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Miguel Blanco, secretario general de COAG

“El oligopolio eléctrico roba gracias a las leyes que los gobiernos ponen a su servicio”

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Lleva 38 años dedicado a la apicultura. Prácticamente los mismos que afiliado a la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos de España (COAG). De la que es secretario general desde marzo de 2012. Sorprende la claridad con la que Miguel Blanco (Perilla de Castro, Zamora. 1958) llama a las cosas por su nombre mientras argumenta los motivos por los que el entorno rural está del lado de las renovables.
“El oligopolio eléctrico roba gracias a las leyes que los gobiernos ponen a su servicio”

– “Quienes roban con las leyes son unos ladrones”, dijo el 21 de junio en la manifestación en defensa de las renovables convocada por Anpier. ¿En quién pensaba?
Pensaba en quienes se están aprovechando de las leyes para especular con los ciudadanos. Pensaba, como piensa esta organización y el conjunto del sector, en el oligopolio eléctrico de este país. Prácticamente en cinco grandes empresas se localiza todo el control eléctrico de este país, que ha prosperado gracias a unas leyes hechas ad hoc por el gobierno. No solo el actual, porque la dependencia política de estos oligopolios alcanza a otros gobiernos que, desde la transición, han puesto las leyes a su servicio. Estos oligopolios roban gracias a las leyes que se hacen para que puedan especular y aprovecharse de los ciudadanos, de los consumidores. ¿Es legal? Claro, es legal. Pero desde luego es ilegítimo. Es un robo manifiesto. Y es una auténtica vergüenza tanto desde el punto de vista político como desde el punto de vista empresarial.

Nosotros sí creemos en la libre competencia, pero no hay libre competencia en el sector eléctrico. Y somos los primeros que lo podemos decir. Se liberalizan las tarifas eléctricas desde el 2008. Se supone que el mercado iba a favorecer unos precios competitivos para los agricultores y ganaderos. Y resulta que desde entonces se ha disparado en un 48% los costes de la energía eléctrica para el conjunto del sector agrario. Y si hablamos del regadío, un 100%. Es absolutamente inaceptable que, tanto este gobierno como el anterior, no hayan sido capaces de poner al servicio de los agricultores, de los regantes un contrato de temporada, por ejemplo para el riego, y tengamos que estar pagando un término de potencia carísimo durante doce meses cuando solo regamos cinco o seis meses. El resto del año lo estamos pagando sin tener consumo alguno. Eso es un verdadero atropello. Y es lo que denunciamos cuando decimos que las leyes están al servicio de ese oligopolio.

– ¿Por qué COAG se manifiesta en defensa de las renovables?
Como organización social nos preocupan no solo las cuestiones relativas a la producción agraria y alimentaria, que es nuestro interés más directo e inmediato, sino todo aquello que conforma nuestro ámbito de actuación, que nos puede influir. Por ejemplo, el sector energético, en el que también podemos ser productores. Apostamos por la sostenibilidad ambiental, social y económica. Y también energética. Entendemos que las renovables son sostenibles. Otras no. Y apostamos por ellas porque pueden favorecer la lucha contra el cambio climático. Porque no tienen emisiones de CO2 o son mucho más limitadas. Porque nos permiten no tener una dependencia energética tan extrema de mercados exteriores.

Porque, además, hay unos costes añadidos por compra de derechos de carbono que podemos contribuir a evitar. Y por otra cuestión muy importante: la localización productiva. Las renovables tienen muchas más posibilidades de localizarse, de producirse aquí, cerca de donde se consume.

Por tanto, una producción local, dimensionada a nivel social, ligada por tanto a las explotaciones agrícola y ganaderas, sea de forma individualizada, en cooperativa o vinculadas a una comunidad que puede ser un pueblo o una comunidad de pueblos que buscan una producción más o menos autónoma de energía, como sucede en otros países del norte o centro de Europa.

