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Comparecencia de la ministra Ribera ante la Comisión de Reconstrucción del Congreso de los Diputados

El Gobierno apuesta por la movilidad sostenible, la eficiencia energética y las renovables para salir de la crisis

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La hoja de ruta de la reconstrucción post-Covid es el Plan Nacional de Energía y Clima. Lo dijo ayer la ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Teresa Ribera, durante su comparecencia ante la Comisión de Reconstrucción del Congreso de los Diputados. Ribera ha defendido una agenda para la reconstrucción que esté “marcada por el cumplimiento de los compromisos en la lucha contra el cambio climático" y ha asegurado que “España ya cuenta con un mapa acertado” para abordar esa agenda: el Plan Nacional de Energía y Clima 2021-2030.
El Gobierno apuesta por la movilidad sostenible, la eficiencia energética y las renovables para salir de la crisis

La vicepresidenta cuarta del Gobierno de España y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico compareció ayer ante la Comisión de Reconstrucción del Congreso de los Diputados, ante la que ha instado a que “partidos políticos, empresas, organizaciones y ciudadanía” pongan en marcha un Pacto por la Recuperación Verde y ha destacado una idea-fuerza: para que haya futuro (un “futuro sostenible”, ha dicho) el proceso de reconstrucción de España deberá respetar los “límites ambientales” y colocar a las personas “en el centro”. Esa es una tarea -ha añadido- que deberemos encararla “con máxima responsabilidad y rigor”. Ribera ha recordado que el plan europeo para abordar la recuperación frente al Covid-19 lanza dos “señales inequívocas para propiciar una recuperación verde”: (1) que la agenda de la reconstrucción debe estar marcada por el cumplimiento de los compromisos en la lucha contra el cambio climático y (2) que la reconstrucción de la economía de la UE debe ser abordada a partir del impulso a la digitalización, la modernización industrial y la resiliencia de infraestructuras.

En ese marco de Pacto europeo, la vicepresidenta cuarta ha señalado que “España ya cuenta con un mapa acertado” para abordar esta agenda: el Plan Nacional de Energía y Clima 2021-2030, que establece la trayectoria para la descarbonización para la próxima década e identifica las oportunidades en términos de empleo, inversión y generación de actividad económica ligadas a la transición ecológica; ha aprobado una Estrategia de Economía Circular, que marca la hoja de ruta para abandonar progresivamente el modelo de usar y tirar en favor de un sistema circular que es, además, una fuerza tractora de empleo y nuevos negocios; el proyecto de Ley de Cambio Climático, que se ha enviado a las Cortes para su tramitación parlamentaria; el anteproyecto de la Ley de Residuos y Suelos Contaminados y el Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático, que ya está en fase de consulta pública, y que también marca los diferentes nichos de actividad y generación de empleo, especialmente en el ámbito rural, que abre la necesaria adaptación a un clima cambiante para garantizar que España sea un país seguro y resiliente.

Teresa Ribera, vicepresidenta cuarta del Gobierno: “la transición está en marcha y ya cuenta con referencias importantes para activar una recuperación segura y solidaria. Tenemos una sociedad comprometida, una juventud preparada, un tejido empresarial que está impulsando el desarrollo tecnológico e innovación en proceso, un capital natural excepcional, y también hemos entendido la importancia de incorporar la inclusión social en cualquier plan de recuperación o transformación a través de mecanismos de transición justa”

Lo primero, la movilidad, y la construcción (autoconsumo)
Durante la comparecencia, Ribera ha desgranado el potencial que tiene, para una recuperación inteligente, sectores como el de la movilidad sostenible, que “implica oportunidades para reforzar la innovación y el valor añadido industrial, mejorar la calidad del aire de nuestras ciudades y repensar la movilidad urbana, generando ciudades más habitables"; o el de la construcción: “Tenemos al alcance de la mano mejoras tangibles importantes, como la rehabilitación energética de 600.000 viviendas, el despliegue de instalaciones de autoconsumo y la protección de viviendas vulnerables".

