovables nos preguntan qué deben hacer, qué tienen que estudiar para dedicarse profesionalmente a las renovables. ¿Qué les recomendaría?
Primero formación, después vendrá la experiencia. Hay muchas disciplinas válidas en este sector. Por supuesto la ingeniería, los profesionales de la electricidad, la informática, la domótica… pero también contabilidad, compras, comerciales y un largo etcétera. Porque todos son necesarios.

– ¿Dónde ve la energía solar en los próximos años? ¿Qué papel cree que jugará en el futuro? ¿Cómo ve la evolución tecnológica de la fotovoltaica?
Creo que sin el aprovechamiento de la energía solar no hay futuro. Desde luego no será la única forma de energía a utilizar, lo más inteligente será emplear todas las disponibles, en mayor medida las no contaminantes, y después las demás, como apoyo puntual. La fotovoltaica tiene que evolucionar, como cualquier otro sector. De la misma forma que ha evolucionado, por ejemplo, el automóvil o los electrodomésticos. Nada tiene que ver un vehículo de 1950 con uno de nuestros días y, sin embargo siguen teniendo cuatro ruedas para moverse. Así, el silicio cristalino podrá pasar a mejor vida y las capas delgadas y otros inventos serán sustituidos por nuevos desarrollos más eficientes, que con menores costes sean capaces de transformar más energía del sol en energía eléctrica. Y no es demagogia. En momentos de crisis, imaginación y, sobre todo, optimismo.
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