Nosotros vemos más factible instalar en nuestras explotaciones agrícolas o ganaderas placas fotovoltaicas o eólica de pequeña y mediana potencia que la dependencia del gasóleo o de electricidad convencional que nos está saliendo muy cara. Esa autonomía es la que vamos buscando en las renovables.

– ¿Qué podría aprender el sector de la energía del sector agrícola y ganadero?
El campo es sensible a las renovables. De una manera pragmática por lo que nos cuesta la energía. Porque el gasóleo se ha disparado y tiene unos costes elevadísimos. Y la electricidad también. Pero también por la sensibilidad que tenemos con el medio ambiente y con los problemas derivados del cambio climático. Con renovables nuestras producciones son más sostenibles. Localizamos, no deslocalizamos. Tenemos una dimensión de carácter social, no un oligopolio con una posición de dominio, defendemos un modelo en lo agrario, en lo alimentario y en lo energético. Y para las tres cosas es clave la proximidad.

La globalización tiene aspectos positivos pero otros son muy negativos, por ejemplo la inversión especulativa en los mercados agrarios y alimentarios, que ve la alimentación no como un derecho sino como un recurso de inversión. Da igual si vienen manzanas de Chile aquí, y de aquí se mandan manzanas a Chile, con lo que significa de costes de transporte y ambientales. Pero no importa si en eso hay un negocio. A nosotros sí nos importa porque cerca del 40% de las emisiones de CO2 se producen por las transferencias de mercados de productos alimentarios. Por eso apostamos por mercados de proximidad.

¿Quiere decir esto que no tienen que haber empresas y centrales eléctricas fuertes que centralicen una parte estratégica de la energía. Claro, tiene que haberlas, ¿por qué no? Sirven para garantizar el suministro eléctrico. Pero al mismo tiempo tiene que descentralizarse, que se produzca de forma localizada en una dimensión diferente, en manos de la población y no de los monopolios. Para eso hacen falta unas leyes que hoy no existen.

Es más, con la última regulación del sector energético justamente se ha dado una vuelta de tuerca para impedirlo. Hoy es más difícil que antes tener una pequeña planta de biogás en tu explotación de porcino para poder transformar los purines y evitar contaminación por nitratos al tiempo que produces electricidad y gas. Es más difícil tener unos paneles fotovoltaicas o tener un aerogenerador para producir tu propia energía. Porque te penalizan. Aunque solo utilices esa energía para consumo propio. Te penalizan porque lo que quieren es concentrar en esas pocas manos toda la producción y toda la distribución. Esta es la política que se está haciendo, que viene ya de atrás y que se ha agravado todavía más en los últimos años.

– ¿El campo está con las renovables? ¿Hay muchos agricultores que recolecten sol y viento en nuestro país? ¿Qué porcentaje de los afectados por las medidas retroactivas del gobierno –esas 60.000 familias de las que se habla habitualmente– pueden ser agricultores y ganaderos?
Nosotros calculamos que en torno a 25.000 familias tienen inversiones en la fotovoltaica que sufre las medidas retroactivas. Pero quienes utilizan otras tecnologías fotovoltaicas (autoconsumo), pequeña eólica, biogás, etc, pueden llegar a los 100.000. Apostábamos por los bien llamados huertos solares, por pequeñas inversiones, más que nada para complementar pensiones en el futuro, que son muy pequeñas en el sector agrario. Pero, claro, la deriva ha sido otra. Se han instalado grandes plantas solares con inversores foráneos, fondos de inversión que se han hecho con el control de una parte de las renovables.

En referencia a los agricultores que recolectan sol y viento tengo que decir que todos los agricultores y ganaderos lo hacemos. Porque transformamos el sol, el viento y el agua en alimentos. Y si nos dejan, también lo recolectamos para producir energía.  

