Belém, la puerta de la Amazonía, se prepara para recibir a líderes, científicos, activistas y comunidades indígenas en una cita que podría marcar el rumbo de la acción climática global. Y es que la COP30 llega envuelta en un clima de urgencia: el año 2024 rompió el umbral simbólico y físico de los 1,5 grados de calentamiento global, la línea roja que el Acuerdo de París intentó mantener para evitar los peores impactos del cambio climático antropogénico.
No es solo un dato estadístico; es una advertencia planetaria. En ese contexto, la organización ecologista Greenpeace llega a Brasil con la exigencia de que los países asuman su responsabilidad y actúen con la contundencia que el momento demanda. "La COP30 llega en el ecuador de la década decisiva frente a la emergencia climática", afirma Eva Saldaña, directora ejecutiva de Greenpeace España. "Nos encontramos en un ecosistema único e imprescindible, la Amazonía, amenazada por la deforestación. Millones de vidas están en juego".
Cumbre a las puertas de la Amazonía
La elección de Belém no es casual. En pleno corazón amazónico, la COP se celebra sobre el escenario natural más simbólico de la crisis: un territorio que está al borde de un punto de no retorno ecológico. Allí confluirán activistas de todo el mundo y movimientos indígenas que reclaman ser escuchados. Greenpeace quiere que esta conferencia marque un antes y un después, con compromisos firmes para poner fin a los combustibles fósiles y detener la destrucción de los bosques.
El contexto político añade tensión. La reciente resolución de la Corte Internacional de Justicia advierte que la expansión de los combustibles fósiles podría violar el derecho internacional y los derechos humanos. Esa sentencia, que reafirma el objetivo de 1,5 grados, será el espejo en el que se mida el éxito o fracaso de esta COP.
Para Greenpeace, el éxito pasa también por una redistribución justa de la carga económica. "Los países del norte global deben asumir su responsabilidad histórica y económica", reclama Pedro Zorrilla Miras, responsable de la campaña de Cambio Climático y delegado de Greenpeace en la cumbre. "Necesitamos nuevos impuestos a la industria fósil y a las grandes fortunas, para financiar una transición energética justa con las personas y el planeta".
Demandas concretas
En su agenda, la organización plantea tres demandas concretas: un plan global para cerrar la brecha de ambición climática, un nuevo Plan de Acción por los Bosques de cinco años y un compromiso estable de financiación internacional bajo el principio de quien contamina paga.
Mientras el mundo observa, la Amazonía se convierte en símbolo y terreno de juego de la diplomacia climática. En Belém, bajo la sombra de los manglares y con el rumor de los ríos que sostienen la vida, la COP30 podría escribir una nueva página de la historia climática… o confirmar el silencio de una oportunidad perdida.
