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Microalgas: mejoras de un 80% en la captación de luz y de un 14% en la producción

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La pasada semana Iberdrola Ingeniería y Ania Centro Tecnológico dieron algunos detalles más del resultado de su participación en el proyecto Cenit VIDA (Valorización Integral de Algas). En una presentación en la sede de Ainia en Paterna (Valencia) mostraron los fotobiorreactores para el cultivo de microalgas que han patentado dentro de la iniciativa y el sistema de captura del CO2 que les sirve de “alimento”. Gracias a un sistema de intensificadores lumínicos se mejora hasta en un 80% la captación de luz por parte de las microalgas, de las que a su vez se puede incrementar la producción entre un 10 y un 14%.
Microalgas: mejoras de un 80% en la captación de luz y de un 14% en la producción

La generación de energía sigue siendo uno de los muchos destinos previstos para las microalgas. “Aunque hay procesos más lógicos de aprovechamiento industrial de las microalgas, la producción de biocarburantes, vía hidratos de carbono destinados a bioetanol o vía lípidos para biodiésel, es uno de los objetivos que se investigan dentro del Cenit Vida”. Carlos Padilla, director del proyecto dentro de Iberdrola Ingeniería, que ve un uso más directo para farmacia, cosmética, alimentación humana y animal e incluso bioplásticos, da también una pista sobre el ansiado salto industrial: “pueden estar disponibles en el mercado en menos de dos años”.

Para que se cumplan las expectativas de los socios del Cenit VIDA se han diseñado y patentado tres tipos de fotobiorreactores que rentabilizan la producción y reducen los costes, iniciativa que ya avanzaron sus promotores al comienzo del proyecto. Ahora tocaba presentar resultados: “Gracias al desarrollo de unos intensificadores lumínicos se ha incrementado la luz que recibe el cultivo de microalgas en un 80%, ya que así conseguimos llegar más fácilmente a todos los puntos del cultivo”, apunta Elvira Casas, responsable del proyecto en Ainia Centro Tecnológico. El técnico encargado del desarrollo del fotobiorreactor en Ainia, Jorge Bouza, explica que “esa intensidad lumínica no conlleva un mayor consumo de energía, sino un mejor aprovechamiento de la misma”.

Más intensidad lumínica y más eficiente suministro de CO2
La eficiencia en el uso de la luz conlleva también una mayor eficiencia en el cultivo de las microalgas. Según los responsables del proyecto, el incremento de la producción de biomasa algal está entre el 10 y el 14%. A ello contribuye también otro de los elementos que junto a la luz hacen posible el crecimiento de las microalgas: el dióxido de carbono (CO2).

En la planta piloto de fluidos supercríticos instalada en Ainia se desarrolla la captura de CO2. “Atrapamos de forma selectiva el gas para liberarlo de forma controlada y reutilizarlo, convertido en materia prima de alta pureza, entre otros destinos para el cultivo de las microalgas”, explica Casas. Por su parte, Carlos Padilla recuerda que “este sistema (el de captura de CO2) se puede utilizar ya en pequeñas industrias que consumen combustibles fósiles, sin desdeñar que poco a poco se suba de escala y se implante en centrales térmicas de gran emisión de CO2”.

Las investigaciones que lideran Iberdrola Ingeniería y Ainia forman son algunas de las que componen el Cenit Vida, ya que en el mismo participan trece empresas y veinticinco organismos de investigación. Los proyectos Cenit cuentan con el apoyo del Ministerio de Economía y Competitividad a través del Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial (CDTI). El objetivo último del presente proyecto es crear un nuevo concepto de BioCiudad, Autosuficiente y Sostenible (BioCAS), “aplicando al entorno urbano una nueva cultura de aprovechamiento de los recursos naturales, de los residuos y de las sustancias contaminantes”.

 

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Fukushima4ever
La captura del CO2 es otro clavo ardiendo al que se agarran las eléctricas y petroleras. Es una solución final de tubería que en ningún caso podrá resolver el problema de las emisiones de CO2 y que sólo sirve para lavar la sucia imagen de esas compañías multinacionales. Los científicos que trabajan en ello se sienten felices por la oportunidad que representa para ellos, pero la compañía que les financia se siente mucho más feliz de reverdecer su imagen con el chocolate del loro.