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París, a ojos del analista Javier García Breva

La flexibilidad energética y los objetivos del Acuerdo de París

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La flexibilidad energética y los objetivos del Acuerdo de París

Un modelo energético de generación distribuida se conforma mediante la integración de recursos energéticos distribuidos (DER), como el autoconsumo, pequeñas y medianas instalaciones renovables, microrredes, almacenamiento en baja y media tensión, comunidades ciudadanas de energía, recarga de vehículos eléctricos y gestión de la demanda con el control del consumidor. Los DER pueden agruparse a través de agregadores independientes del suministrador, como proveedores de servicios de demanda, para aportar capacidad de energía flexible al sistema eléctrico.

La capacidad flexible agregada y los consumidores activos se convertirán en el primer recurso energético a través del agregador independiente, participando directamente en los mercados y beneficiándose de las ventajas del autoconsumo y de los contadores inteligentes.

La agregación de los DER aumentará la competencia, reducirá la necesidad de potencia en horas punta y asegurará la seguridad de suministro. Con el marco regulatorio adecuado será más fácil la integración masiva de eficiencia energética y renovables en la edificación, el transporte, la industria y la agricultura. La generación distribuida se convierte en alternativa rentable frente a la generación centralizada por sus impactos en la competencia, la seguridad energética, el medio ambiente y la ordenación del territorio.

Las directivas europeas del “paquete de invierno” establecen una regulación favorable al agregador independiente. Es el momento de definir un marco normativo para los DER. La electrificación de la demanda es la clave de la descarbonización y solo será posible a través de la generación distribuida, la interoperabilidad de las aplicaciones inteligentes para la gestión de la demanda y políticas locales para la transición energética.

La flexibilidad energética en el Reglamento (UE) 2018/1999, sobre la gobernanza de la Unión de la Energía y la Acción por el Clima
La energía flexible es la que resulta de ajustar en tiempo real la oferta y demanda de energía en cada centro de consumo para desplazar la demanda a los periodos de mayor generación renovable. Supone la más alta eficiencia al hacer coincidir la generación en el centro de consumo, permite el abaratamiento de los precios y una mayor reducción de emisiones.

El Reglamento sobre la gobernanza determina los contenidos de los planes integrados de energía y clima (PNIEC), para cumplir los compromisos del Acuerdo de París. Establece que habrán de incluirse objetivos nacionales de aumento de la flexibilidad del sistema energético por medio del despliegue de la generación distribuida, gestión de la demanda, almacenamiento, agregación, redes inteligentes, mecanismos de despacho y señales de precio en tiempo real (precios dinámicos). Los PNIEC deberán incluir objetivos para que los recursos distribuidos participen, de forma no discriminatoria, en todos los mercados de la energía a través de la agregación. También incluirán objetivos para garantizar que los consumidores se beneficien de la autogeneración y de los contadores inteligentes.

El PNIEC 2021-2030 que España ha presentado a la Comisión Europea carece de objetivos cuantificados de generación distribuida, de capacidad flexible, de autoconsumo, agregación o gestión de la demanda. Se fija un objetivo de almacenamiento de 6 GW, de los que más de la mitad son de bombeo a gran escala. La Estrategia de Almacenamiento propone un objetivo de 20.000 MW de almacenamiento en 2030 de los que tan solo un 2%, 400 MW, serán distribuidos en baterías detrás del contador (BTM). EEUU prevé más de 400 GW en 2025.

El PNIEC prevé el desarrollo del almacenamiento y la gestión de la demanda a gran escala, pero no como recursos energéticos distribuidos. Confunde la flexibilidad y la gestión de la demanda con la interrumpibilidad y el respaldo de los 27 GW de las centrales de gas fósil, cuando el respaldo más eficiente y barato a las renovables es la generación distribuida y una elevada capacidad de energía flexible, previsión que hoy en España no existe.

La generación distribuida garantiza la seguridad energética
Fiar la seguridad energética de un país a los recursos energéticos centralizados es mantener un modelo energético sin competencia, más caro y deficitario, poco eficiente y contaminante.

El reto más importante no debería ser el objetivo de 59 GW renovables o el 100% del mix con fuentes renovables, sino cómo aproximar la generación al consumo. Para ello habrá que desagregar los objetivos de generación centralizada a gran escala de los objetivos de generación distribuida, aquella que cada consumidor activo puede controlar.

El PNIEC 2021-2030 carece de objetivos de capacidad flexible porque está pensado para un modelo energético centralizado. La prioridad es el objetivo de renovables y no la eficiencia energética, como se observa en la regulación de las subastas. En 2019 tan solo un 7% de los 7.000 MW de nueva potencia renovable fue de autoconsumo.

Sin objetivos de autoconsumo para 2030, ni siquiera en las subastas, puede que esta desproporción aumente en los próximos años por las barreras al almacenamiento distribuido y a la agregación de demanda.

• Es urgente establecer objetivos de generación distribuida para poder desarrollar los DER y crear mercados de capacidad flexible en los que todas las tecnologías de flexibilidad compitan en igualdad de condiciones (subastas) con nuevos actores.
• Es urgente regular la gestión inteligente de la demanda, la carga inteligente de vehículos eléctricos, las funciones de eficiencia energética de los contadores inteligentes y las tarifas inteligentes para facilitar los derechos que las directivas europeas reconocen al consumidor o cliente activo.

Las 3 lecciones del “paquete de invierno”
1 Las grandes instalaciones e infraestructuras energéticas centralizadas a gran escala han dejado de ser el centro del sistema energético.

2 Seguir pensando en inversiones que eleven la sobrecapacidad del sistema es tan irreal e ineficiente como costoso.
El sistema eléctrico y gasista debe dejar de medirse por su capacidad de generar ingresos y hacerlo por el contexto en que operan: la demanda.

3 Las decisiones para aumentar la capacidad de oferta de generación serán erróneas si no tienen en cuenta las que ahora importan más, como las que afectan a la demanda. En la demanda van a influir mucho más los impactos del cambio climático y la autonomía del consumidor que la oferta de energía convencional.

Proteger al consumidor es facilitar que se convierta en consumidor o cliente activo y en el primer recurso energético distribuido, beneficiándose del autoconsumo y los contadores inteligentes. Solo así se alcanzarán mayores cuotas de reducción de emisiones para cumplir el objetivo del Acuerdo de París de un 40% menos de gases de efecto invernadero en 2030.

Este artículo se publicó primero en La Oficina de Javier García Breva

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