– El campo también está pendiente del devenir de la bioenergía.
Sí. En los últimos años ha habido también una orientación hacia los cultivos energéticos para la producción de agrocombustibles, tanto agroetanol como agrodiésel. Es un poco controvertido pero está ahí. Porque cuando los cereales, por ejemplo, bajan de precio, hay expectativas en el sector porque se derive una parte de la producción hacia los agrocombustibles. Es así. Es verdad que nos preocupa que producciones alimentarias como el maíz, el trigo, el girasol u otras oleaginosas se destinen a combustibles porque lo primero debe de ser la alimentación.

Confiamos, en todo caso, en los agrocombustibles de segunda generación, con plantas lignocelulósicas que no sean productos alimenticios y que además permitan aprovechar las tierras de menor calidad. Y es bueno que la investigación avance en este sentido. Nos preocupa que, según la Agencia Europea de Medio Ambiente, los agrocombustibles podrían alcanzar 142 millones de toneladas equivalentes de petróleo en 2030, cuando en 2003 eran solo dos millones. Porque eso tendría que hacerse a costa del 12% de la tierra cultivable.

– En Alemania hay muchas explotaciones agropecuarias que cuentan con su propio aerogenerador. ¿Por qué cree que en España no es así?
Todo depende de la orientación política que se quiere dar al sector energético. En Alemania, en la eólica y en la fotovoltaica, se apuesta no solo por la gran dimensión sino, paralelamente, por la pequeña dimensión. Localizada, sostenible, de servicio individual a granjas, a entidades públicas, municipales, comarcales… Pero porque las políticas se orientan en ese sentido. Aquí que somos tan dependientes como Alemania del petróleo y del gas, hubo un tiempo en el que parecía que la política despuntaría por esos mismos derroteros. Más la fotovoltaica y la biomasa que la eólica, que desde el primer momento se limitó a grandes inversores.

Nos está pasando con el modelo alimentario y el modelo de producción. En Alemania y Francia, a pesar de que son países industrializados, se está apostando por un modelo agrario y alimentario más sostenible, más equilibrado y menos dependiente del exterior. Aquí, en cambio, se está eliminando buena parte del modelo social de agricultura y estamos cayendo en dependencia exterior en leche, en azúcar, en determinados sectores cárnicos. Esto no tiene sentido. Esas dependencias son suicidas. Y desde el punto de vista energético también.

– En su discurso en la manifestación del 21 de junio también dijo que “el campo apuesta por las renovables porque también apostamos por luchar contra el cambio climático, que ya estamos sufriendo”.
A veces se piensa que la lucha contra el cambio climático es más propia de los ecologistas. A ver, nosotros estamos en la naturaleza, gestionamos naturaleza, somos agricultores y ganaderos, producimos alimentos. Y como dependemos del clima cualquier variación o cambio nos afecta directamente. Y nos afecta negativamente.

– ¿La gente del campo habla del cambio climático?
Sí. No sabemos exactamente de qué factores depende. No sabemos si una sequía concreta, o la falta de lluvias que afecta a los cultivos y a los acuíferos, son consecuencia directa del cambio climático pero sí nos damos cuenta, en general, de que hay un cambio que afecta negativamente a nuestras producciones. Ya no nieva como nevaba, que es un reservorio de agua extraordinario para la primavera. Las sequías son cada vez más prolongadas. Hay problemas de heladas más allá de las temporadas habituales, tenemos un problema muy serio con los adelantos de las floraciones, con lo que eso significa.

– Usted es apicultor, así que este tema lo conocerá de primera mano.
Yo soy apicultor desde hace 38 años. Tengo una explotación apícola en Zamora, en la Sierra de la Culebra. En la apicultura tenemos un problema muy serio porque dependemos de la flor, la parte más sensible de la vegetación. Y estamos notando que se está reduciendo la producción porque hay un cambio claro de comportamiento de las especies vegetales nectaríferas. Además, estamos preocupados porque se están perdiendo insectos polinizadores en general. Y sobre todo abejas.

