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Mientras llegan más biocarburantes avanzados, el convencional de palma debe extremar su sostenibilidad

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Solo el diecinueve por ciento de la producción mundial de aceite de palma está certificado con los estándares más exigentes de sostenibilidad, los del sello Certified Sustainable Palm Oil (CSPO). Un estudio de la Universidad de Bath (Inglaterra) advierte de que, mientras llegan otras alternativas comerciales, hay que extremar la sostenibilidad del cultivo de palma aceitera. Por otro lado, Ecologistas en Acción edita en castellano un informe de Rainforest Foundation Norway que alerta sobre la sustitución del biodiésel de palma por otro que consideran con igual potencial de deforestación, el de soja.
Mientras llegan más biocarburantes avanzados, el convencional de palma debe extremar su sostenibilidad
Porcentaje de la producción mundial de aceite de palma certificada con el sello CSPO

“Los esfuerzos para crear alternativas sintéticas para el aceite de palma llevarán varios años, por lo que la atención inmediata debe centrarse en hacer que el proceso de producción existente sea más sostenible”. Esta es la conclusión principal de un estudio recientemente publicado por investigadores del Centro de Investigación de Bioprocesos Integrados y el Centro de Sostenibilidad y Tecnologías Circulares de la Universidad de Bath, en Inglaterra.

Hace unos días, la Agencia Internacional de la Energía (IEA Bioenergy) publicaba un informe en el que constata que el coste de producción de los biocarburantes avanzados sigue siendo el gran obstáculo para su desarrollo. Sophie Parsons, Chris Chuck y Sofía Raikova, autores del trabajo de la Universidad de Bath, añaden que ninguna de las alternativas existentes es económica o ambientalmente viable a la escala comercial que han llegado, por ejemplo, los biocarburantes derivados del aceite de palma, entre otros muchos productos fabricados con él.

Según Chris Chuck, “el aceite de palma es el cultivo oleaginoso más utilizado, y la expansión en el mercado en las últimas décadas ha llevado a un aumento en las emisiones de gases de efecto invernadero y la pérdida de áreas de biodiversidad de bosques tropicales para la agricultura. Si bien se están tomando medidas para mejorar la sostenibilidad de sus cultivo, no se dan de manera tan efectiva o rápida como debiera”.

Las alternativas: girasol, colza, aceite de coco, manteca de karité, algas y levaduras
El trabajo de Chuck, Parsons y Raikova se refiere a todo tipo de productos derivados del aceite de palma. Las alternativas que manejaron desde una perspectiva técnica, ambiental y económica las agruparon en tres tipos distintos: otros aceites de cultivos ya existentes, aceites tropicales alternativos y aceites microbianos.

Además de los importantes desafíos técnicos y de sostenibilidad que conlleva la sustitución con aceites de cultivo alternativos como el girasol, la colza o exóticos como el aceite de coco y la manteca de karité, Sophie Parsons asegura que “los únicos reemplazos directos viables a gran escala son los aceites unicelulares de algas o levaduras, pero estos requieren un desarrollo significativo adicional antes de ser económicamente viables”.

Solo el 19% tiene el estándar más exigente de sostenibilidad
En el mismo estudio recuerdan algo que expone la propia Roundtable on Sustainable Palm Oil (RSPO): solo el diecinueve por ciento de la producción mundial de aceite de palma (quince millones de toneladas de setenta y cuatro) lleva el sello que certifica una sostenibilidad más efectiva, el Certified Sustainable Palm Oil (CSPO).

Los investigadores llaman a fortalecer y ampliar este esquema, garantizar que las normas locales impidan una mayor expansión de la agricultura en tierras ecológicamente valiosas, el desarrollo e implantación de la certificación en plantaciones y fábricas y una mejor gestión de los residuos en el proceso de producción.

Otro estudio científico de investigadores procedentes de centros de Indonesia, Estados Unidos y Países Bajos presentó a principios de año un modelo con diversos escenarios para hacer que el aceite de palma indonesio sea más sostenible a través de estrategias de intensificación sin deforestación ni utilización de turberas y a través del intercambio de tierras.

Más aceite de palma en 2030, pero menos en los coches
En España, Ecologistas en Acción acaba de presentar la edición en castellano de Biocombustibles: más leña al fuego, “un informe de Rainforest Foundation Norway que detalla, a través de tres escenarios posibles, los impactos ambientales y sociales que podrían provocar el uso de aceite de palma y soja para la fabricación de biocombustibles”.

Uno de esos escenarios, plantea que un aumento de la producción del aceite de palma para 2030 para todo tipo de usos en 61 millones de toneladas (lo que equivale al noventa por ciento de la producción actual) y de soja en 41 millones de toneladas (casi el 75 por ciento de la producción actual), supondría la emisión de 11.500 millones de toneladas de gases de efecto invernadero en los próximos 20 años.

Sin embargo, en lo que concierne a los biocarburantes, en España el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC), aunque plantea en general una subida de su cuota en el transporte hasta 2030, su aportación a este sector bajará de los 2.283 kilo toneladas equivalentes de petróleo (ktep) actuales a los 2.116. Por otro lado, la Comisión Europea (CE) dictó en un acto delegado que desde 2023 hasta 2030 decrezca progresivamente la producción de biocarburantes con aceite de palma.

En España, según la estadística de biocarburantes de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, de 2018 a 2019 ha disminuido de un 55 a un 48 por ciento el porcentaje de aceite de palma presente en el biodiésel que entra en nuestros coches, lo que lo aleja del 72 por ciento que alcanzó en 2016. Eso sí, el presente en el hidrobiodiésel se mantiene en cifras que rozan el cien por cien de las materias primas usadas. Y la soja sigue en torno al treinta por ciento en el biodiésel.

“La sustitución de la palma por la soja no soluciona el problema”
Desde Ecologistas en Acción aseguran que, a pesar de esas políticas tanto de la Unión Europea como de Estados Unidos para evitar los biocombustibles fabricados con aceite de palma debido al alto riesgo de deforestación, “no existe una normativa para evitar el uso de otras materias primas que también tienen una alta tasa de deforestación, como es el caso de la soja”. “La sustitución de la palma por la soja no soluciona el problema”, apostillan.

El informe de Rainforest Foundation Norway añade que “la CE, en su revisión de 2021 del acto delegado sobre biocombustibles, debe disminuir el nivel a partir del cual se establece el umbral de ‘expansión significativa hacia tierras con reservas elevadas de carbono’, pues ya hay suficientes evidencias que demuestran que la expansión de cultivos como la soja provoca deforestación y produce altas emisiones de CO2 por la conversión de pastizales”.

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