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La red de líneas eléctricas podría convertirse en un gran corredor ecológico para la fauna

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La red de líneas de transporte eléctrico tiene un enorme potencial para  convertirse en corredores ecológicos para la pequeña fauna y conectar poblaciones fragmentadas. Para ello, bastaría modificar la base de las torres de alta tensión, según un estudio de la Estación Biológica de Doñana, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

La red de líneas eléctricas podría convertirse en un gran corredor ecológico para la fauna
Esquema de la red de líneas de transporte eléctrico en la UE

El estudio, liderado por Miguel Ferrer, parte de la base de que la respuesta ecológica más común al cambio climático son los cambios en la distribución de especies. Sin embargo, la fragmentación del paisaje compromete sus capacidad de dispersión.  Permitir un mayor movimiento, construyendo entornos conectados que permitan a las especies rastrear los cambios climáticos, es uno de los principales desafíos de la biología de la conservación. 


Para permitir ese mayor movimiento, el equipo investigador estableció refugio y plantó arbustos nativos en la base de los apoyos de las líneas de transporte (100 m2 de superficie), analizando si ello permitía aumentar la riqueza local de las especies. El resultado fue un aumento de la densidad y diversidad de varias especies de invertebrados y pequeños mamíferos, así como el número de aves y especies de aves, aumentando así la biodiversidad.

“Modificar la base de las torres eléctricas facilitaría potencialmente la conexión de poblaciones. Esta idea sería fácilmente aplicable en cualquier red de líneas de transporte en cualquier lugar del mundo, haciendo posible por primera vez construir redes de conectividad a escala continental”, explica Miguel Ferrer.

El estudio, titulado “Transporting Biodiversity Using Transmission Power Lines as Stepping-Stones” y publicado en la revista Diversity, está financiado por Red Eléctrica de España (REE), y cuenta con la participación del Grupo de Ecología Aplicada de la EBD/CSIC (integrado por Miguel Ferrer, Manuela De Lucas y Elena Hinojosa) y la Unidad de Investigación Cooperativa de Pesca y Vida Silvestre de Oregón del Departamento de Pesca y Vida Silvestre, de la Universidad Estatal de Oregón, Corvallis (con Virginia Morandini).


Concepto clave en la biología de la conservación
Según se recoge en la publicación científica, “construir entornos conectados que permitan a las especies seguir el ritmo de cambios en el clima, disminuyendo el riesgo de extinción para muchos de ellos, es la sugerencia más repetida para adaptar nuestras estrategias de conservación”. De acuerdo con Ferrer, “este sistema mejoraría la conectividad, mediante la provisión de una red de hábitat corredores o parches de trampolín que es, hoy en día, un concepto clave en la biología de la conservación y el paisaje”. 


El director de Sostenibilidad de Red Eléctrica, Antonio Calvo, destaca la importancia de este trabajo, “que nos alienta a poner nuestras infraestructuras al servicio de la biodiversidad, lo que colaborará a alcanzar nuestro objetivo 2030 de tener un impacto ambiental positivo en el entorno de nuestras instalaciones”. 


Red internacional de corredores
La transmisión segura de energía eléctrica requiere, actualmente, de un gran número de líneas interconectadas, que facilitan el transporte de la energía desde los puntos de generación a los de consumo. Este conjunto de líneas y subestaciones (nodos de conexión de varias líneas) se compone fundamentalmente de líneas eléctricas aéreas, soportadas por torres de transmisión, lo que genera una enorme red de líneas conectadas que cruzan casi todo el territorio en los países desarrollados. 


“Normalmente, estos apoyos se colocan a una distancia de unos 200-400 metros entre sí y con un base de 10 por 10 m (100 m2) en promedio. Hoy en día, Europa tiene red de transmisión de casi 500.000 kilómetros aproximadamente de líneas aéreas y Estados Unidos alrededor de 254.000 kms, lo que significa 2,5 millones y 1,27 millones de apoyos, respectivamente. Consecuentemente, tenemos una gran superficie bajo las torres que podemos utilizar potencialmente para conectar poblaciones de especies con una capacidad de dispersión limitada en paisajes fragmentados”, concluye Miguel Ferre.

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