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El objetivo del PER 2011-2020 en biomasa es de -700 MW

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Si el Plan de Energías Renovables en España (PER) 2005-2010 fijaba como objetivo llegar a 2.039 MW de potencia y el presente PER 2011-2020 marca 1.350 MW en su borrador, las matemáticas no engañan: la meta es instalar 689 MW menos. Este el panorama que se presenta para la biomasa eléctrica dentro de un PER que, sin embargo, da mayor protagonismo a la térmica.
El objetivo del PER 2011-2020 en biomasa es de -700 MW

Conviene situar primero el estado actual de la biomasa eléctrica antes de hablar de futuro. El PER 2005-2010 establecía un objetivo de capacidad instalada en biomasa eléctrica de 2.039 MW, de los cuales 722 MW correspondían a co-combustión en centrales térmicas de combustibles fósiles. Los últimos datos de marzo de este año, recogidos de la información estadística sobre las ventas de energía del régimen especial elaborada por la Comisión Nacional de Energía (CNE), muestran que hay 154 plantas con una capacidad total de 705 MW. En cuanto a la producción, el PER 2005-2010 pronosticaba 14.000 GWh anuales (5.000 GWh en co-combustión) y los datos de la CNE reflejan que solo se produjeron 3.125 GWh en 2010.

La situación de partida no es nada boyante, y menos si se compara con los objetivos del antiguo plan. Sin embargo, la meta a alcanzar en el PER 2011-2020, lejos de ser ambiciosa para, al menos, llegar a lo que no se cumplió con el anterior objetivo, se conforma con 817 MW instalados en 2015 y 1.350 MW en 2020. A ellos habría que añadir otros 200 MW procedentes de la fracción orgánica de los residuos sólidos urbanos (FORSU), que en el anterior plan eran ya 189 MW.

Que las ayudas se mantengan si el objetivo se cumple antes de tiempo
Se puede ver la botella medio llena y pensar que la suma de la biomasa sólida más la FORSU suman 1.550 MW y que el PER 2005-2010 fijaba 1.317 MW descontados los 722 MW de la co-combustión. Aún así, son tan poco ambiciosas las metas señaladas que el sector piensa incluso en el día después de su cumplimiento. Manuel García, presidente de la sección de Biomasa de la Asociación de Productores de Energías Renovables (APPA), considera que “el objetivo está por debajo del potencial de esta energía, pero confío en que se pueda revisar si se cumple antes de 2020”.

Además de los objetivos, el borrador del nuevo PER recomienda el impulso y la aprobación de una serie de medidas económicas y legislativas que ayudarían a cumplir con ellos e incluso mejorarlos. En el primer caso se pueden citar el fomento de las repoblaciones forestales energéticas, la mejora del marco económico para aprovechar tanto restos de operaciones forestales y cultivos agrícolas como biomasa procedente de masas forestales a implantar, o cultivos con fines energéticos.

Entre las medidas normativas destacan la creación y regulación de la figura de explotación agraria productora de energías renovables, la elaboración de un programa nacional de desarrollo agroenergético, la implantación de la regulación y normalización de los combustibles de biomasa, establecer planes plurianuales de aprovechamientos forestales o agrícolas con uso energético, el fomento de la valorización de la fracción combustible de los residuos y el establecimiento de objetivos sectorizados de valorización energética para determinados flujos de residuos con contenido total o parcialmente renovable.

Se abre la posibilidad de que la biomasa térmica también reciba prima
Lo que sí es cierto es que la biomasa térmica se abre un hueco importante en el nuevo plan con respecto al anterior. Eso sí, se parte de un escenario también de incumplimiento del PER 2005-2010, que marcaba una subida hasta las 4.070 kilo toneladas equivalentes de petróleo (ktep) y que cuenta ahora con 3.441 ktep. El nuevo objetivo para 2020 es de 4.553 ktep. Sea en eléctrica o en térmica, Manuel García considera que “lo importante en estos momentos para la biomasa y para que se puedan cumplir los objetivos es que se actualice el marco normativo y retributivo que regula esta actividad en el RD 661/07”.

Y algo de caso le hace el nuevo PER, al menos en el apartado térmico, ya que prevé la implantación de una prima asociada al kilovatio hora térmico producido. Textualmente, habla de subvención a proyectos que no reciben apoyo económico del régimen especial y de un sistema de ayudas a la inversión de energías renovables térmicas. Hay también algunas medidas de índole normativo que buscan favorecer claramente a la biomasa térmica, como son la modificación del Código Técnico de la Edificación, el establecimiento de un sistema de certificación y cualificación de instaladores y la inclusión de las renovables térmicas y las redes de calefacción en los sistemas de certificación energética de edificios.

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