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Hacia la descarbonización de España en 2050

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El cumplimiento de los objetivos de descarbonización establecidos para 2030 es relativamente sencillo para España bajo escenarios económicos y políticos diversos. Sin embargo, alcanzar un modelo libre de combustibles fósiles en 2050 plantea numerosos retos tecnológicos, regulatorios, de inversión y de configuración de un mix energético eficiente y sostenible. Lo dicen los expertos del Centro de Investigación Economics for Energy en el informe que han presentado hoy en Madrid sus directores.
Hacia la descarbonización de España en 2050

Entre esos retos a los que han aludido Pedro Linares y Xavier Labandeira, los directores de Economics for Energy (EfE), destacan dos: alcanzar soluciones que hagan viable la electrificación –y su alimentación con fuentes renovables en lugar de fósiles–; y lograr el suministro necesario de energía térmica para la industria al margen del carbón, el petróleo y el gas.

De acuerdo con ambos expertos, La decisión sobre el grado de descarbonización deseable de la economía española –dentro de lo que permiten los acuerdos internacionales– implica decisiones que la sociedad en su conjunto (administraciones públicas, empresas y consumidores) debe valorar de manera informada, para así lograr una transición energética que permita responder a retos tan evidentes y urgentes como el cambio climático.



Con el fin de contribuir a este proceso, en el informe se detallan las consecuencias económicas, ambientales y tecnológicas que implicarían para el sector energético español cuatro escenarios de evolución diferentes: descarbonización, mantenimiento de las políticas energéticas actuales, avance tecnológico acelerado y estancamiento económico a largo plazo.

Electricidad, la gran protagonista
La descarbonización en el horizonte de 2050 implica que para entonces los combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas) habrán de desaparecer del mix energético español. En su lugar, la electricidad con origen en fuentes renovables sería la protagonista absoluta del nuevo mix. Lo cual implica un incremento significativo de la demanda de electricidad, que ha de resolverse al margen de los combustibles fósiles.



Excepto en el escenario en el que la reducción de emisiones es menos ambiciosa, la generación de electricidad se descarboniza totalmente en 2050 gracias a las energías renovables (eólica y solar, fundamentalmente). Esto implica retos importantes relacionados con la necesidad de acoplar la generación variable a la demanda (y viceversa) mediante sistemas de almacenamiento a gran escala o con el respaldo de otras fuentes libres de emisiones de CO2.

En el caso concreto de la industria y del transporte pesado, lograr un alto grado de descarbonización conlleva necesariamente desarrollar nuevas tecnologías o abaratar las existentes para proporcionar energía térmica de alta temperatura a la industria y combustibles para el transporte pesado libres de emisiones. Sea como sea, el petróleo desaparece de la matriz energética en casi todos los escenarios para 2050.

En términos generales, hay que tomar decisiones de inversión a largo plazo capaces de garantizar que las alternativas para acelerar la transición hacia una economía descarbonizada sean sostenibles en todos los aspectos, sobre todo teniendo en cuenta que el coste de disminución de emisiones de CO2 aumenta exponencialmente conforme se endurece el objetivo de reducción. 



En este contexto, los autores indican que la restricción de emisiones contaminantes en 2030 pivota en gran medida en la instalación de nueva potencia eléctrica alimentada con gas natural, que, en su calidad de combustible fósil, no podría seguir existiendo en el contexto de descarbonización total de 2050. Esto plantea importantes retos relativos tanto a la remuneración de estas nuevas inversiones como al mantenimiento de las existentes, lo que urge una previsión sobre las medidas que permitan corregir o reconducir posibles incoherencias de este tipo.

Además, en todos los supuestos, es fundamental potenciar el ahorro y la eficiencia energética. Estos son aspectos imprescindibles para lograr los objetivos de descarbonización a un coste razonable, por lo que es muy importante la eliminación de barreras a la penetración de las tecnologías eficientes en el mercado, en especial las relativas a la electrificación de los consumos finales.

Los cuatro escenarios posibles
Todos estos retos son comunes, en mayor o menor medida, a los cuatro escenarios contemplados en el informe de Economics for Energy.

Descarbonizacion. El primero de ellos, el de descarbonización, asume que el compromiso de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero es firme tanto por parte de los países de la UE como de otros con más reticencias. El crecimiento económico es sostenido, lo que favorece la financiación del proceso de descarbonización, y las tecnologías de eficiencia energética experimentan un importante impulso. 

El proceso de electrificación es intenso, fundamentalmente en el transporte y el sector terciario. En 2030 la nuclear permanece y el gas protagoniza el mix energético, mientras que en 2050 el protagonismo se desplaza radicalmente a las renovables (eólica y solar), con el gran reto de contar con fuentes capaces de surtir de energía térmica a la industria.

Continuidad de las políticas actuales. En este segundo escenario se asume cierta tibieza por parte de los países en el cumplimiento de los compromisos del Acuerdo de París y falta de presión ciudadana, lo que en España se traduciría en la imposibilidad de alcanzar un modelo descarbonizado en 2050. La menor exigencia en la reducción de emisiones se refleja en un menor grado de electrificación y, aunque aumenta la presencia de las renovables, el petróleo y, en menor medida, el carbón, siguen presentes en el mix energético incluso en 2050.

Avance tecnológico acelerado. En este caso, gracias a la innovación, la economía crece y los costes de la generación de energía renovable se reducen drásticamente. La combinación de estos factores provoca un efecto rebote sobre la demanda, que aumenta significativamente dado que ya no es tan necesario, ni desde el punto de vista del coste ni de las emisiones, ahorrar tanta energía: la demanda de electricidad aumenta en 2050 a más del doble de la actual. 

El problema del gas aparece aquí con especial intensidad, ya que la mayor demanda energética implica contar más con él en 2030 para suplir la limitación de la cantidad instalable de renovables. Es por esto que en 2050 aparece en el mix energético de este escenario la energía nuclear, que desaparecería en caso de que se ampliasen los potenciales de renovables.

Estancamiento económico a largo plazo. Por último, el informe plantea el supuesto de que se produzca un estancamiento económico a largo plazo, acompañado de una menor capacidad de innovación y una mayor desigualdad socioeconómica, germen de un contexto político inestable. 

En este escenario, en 2050 continúa una fuerte dependencia de los combustibles fósiles (el petróleo mantiene un 20% de la cuota) y la contribución de las renovables es muy limitada, aunque la demanda de energía (y, en consecuencia, las emisiones contaminantes) se habrá reducido de forma muy importante a causa de la ralentización económica.

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