Las renovables, otra de las grandes apuestas
En cuanto al despliegue de energías renovables planificado durante la próxima década, la vicepresidenta cuarta ha destacado que se trata de otra de las grandes apuestas: “Son más competitivas y asequibles, más democráticas y escalables”. En este punto, Ribera ha señalado que el Gobierno trabaja para completar “una regulación estable que traslade confianza, sostenga la demanda y atraiga la inversión privada generando empleo. Podemos reforzar nuestro liderazgo en renovables -ha dicho- y, al tiempo, generar empleo estable y reducir la factura eléctrica para familias y para empresas”.

La vicepresidenta para la Transición Ecológica sostiene que la activación de planes sectoriales en estos tres segmentos –movilidad, rehabilitación y despliegue de energías renovables, fundamentalmente fotovoltaica y eólica- puede ofrecer retorno económico y empleo en el corto plazo. En paralelo, es preciso enfocar esfuerzos en el desarrollo de capacidades en ejes estratégicos de la transición energética: bienes de equipo para renovables, digitalización, almacenamiento de energía, hidrógeno renovable, y eólica marina y energías del mar.

Otro elemento clave a juicio de Ribera será la “introducción de la circularidad” en sectores prioritarios como son la construcción, el agroalimentario, el turismo o el textil.

Recuperación verde y azul
Ribera también se ha referido al potencial que representa la conservación de la biodiversidad y el cuidado de los hábitats. “No solo expresan un compromiso ético con generaciones futuras, también representan una inversión cuya rentabilidad se expresa en términos de resiliencia, de protección de la salud y bienestar de los ciudadanos y de seguridad económica, ya que mitigan los riesgos y costes que supondrían nuevas amenazas”, ha señalado.

Al respecto, ha destacado la potencial contribución de la agricultura sostenible en la recuperación económica: “constituye un vector fundamental de crecimiento en el ámbito rural, contribuyendo además a la lucha contra el cambio climático y contra la despoblación y aportando vertebración territorial. El sector agrícola acaba de demostrar su relevancia estratégica para la resiliencia del sistema”, ha apuntado, antes de referirse a “ejemplos sobrecogedores de explotación” que afectan todavía al país, como es el caso de la situación del Mar Menor.

“La transformación del sistema agroalimentario puede capitalizar ventajas asociadas de la reducción de la huella ambiental y climática: elevar el valor añadido y competitividad del sector y promover la orientación al mercado de las producciones. Es la dinámica positiva que la recién aprobada Estrategia europea “de la huerta a la mesa” busca promover entre las prioridades del Pacto Verde”, ha añadido.

En este apartado, Ribera ha aludido a las posibilidades de generación de empleo, reforzando el tejido social en medio rural, que ofrece la restauración ecológica, la apuesta por las infraestructuras verdes y la aplicación de enfoques que valoricen el mantenimiento del entorno y ofrezcan pagos por servicios ambientales a la población que ejerce la custodia del territorio.

El reto demográfico
La apuesta por una recuperación verde y azul se conecta de forma directa con el aborde del desafío que supone en el reto demográfico, cuestión que “debe asentar un proyecto de país que fomenta como derecho la plena conectividad digital y la movilidad sostenible, impulsa la recuperación turística y comercial y una diversificación económica que atraiga talento, fije población y propicie el cuidado y el uso sostenible de nuestro entorno”.

Aspectos como el turismo sostenible, impulsado por la valorización de espacios emblemáticos con enorme potencial, o una gestión forestal acercada, generan actividad económica, ofrecen empleo en zonas en despoblamiento, y proporcionan recursos que diversifican las fuentes de ingreso.

Para poder aprovechar todo su potencial, otra línea clave de actuación es la adaptación, dado que el cambio climático impacta sobre los ecosistemas y sobre sectores clave de nuestra economía como son el turismo costero, la agricultura o el transporte, además de ámbitos sociales tan críticos como la salud o la vivienda.

El Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático marca las actuaciones e inversiones necesarias para desarrollar herramientas de gestión del riesgo, al tiempo que señala el potencial económico ligado a este ámbito de actuación.

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