La abeja es un marcador muy claro en la naturaleza, es muy sensible a los cambios. Pero más allá de la preocupación profesional, el declive de las abejas es un problema muy serio para la naturaleza. Dos terceras partes de los cultivos destinados a la alimentación requieren de la polinización. Y fundamentalmente de la polinización cruzada que hacen las abejas. El 80% de las especies silvestres dependen también de la polinización. Por tanto estamos hablando del medio ambiente en general.

Por eso COAG ha intentado propiciar con algunas comunidades autónomas y con el Ministerio declarar la abeja como bien inmaterial de la humanidad. Para prestarla más atenciones. Esto no solo lo pensamos una serie de personas que podemos ser más sensible. Es una cuestión de debate entre los agricultores y ganaderos, porque lo estamos viendo. Y es la propia gente del campo la que nos dice “tenemos este problema”.  

– ¿Cree que el mundo rural pasará factura al gobierno en las próximas elecciones por sus ataques a las renovables?
COAG es una organización profesional. Independiente desde el punto de vista político. Pero hay una creciente indignación en el campo. Los indignados no estuvieron solo en el 15–M y en las ciudades. No. La indignación es creciente en el medio rural. No hay más que ver su comportamiento en las últimas elecciones europeas. El campo ha contribuido al vuelco electoral. Pero es evidente que estas políticas nefastas en materia energética no son exclusivas del gobierno actual, también de los anteriores, a pesar de ser de partidos e ideologías diferentes. Por tanto hay una responsabilidad compartida entre los dos grandes grupos políticos que han sido relativamente castigados en las últimas elecciones.

La indignación que se deriva del robo manifiesto que implican las medidas retroactivas que comentábamos antes, ya se ha manifestado en el voto en las últimas elecciones. Y no cabe la menor duda de que se va a manifestar en las siguientes. Ahora, desde esta organización no orientamos el voto porque no es nuestro cometido. Aunque tenemos todo el derecho a criticar las políticas agrarias, alimentarias, energéticas, porque nos afectan. Y las criticamos. De este gobierno y del anterior, que dejó que una opción de inversión social en renovables se convirtió justamente en todo lo contrario, en grandes inversores, en fondos de inversión, otra vez las eléctricas detrás. Y por tanto pervirtió el planteamiento inicial.

– ¿Cómo le suena el fracking?
Estamos en contra del fracking por los riesgos de contaminación del subsuelo y del agua que conlleva. Y porque creemos que esta tecnología puede traer muchos problemas a medio y largo plazo.

– La Sierra de la Culebra donde tiene sus colmenas es zona lobera. ¿Es difícil entenderse con el lobo?
Puesto que somos una organización con una sensibilidad especial respecto al medio ambiente tenemos un conflicto importante con algunas especies silvestres, y muy en particular con el lobo. Nosotros querríamos que fuera compatible la ganadería extensiva con la existencia del lobo. Pero para eso la población de lobo tiene que estar regulada, de modo que no ejerza una presión insostenible sobre esa ganadería.

Y eso es lo que no entienden algunas personas preocupantemente fundamentalistas al respecto. Nosotros muchas veces decimos que si los lobos en lugar de comer ovejas o terneros comiesen nóminas, ya no habría lobos. Y no nos queremos meter con los que tienen nóminas. Lo que estamos diciendo es que es muy fácil hablar de los lobos desde la nómina entera a final de mes cuando lo que comen son ovejas. Para los lobos, lo más fácil de cazar no es el jabalí, ni el corzo, ni el ciervo. Es la oveja o el ternero.

Y se nos dice: pongan protección. Los lobos están entrando en la zona de la Sierra de la Culebra incluso a los pueblos. Y están atacando naves en los propios pueblos. Si ya todo el mundo tiene sus mastines. Y en ganadería extensiva se pastorea. Pero evidentemente, el lobo también sabe cómo hacerlo para llevarse todos los días su parte.

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